Viajeras a La Habana


El secreto de La Habana
Joan de Sagarra
La Vanguardia (Culturas), 26 de marzo de 2008

En un libro soberbio, la historiadora Isabel Segura y la fotógrafa Pilar Aymerich trazan las vivencias de cuatro mujeres del pasado apasionadas, como ellas, de la capital cubana.

"Se es del país, de la ciudad que se ama, la cual no siempre es la que nos vio nacer", escribe el doctor Marañón en su libro Elogio y nostalgia de Toledo. Una de esas ciudades es La Habana. Tengo un montón de amigos y conocidos catalanes y españoles que me lo han confesado. Y no precisamente por el régimen político que allí gobierna. Cuando les pregunto qué es lo que les atrae de ese país, de esa ciudad, las respuestas suele ser vagas, pero en ellas se menciona el clima, la luz, la música, el talante de los cubanos, la belleza de los cuerpos...
Yo no he viajado jamás a La Habana. Y es algo de lo que me arrepiento un día sí y otro también. Y más ahora, que puede que ese paraíso del que me hablan mis amigos que lo conocen, podría, dicen, convertirse en una sucursal de Miami. No voy a La Habana porque descarto el vuelo turístico: me gustaría llegar en barco y residir en la capital cuando menos un mes, no en un hotel, sino en una vieja casa de la vieja Habana y pasearme por sus calles y conversar con su gente, como hago en mi barrio de Barcelona. Tal vez lo haga algún día, si llego a tiempo.
Yo no he viajado jamás a La Habana pero me fascina esta ciudad. Conozco su historia, su literatura, su música, su cocina, sus licores, sus cigarros... En mi casa tengo una pequeña biblioteca cubana donde hace unos días coloqué un ejemplar de Viajeras a La Habana, un precioso libro con texto de Isabel Segura y fotos de Pilar Aymerich que acaba de publicar la editorial Meteora. ¿Quiénes son esas viajeras? Pues nada más y nada menos que la infanta Eulalia de Borbón –la primera representante de la corona española que visitó la isla en tiempos de la colonia, concretamente en el año 1893–; la escritora y traductora Zenobia Camprubí, esposa de Juan Ramón Jiménez; la 'filósofa María Zambrano; y la escritora María Teresa León. La historiadora Isabel Segura traza el recorrido y las vivencias de estas cuatro mujeres por La Habana (gracias a que "todas ellas", como escribe la historiadora, "tuvieron el detalle de dejarnos por escrito algunos fragmentos, algunos de sus itinerarios por la ciudad, en forma de memorias, autobiografías, cartas y ensayos"), y la cámara de Pilar Aymerich recoge una mirada personal y visual de la ciudad a través de las experiencias, sensaciones y visiones de esas cuatro mujeres que visitaron la capital de Cuba en distintos momentos históricos.
Viajeras a La Habana es un libro fruto de una determinada química: tanto la historiadora como la fotógrafa son dos apasionadas de La Habana, la conocen sobradamente; no es la primera vez que Isabel escribe sobre ella y que Pilar Aymerich la fotografía. Y tampoco es el primer libro que publican juntas. Ignoro si La Habana es para Isabel Segura esa ciudad que se ama, de la que habla Marañón, pero arriesgaría a decir que sí. En cuanto a Pilar Aymerich, a la que conozco desde hace muchos años, puedo afirmar que La Habana es esa ciudad.

La patria prenatal
Pero, ¿por qué se ama, se es de esa ciudad que se ama y que no siempre es la que te vio nacer? María Zambrano, una de las mujeres más sensibles e inteligentes que ha dado el pasado siglo en España, tal vez tenga la respuesta. "Yo diría que encontré en Cuba mi patria prenatal", escribe nuestra filósofa. Y añade: "El instante del nacimiento nos sella para siempre, marca nuestro ser y su destino en el mundo. Mas, anterior al nacimiento, ha de haber un estado de puro olvido, de puro estar yacente sin imágenes; escueta realidad carnal con una ley ya formulada; ley la llamaría de las resistencias y apetencias últimas"(...) "Y si la patria del nacimiento nos trae el destino, la ley inmutable de la vida personal, que ha de apurarse sin descanso –todo lo que es norma, vigencia, historia–, la patria prenatal es la poesía viviente, el fundamento poético de la vida, el secreto de nuestro ser terrenal". Ese secreto de María Zambrano era Cuba, La Habana, como ella misma confesó.
Viajeras a La Habana, libro que se alimenta de muchos otros que le precedieron, como Viajeras al Caribe, de Nara Araujo, a quien las autoras rinden homenaje) muestra ese secreto, esa poesía viviente. Raras veces se logra una mayor armonía entre los textos y las imágenes. Este libro es una joya.





Meteora publica un llibre de gran format amb fotos de Pilar Aymerich

Avui, 13 de marzo de 2008

Viajeras a La Habana: Eulalia de Borbón, Zenobia Camprubí, María Zambrano, María Teresa León és un llibre de gran format i edició de luxe publicat per Meteora. El llibre reuneix quatre semblances biogràfiques de quatre dones que van viure a l’Havana segons la visió d’Isabel Segura. Però aquests textos esplèndids estan recolzats en unes fotografies de la mateixa qualitat, si no més, de Pilar Aymerich. Segura és una especialista del tema, com acrediten altres publicacions com ara La Habana para mujeres i 7 passejades per l’Havana (també en col•laboració amb Aymerich). Per la seva banda, Aymerich és una fotògrafa prestigiosa formada a Londres i París, especialitzada en retrats i reportatges. La seva feina li va valer la Creu de Sant Jordi el 2005. Aquest llibre ens mostra una Ciutat mítica a través de quatre itineraris narrats (amb paraula i amb imatges) amb una mirada personal, íntima i panoràmica. Magníficament editat, el llibre deixa empremta, com la ciutat que ens mostra.




Visions de l’Havana
A.A.
El Periódico, 26 de marzo de 2008

“Cuba tenia una pulsació d’angoixa encara que cantés, perquè també es canta de ràbia o de pobresa”, va escriure María Teresa León, dona de Rafael Alberti, una de les quatre espanyoles que Isabel Segura ha triat per fer, gràcies a diaris, cartes i llibres, un retrat visual de la capital cubana a Viajeras a La Habana (Meteora, 25€). Més de 100 fotos de Pilar Aymerich mostren els escenaris que també van deixar empremta en l’escriptora Zenobia Camprubí, que es va exiliar amb el seu marit, Juan Ramón Jiménez; la filòsofa María Zambrano, i la infanta Eulàlia de Borbó, filla d’Isabel II que va visitar Cuba el 1893.




Viajeras a la Habana, una recreación literaria y fotográfica de la capital cubana
Julia López
AmecoPress, 03 de abril de 2008

El nuevo libro de la fotógrafa Pilar Aymerich y de la historiadora Isabel Segura, ‘Viajeras a la Habana’, es un documento en clave histórico-literaria que rememora la presencia y las vivencias en la capital cubana de cuatro ilustres mujeres españolas: la infanta Eulalia de Borbón, María Zambrano, Zenobia Camprubí y María Teresa León. Las bellas fotografías de Aymerich, creadas expresamente para ilustrar el cuidado texto de Segura, lo convierten en un libro-joya, cuya lectura proporciona gran placer.


“Viajeras a La Habana” es una mirada personal, íntima y a la vez panorámica de esta incomparable ciudad a través de les sensaciones y de las experiencias de unas mujeres extraordinarias que vivieron en Cuba momentos cruciales de su vida y de su historia. El texto de Segura reconstruye literariamente y con detalle los itinerarios por los cuales ellas dejaron su huella, plasmada en cartas, diarios, ensayos o memorias.

“La idea del libro proviene de hace muchos años –explica Segura– desde que descubrí unas cartas sobre Cuba, de la infanta Eulalia de Borbón del siglo XIX. Después, me dediqué a buscar textos de otras mujeres y cuando los escogí, empecé a preguntarme cosas y hacer un dialogo con ellos. Pilar y yo decidimos hacer el libro, y viajamos a La Habana a recorrer los lugares de sus vidas reflejadas en sus escritos”.

Una visión de la Habana de diferentes tiempos y sensibilidades, desde el siglo XIX al último tercio del XX, una relación de amor-odio (a veces) con la ciudad en la que algunas de ellas vivieron muchos años. Según Aymerich: “Hay ciudades que te gustan, pero que no te emocionan lo suficiente como para querer volver. Hay otras que con naturalidad las adoptas, como tu segunda ciudad. A ellas como a nosotras, les pasó eso con Cuba. Desde la primera vez que fui, supe que volvería porque deseaba hacerlo”.

El trabajo fotográfico que le propuso Segura, le pareció a esta prestigiosa fotógrafa un reto apasionante. “Ilustrar textos tan buenos, respetar la mirada de las cuatro mujeres y no quedarse en una imagen superficial. En La Habana la luz es muy dura y la verdadera vida se esconde en las sombras. He reflejado el ambiente de la ciudad, los seres humanos son los protagonistas”. Aymerich ha conseguido con sus esplendidas imágenes ilustrar de la manera más sugerente la narración, rememorando los escenarios y las vivencias de estas cuatro grandes mujeres, y además una visión única de La Habana eterna.

Cuatro mujeres protagonistas
“Nos interesaba sobre todo –explica Segura– recuperar las sensaciones que habían tenido cuatro mujeres que habían llegado allí antes que otras. Paseamos, siguiendo su rastro, por los lugares por donde ellas habían paseado. Queríamos ver y adentrarnos en los lugares donde residieron, dieron conferencias o cursos, los espacios que visitaron y amaron, aquellos sitios que inspiraron sus creaciones, ahora ocupados por esa diversa, atractiva y sugerente amalgama de gentes que hoy transita por la ciudad”.

Antes de realizar los dos viajes para realizar el libro, Segura y Aymerich investigaron a fondo entre las personas que podían haber conocido o seguido su huella. “Hablamos con la hija de María Teresa León y Rafael Alberti, porque buscábamos una libreta de anotaciones de su madre que nunca se encontró, pero mucha gente nos explicó muchas cosas”.

“Rememorar la historia de las cuatro fue apasionante –explica Segura– La infanta Eulalia de Borbón fue la primera representante de la corona española que visitó la isla en tiempos en que aún era colonia española, concretamente en el año 1893. En las cartas que escribió a su madre, la reina Isabel II, y en sus Memorias, Eulalia de Borbón nos da una visión en absoluto convencional de su visita oficial a la isla”.

Por otro lado, Zenobia Camprubí, escritora y traductora, que se exilió a Cuba durante la Guerra Civil Española con su marido, Juan Ramón Jiménez. En su ‘Diario 1. Cuba’ (1937-1939) fue anotando, día a día, las experiencias y vivencias de sus tres años de residencia en la isla. La gran filósofa María Zambrano estuvo viviendo durante diferentes periodos en La Habana, entre 1930, 1940 y 1950, y tuvo una destacada participación en el mundo cultural cubano; muestra de ello es, entre otros, ‘La Cuba Secreta y otros ensayos’.

“Y, finalmente –acaba explicando Segura– hemos recuperado la historia bastante desconocida de la escritora María Teresa León, que viajó a La Habana con su marido, Rafael Alberti, a principios de la década de 1930, en plena dictadura de Batista, y regresó, veinticinco años después, en los primeros tiempos de la revolución”. A partir de Memoria de la melancolía’ y la primera parte de su novela ‘Contra viento y marea’, “hemos recreado sus desplazamientos por el espacio urbano de la capital cubana”.

Isabel Segura Soriano es una historiadora, apasionada de Cuba, y tiene referentes culturales y grandes amistades en la isla, a la que ha viajado y sobre la que ha escrito en diferentes ocasiones. Los intereses de esta autora que también ha sido directora literaria, además de la historia, son la literatura y el urbanismo: Sus últimos trabajos han sido recorrido histórico y literario por dos geografías urbanas, que conforman su trayectoria vital: Barcelona y la Habana. Entre sus publicaciones destacamos ‘Guía de las Mujeres de Barcelona’, ‘Memoria de un espacio’ y ‘La Habana para mujeres’. Antes, en el 1999, y también con Aymerich, había publicado en catalán ‘7 paseos por la Habana’ sobre la presencia histórica catalana en la capital cubana.

Pilar Aymerich es una fotógrafa prestigiosa, formada a Londres y París, que se especializó en el retrato y en el reportaje: Ha protagonizado 60 exposiciones, en Barcelona y en otros lugares, como por ejemplo: “1975/1979, memoria de un tiempo”, sobre la transición, y una sobre Cuba: “Cementerios de ultramar”, por la que también realizó varios viajes a la isla y pudo exponer en la misma capital. Ha publicado más de 20 libros, como los dedicados a Montserrat Roig, Maria Aurèlia Capmany, Federica Montseny y Mercè Rodoreda. Precisamente su experiencia en retratos a personajes la convierte en protagonista de una exposición que se inaugurará el 1 de abril en el Museo de Historia de la Ciudad, sobre “Resistentes, la cultura como defensa”.

Segura subraya que este libro se ha podido editar gracias a la disposición de la editorial Meteora, “que se ha atrevido a editar una publicación de riesgo, ha sido cuidadosamente editado y contiene más de 100 fotografías a todo color”, y a la ayuda del Instituto de la Mujer. Aymerich subraya que hay que hacer mención del libro ‘Viajeras al Caribe’, de Nara Araujo. “Libro del que ya oímos hablar en nuestro primer viaje a Cuba y que no pudimos conseguir hasta bastantes años después, en la feria de libros viejos de la plaza de Armas de La Habana. A ellas va nuestro homenaje porque fueron las pioneras, en reflejar las vivencias de las mujeres”.




Viajeras a La Habana
Ángels Balaguer
Para saber, 11 de abril de 2008

Sinopsis: Viajeras a La Habana es una mirada personal, íntima y a la par panorámica, de esta ciudad a través de las sensaciones y experiencias de cuatro extraordinarias mujeres españolas que la visitaron en momentos cruciales de su vida y de la historia de Cuba. El texto de Isabel Segura reconstruye literariamente y con fiel detalle los itinerarios de La Habana por los que la Infanta Eulalia de Borbón, María Zambrano, Zenobia Camprubí y María Teresa León deambularon y que dejaron plasmados en cartas, diarios, ensayos o memorias. Junto a la narración, las imágenes las fotografías de Pilar Aymerich, realizadas de modo expreso para ilustrar el texto de este libro.
Frase destacada: "Queríamos ver y adentrarnos en los lugares don estas mujeres residieron, dieron conferencias o cursos, los espacios que visitaron y amaron, aquellos sitios que inspiraron sus creaciones, ahora ocupados por esa diversa, atractiva y sugerente amalgama de gentes que hoy transita por la ciudad". Viajeras a La Habana.
Comentario: "Si me pierdo, que me busquen en La Habana", dijo Lorca. Muchos son los que han amado las calles de la capital cubana, quienes han sentido la ciudad como propia. Viajeras a La Habana recoge la fascinación que sintieron cuatro mujeres muy diferentes: la Infanta Eulalia de Borbón, que visitó la isla en 1893 y mantuvo una muy interesante y poco convencional correspondencia con su madre la reina Isabel II sobre su visión de la ciudad; Zenobia Camprubí, escritora y traductora, mujer de Juan Ramón Jiménez, que se exilió en Cuba junto al poeta durante la Guerra civil española; la gran filósofa María Zambrano, que realizó varios viajes a La Habana en distintos momentos de su vida y que mantuvo siempre una intensa relación con la isla, y María Teresa León, primera mujer de Rafael Alberti, con quien viajó en los años 30 y, posteriormene, en la década de los sesenta, en plena revolución. Sus libros Memoria de una melancolía y Contra viento y marea dejaron constancia de su personal periplo por las calles de La Habana.




Viajeras a La Habana

El País, 19 de abril de 2008

María Zambrano sopava a la Bodeguita del Medio quan al seu costat s’hi va asseure “un joven de grande aplomo y ¿por qué no decirlo?, de una contenida belleza”. Era José Lezama Lima. “Supe siempre, nos viésemos mucho o poco, que fue un encuentro sin principio ni fin”. Las Viajeras a La Habana, d’Isabel Segura i Pilar Aymerich (autora de les 100 esplèndides fotos del llibre), no són en absolut convencionals, sinó la infanta Eulalia de Borbón (viatja el 1893, quan Cuba és encara colònia, com a representant de la Corona española), Zenobia Camprubí (1936 i 1937 –resideix llavors tres anys–), Zambrano (1936,1949 i 1953) i Maria Teresa León (1934 i 1960). Les mirades i experiències d’aquestes quatre dones ofereixen una perspectiva diferent i molt interessant de la capital cubana i la seva història.




Viajeras a La Habana
Guillem Terribas
Avui, 08 de mayo de 2008

Cuba és una illa que ha propiciat molta literatura, així com també llibres il•lustrats amb fotografies del territori i sobretot de la seva capital, l’Havana.
L’escriptora i editora Isabel Segura, amb la complicitat i col•laboració de la veterana i extraordinària fotògrafa Pilar Aymerich, han anat més allà de fer un llibre-reportatge sobre Cuba il•lustrat amb fotos. Han agafat textos de dones que han escrit les seves impressions i vivències sobre Cuba i s’han passejat durant una llarga temporada pels mateixos llocs que ho van fer escriptores com ara Eulalia de Borbón, Zenobia Camprubí, María Zambrano i María Teresa León. Han fotografiat els indrets i ho
han exposat en aquest esplèndid volum. Segura ha fet un retrat literari de les escriptores i, per la seva banda, Pilar ha fotografiat el paisatge, unes imatges acompanyades amb fragments de textos de les escriptores. El resultat és immillorable i molt recomanable.




Viatgeres
Ignasi Riera
Avui, 04 de junio de 2008

Aquest vespre, a Madrid, on la celebració de la Feria del Libro –des del darrer cap de setmana de maig– genera molts actes paral•lels, tindrà lloc la presentació de Viajeras a La Habana, d'Isabel Segura i Pilar Aymerich. Amb presentadora atípica: la cantant Martirio. I en una llibreria que és sòlida pel que fa al tema de llibres de viatges, com és la Librería De Viaje del carrer Serrano. Si en parlo és perquè les viatgeres són persones destacades del segle d'abans, el més cruel dels segles. O sigui, el XX. Eulalia de Borbón, Zenobia Camprubí, María Zambrano i María Teresa León van ser dones autònomes, destacades per la seva empenta, per la seva intel•ligència, per tot allò que varen viure i escriure. Que alguns s'entestin a considerar-les importants pels marits-companys-proïsmes que van compartir llesques de vida amb elles és, en tot cas, el problema d'aquests alguns. No d'elles.
El llibre, a més, és de dues autores –Isabel Segura i Pilar Aymerich– que redimeixen un país petit del seu segell de país carca, poblat de presumptes herois de via estreta, amb tendència a recordar que sí, que també "hi havia dones notables", sense destacar-ne la centralitat, l'autonomia, l'abast de l'obra feta. Ens honora pertànyer al país de Caterina Albert, d'Aurora Bertrana, de Mercè Rodoreda, d'Anna Murià, de Maria Àngels Anglada, de Maria Aurèlia Capmany, de Montserrat Roig, d'Esther Boix, de Sílvia Munt, de Carme Ruscalleda i de Marta Pessarrodona, per encetar la llista. Si Isabel Segura fa temps que ens explica, per exemple, què són i han estat les revistes de dones, Pilar Aymerich ens ha ensenyat a veure la pàtria com si fos una màtria: amb ulls de dona. I saben tantes coses dels cementiris d'ençà i d'enllà, com dels tòpics que ens fan més ases i que elles, amb saviesa embolcallada d'ironia, saben esbandir.




Cuba: La Habana revisitada
Sara Más
Mujeres, 05 de junio de 2008

Todavía en La Habana no se vende ni se presenta, pero al menos han llegado noticias, por varias vías, del libro Viajeras a La Habana, de las españolas Isabel Segura y Pilar Aymerich, que recrea el paso de cuatro españolas, en diversas épocas, por la capital de la isla caribeña.

Las últimas nuevas las trajo la periodista catalana Tona Gusi, de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género y coordinadora de la red de Cataluña, al Octavo Encuentro Iberoamericano de Género y Comunicación, donde mostró un ejemplar y anunció el deseo de las autoras de poder presentarlo ellas mismas en La Habana.

Con una excelente factura, el libro les sigue el rastro a cuatro mujeres españolas que, por diversos motivos, vivieron, amaron y caminaron por La Habana en disímiles momentos. Junto al relato de sus vidas –que tan bien va tejiendo la escritora Isabel Segura–, se cruzan las imágenes de la ciudad, captadas por el lente de Pilar Aymerich.

El resultado es un viaje renovado por La Habana actual, las vidas de la infanta Eulalia de Borbón y las escritoras Zenobia Camprubí, María Zambrano y María Teresa León, y por los sentimientos, vivencias y sensaciones que vivieron en esta ciudad. Como se afirma en el propio texto, “todas ellas tuvieron el detalle de dejarnos por escrito algunos fragmentos, algunos de sus itinerarios por la ciudad, en forma de memorias, autobiografías, cartas y ensayos”, que sirvieron de guía e inspiración a las autoras.

La infanta fue la primera representante de la corona que visitó la isla en tiempos de la colonia, en 1893, y en sus memorias y las cartas que escribiera a su madre, la reina Isabel II, ofrece “una versión en nada convencional” –según las autoras– de su visita a la isla.

Zenobia Camprubí, escritora y traductora, se exilió a Cuba durante la guerra civil española, con su marido Juan Ramón Jiménez, y residió por tres años en la isla. En tanto, la filósofa María Zambrano entró a La Habana en diversas ocasiones y circunstancias, en las décadas del 30,40 y 50, y mantuvo una destacada participación en el mundo cultural cubano.

Finalmente, el recorrido culmina con María Teresa León, quien viajó a la capital caribeña con su marido, Rafael Alberti, a principios de la década del 30, y volvió 25 años después.

“Queríamos ver y adentrarnos en los lugares donde estas mujeres residieron, dieron conferencias o cursos, los que visitaron y amaron, aquellos sitios que inspiraron sus creaciones, ahora ocupados por esa diversa, atractiva y sugerente amalgama de gentes o que hoy transita por la ciudad”, declaran en el texto Segura y Aymerich.

En este libro están las huellas que aquellas cuatro españolas prodigaron, hace ya muchos años, a la capital cubana. Y también las que La Habana les dejó y que ahora, después de este encuentro, donde Tona nos trajo y mostró un ejemplar, más lectoras esperan con ansias en esta parte del mundo.




Viajeras a La Habana: Eulalia de Borbón, Zenobia Camprubí, María Zambrano, María Teresa León

Revista De Viaje, 04 de junio de 2008

La Habana es escenario de novelas, de relatos de viajes, de aventuras románticas por sus calles maltrechas. Ahora, Viajeras a La Habana rescata la ciudad al paso de mujeres singulares que la visitaron y que dejaron sobre ella impresiones y comentarios. Algo más de cincuenta años separan las experiencias de estas mujeres que contrastan, además, con la voz de la autora y que componen un amplio panorama que mezcla las visiones de entonces y La Habana de hoy.
Viajeras a La Habana es un libro singular por el texto, de Isabel Segura , y por la excelente colección de fotografías que lo acompañan, de Pilar Aymerich.
Martirio, que conoce bien los cantes de ida y vuelta y se ha asomado con ellos a La Habana tantas veces, presentará, junto a las autoras del texto y las fotografías, este nuevo libro en De Viaje.




Viajeras a La Habana
Elvira Altés
Revista Dones Periodistes, 17 de marzo de 2008

El passat 11 de març es va presentar a la Casa del Llibre el treball de la historiadora Isabel Segura i de la fotògrafa Pilar Aymerich. "Un llibre que ve de lluny i que ha fet un llarg recorregut", van dir les autores i l'editora de Viajeras a la Habana, a propòsit de la idea i gestació d'aquest llibre, on imatges i paraules conviuen d'una forma harmònica i suggerent. El llibre aplega els recorreguts per les diferents Havanes (la colonial, la de Batista, la revolucionària), viscudes per les protagonistes de les històries: Eulàlia de Borbón, Zenobia Camprubí, Maria Zambrano i Maria Teresa León, les quals desgranen les seves impressions i vivències de la ciutat caribenya en el moment històric en què hi van viatjar.
Les fotografies de Pilar Aymerich busquen en L’Havana contemporània les ressonàncies d'aquelles emocions i d'aquells paisatges aconseguint un joc de mirades retrospectives i actuals en les quals podem descobrir com en un palimpsest la ciutat antiga, la de sempre i la d'ara mateix.




Viajeras a La Habana: Eulalia de Borbón, Zenobia Camprubí, María Zambrano, María Teresa León
Miguel Briongos
Libros y viajes, 01 de junio de 2008

Viajeras a La Habana no es un libro al uso. Texto y fotografía se acompañan con eficacia singular y el resultado es una combinación espléndida. He de confesar que mi primera aproximación al libro fue con actitud precavida. A veces, los libros de gran formato –éste lo es por el tamaño y la encuadernación aunque el número de páginas, 140, sea mucho más discreto- apuestan más por la estética que por el contenido y el texto, en ocasiones notable, no pasa de ser un acompañamiento menor por aquello de que un libro debe dejar algún espacio a la palabra.

Viajeras a La Habana sorprende por la calidad del texto. O al menos a mí me sorprendió. Y sorprende por el resultado para mí imprevisto que consigue dar relieve a las palabras y mostrar a las mujeres que hablan y de las que se habla, a La Habana de otros tiempos y a la de hoy, a los sentimientos y la vida en un conjunto de apasionante riqueza.

Por Viajeras a La Habana pasa la Cuba colonial a través de la voz y de la persona de la infanta Eulalia de Borbón. Para quienes no conozcan al personaje –y éste era mi caso- es muy posible que el título les predisponga negativamente hacia cuanto pueda contar. De aquí la sorpresa de encontrar a una mujer de carácter sólido y a una escritora valiosa. La infanta habla del viaje a Cuba y de sus sentimientos, pero habla también de política y del convencimiento de que la Corona ha abandonado a los cubanos hasta el punto de que el desafecto de éstos por la metrópolis está lleno de justificación.

Eulalia de Borbón y el resto de mujeres que hablan de La Habana después de haber quedado prendidas por la ciudad, lo hacen en un juego constante con la autora del libro. Isabel Segura administra con maestría la voz de sus invitadas y la suya propia. Las deja hablar, pero habla ella misma. Deja que susciten temas y situaciones que hila a continuación desarrollándolas en el escenario que ellas proponen o trayéndolas al presente. Y así, Viajeras a La Habana no reside sólo en el pasado sino que alcanza el presente y nos habla también de hoy. Desvelar esa Habana que sedujo a quienes a lo largo del tiempo se encontraron con ella permite, con la presencia de la autora, desvelar también la Habana de hoy, sorprendente, añorada y querida.

El libro detiene la mirada en los teatros que fueron objeto de admiración por su opulencia, en el Centro Gallego y el Centro Asturiano como expresión de la sociedad de su momento, en los barrios, en las playas, en la arquitectura… También en la rumba y en la práctica de las religiones.

Pero esta mirada tiene siempre una profundidad que alcanza al sentimiento. El texto de Isabel Segura, entre cita y cita, entre recuerdo y recuerdo se desliza, sin avisar, hacia un mundo de sensaciones. Y es este mundo de sensaciones el que recrea La Habana.

Del moderno Palacio de Convenciones le interesa señalar que los árboles crecen en su interior. “No es que el paisaje entre, es que ya estaba. No es una palmera muriéndose en alguna de las terminales de nuestros aeropuertos. Es la vegetación que ya estaba allí y la construcción se incorporó a ella. [En el Palacio de Congresos] la lluvia la ves, la oyes, la hueles, y en algunas partes del edificio, si lo deseas, la sientes, te mojas”.

No todo el libro es igual. Cada mujer determina una escena. Además de Eulalia de Borbón, aparece Zenobia Camprubí, la mujer de Juan Ramón Jiménez, con sus apuros económicos, la guerra civil como telón de fondo, melancólica y menos poética que la infanta. Aparece también María Zambrano, más fría, fuerte intelectualmente, reservada… Y cierra el libro María Teresa León, que acompaña a Alberti en momentos tan apasionantes como son los inicios de la revolución.

Isabel Segura habla de La Habana en los espacios que dejan al descubierto los sentimientos de estas mujeres que la acompañan. Son ellas, pero es La Habana la que aparece en todo momento desde su forma de ver y de vivir. Y son ellas también quienes muestran como son hablando de cómo ven y viven la ciudad que las enamora.

Más que una corta referencia merecen las fotografías de Pilar Aymerich, hechas ex profeso para el libro. Son una colección espléndida que da vida al texto con imágenes de la ciudad: de una ciudad que es sobre todo sus gentes.

Eulalia de Borbón, con quien empieza el libro, se despide de la Habana casi como se despide el lector después de haber paseado por sus calles y de haber recorrido los rincones y registros de su rica personalidad:

“ He llenado mis ojos una vez más con la visión del Morro… de las casas azules, blancas y amarillas, que parece estén acurrucadas bajo el peso del sol. Ahora que el cielo, enrojecido en Occidente por el sol de poniente, se ensombrece hacia el Este, ahora que las riberas de Cuba se han desvanecido en la lejanía, te escribo para decirte todo lo que me aflige el sentimiento de haber abandonado esta isla hechicera. Al partir, mi corazón se ha apretado como si nunca más tuviera que volver a pisar esta tierra tan fecunda, este país encantador donde los sentimientos son tan vivaces como las plantas de los árboles… Me ha parecido que dejaba atrás de mí algo de mí misma.”




El libro del mes

Lonely Planet Magazine, 10 de junio de 2008

Soberbio recorrido por La Habana tras los pasos de cuatro ilustres mujeres españolas que visitaron la ciudad en momentos clave de su vida y de la historia cubana, entre finales de siglo XIX y la primera mitad del XX. La infanta Eulalia de Borbón, que fue la primera representante de la corona española que visitó Cuba en 1893; Zenobia Camprubí, escritora y esposa de Juan Ramón Jiménez, que se exilió allí durante la guerra civil española, y la filósofa María Zambrano y la escritora María Teresa León, que igualmente hallaron refugio en la isla tras la contienda, aportan su mirada personal y panorámica de la capital. El resultado es un singular documento histórico-literario que rememora los escenarios recreados en los textos de estas mujeres y que encuentra apoyo en las fotografías que de esos lugares ha hecho hoy Pilar Aymerich.




Un libro grande en recuerdos

Revista Leer, 01 de julio de 2008

A la infanta Eulalia de Borbón no se le ocurre otra cosa que desembarcar vestida con los colores de los insurgentes, con la insolente inocencia de esa Casa Real de severo lujo y aislamiento emocional que no entiende de más deberes que los oficiales. La infanta describe La Habana del turista incomodado por las maneras higiénicas de una ciudad indolente ya, sorprendida por el exotismo de negros y negras que bailan para agasajo de la Corona y asfixiada por los calores del trópico.
María Zambrano es escritora donde caben todas las ciudades, mujer de larga boquilla de ébano en La Habana de los Orígenes. En tiempos excepcionales la pensadora gusta de pasear por el cementerio de Colón y ver pasar las nubes de esas vidas sin estridencias de las mujeres.
Aquí descubrimos a una Zenobia de diario íntimo, de diario de cuentas. Son el matrimonio de exiliados, pero no dejan de ser los españoles a los que la batalla de Teruel les ha hecho una herida de un millón de muertos. Nicolás Guillén es en eso el proveedor de noticias, el repartidor de las nuevas desde el Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura y Zenobia, nuevo público expectante de la peripecia guerracivilista, pero también de ese Juan Ramón que edifica esperanzas como castillos de naipes de frágil sustento.
En sus dos Habanas María Teresa León nos regala al Rafael “gallardo, pulcro, expansivo” con el que entra riendo por el Malecón. La Habana de María no es una ciudad ajena y madrastra, sino la de las habaneras de su tata y el olor a hombre del habano de su padre. Los escritores están allí en misión solidaria, recaudando fondos para los mineros asturianos, y el necesario Guillén recibe a esta María Teresa de “piel valiente y torturada” que se llena la boca y enciende los ojos a cada paso que da por La Habana, todo un hervidero de proyectos en ese romanticismo arquitectónico que cautiva al lector de este libro grande en recuerdos recopilados por Isabel Segura y en instantáneas paganas y diversas que le hacen a uno contradecir a la Camprubí y querer quedarse en este aire que preserva la silenciosa emoción del espíritu de JR.




Viatgeres a l’Havana
Teresa Costa-Gramunt
Diari de Vilanova, 18 de abril de 2008

He retornat a l’Havana. El viatge ha estat esplèndid, l’estada com sempre morosa, tendra i delicada, i amb aquell punt de fastuositat tropical que tant sedueix el visitant. He tornat a veure la immensitat del cel i dels núvols atlàntics acaronant les cases blanques i els terrats de la ciutat. M’he refrescat de l’aire tòrrid amb la visió del terra moll de pluja dels patis plens de palmeres i flamboiants, i m’he commogut amb el somriure franc dels escolars passejant pels carrers de l’Havana Vella. He escoltat els músics ambulants que toquen amb noble compostura africana en els cafès plens de gent vinguda dels cinc continents.
I ha estat una festa retrobar els venedors de llibres vells a la plaça de Armas, el seu gust per la conversa i la curiositat envers tot el que és estranger. I transitant a peu per la ciutat (la millor manera de conèixer-la), m’he aturat a saludar amb reverència les iyawos, les recentment iniciades en els cultes afrocubans, tot enlluernant-me amb els seus vestits blancs que parlen del secret de la seva religió africana trasplantada al Carib.
Al jardí de casa, en el silenci i recolliment de l’hora de la migdiada, he tornat a l’Havana a través de la literatura. Un càlid sol de març il•lumina les pàgines de paper cuixé, en cada pàgina una fotografia meravellosa de Pilar Aymerich evocant aquells colors i atmosferes impossibles d’oblidar, i tot seguit fent la immersió en els textos d’Isabel Segura, de la seva mirada per una ciutat familiar i alhora tan sorprenent com és l’Havana.
En Viajeras en La Habana (Meteora) he recuperat la fascinació de les meves visites a Cuba, seducció que també van experimentar les quatre viatgeres que rememora Isabel Segura: la infanta Eulàlia de Borbó, María Zambrano, Zenobia Camprubí i María Teresa León. La reconstrucció literària d’aquestes estades, més o menys llargues en el temps, ha estat possible perquè les viatgeres van deixar plasmades les seves impressions en cartes, diaris, assaigs o memòries.
Amb la seva ploma hàbil, l’estima i el coneixement profund que Isabel Segura té de l’Havana (7 passejades per l’Havana, 1999 –amb fotografies de Pilar Aymerich–, La Habana para mujeres, 2003); tot intercalant la veu de les viatgeres, referència amb diafanitat i bon gust estètic els llocs i les impressions que produeixen una ciutat amb una personalitat tan marcada com la capital de Cuba.
La viatgera que més temps hi va estar, la filòsofa María Zambrano, assoleix de desxifrar el secret que respira la ciutat, i que roman a través del temps: Yo diría que encontré en Cuba mi patria prenatal. Y si la patria del nacimiento nos trae el destino, la ley immutable de la vida personal, que ha de apurarse sin descanso –todo lo que es norma, vigencia, historia, la patria prenatal es la poesía viviente, el fundamento poético de la vida, el secret del nuestro ser terrenal...(...) sentí a Cuba poéticamente, no como cualidad sino como sustancia misma. Cuba: sustancia poética visible ya. Cuba: mi secreto.
El sentir poètic que travessa el temps i l’espai connecta les viatgeres a Cuba que han estat, són i seran. Poesia i misteri que ara també impregnen amb la mateixa força d’unió el relat d’Isabel Segura i les fotografies de Pilar Aymerich com la que il•lustra la portada de Viajeras a La Habana, on una dona vestida amb la imaginació del segle XXI, a través del fum de l’havà i els braçalets de perles grogues que indiquen que és una filla de l’Orisha Ochún, deixa veure que els iniciats o devots d’una creença tenen necessitat d’una ciutat, d’un lloc (també d’una utopia!), com va escriure María Zambrano. A Cuba, on avui conviuen la història colonial, la negritud, la santeria i el mite marxista, flota a l’aire aquest secret –una poètica– que enllaça l’anècdota amb la categoria, o el contingent amb l’etern.

Amaroncachi, el agua de la anaconda


Amaroncachi
F.A.N.
Diario Médico, 19 de diciembre de 2007

El madrileño José Manuel Echevarría Mayo (nacido en 1953) es licenciado en Química, doctor en Farmacia y virólogo del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III, en Majadahonda. Especialista en hepatitis víricas, virosis tropicales y bioterrorismo, buen conocedor de la cuenca amazónica y viajero incansable por toda Iberoamérica, Echevarría ha aprovechado sus amplios conocimientos para aportar credibilidad científica a su primera incursión literaria, escrita en clave de best seller de aventuras: Amaroncachi, el agua de la anaconda, publicada por la editorial catalana Meteora y recién llegada a las librerías. El protagonista de esta novela virológica de intriga, de acción trepidante, es un virólogo español de nombre Ignacio Orbaizeta. Mientras trabaja en el Mato Grosso brasileño experimentando con peligrosos hantavirus que podrían servir para crear una letal arma microbiológica, se ve envuelto en un intento de secuestro con implicación de agentes del FBI, espías del Mossad, comandos suramericanos de ETA y yihadistas panislámicos en la Amazonia. ¡Quién hubiera adivinado que los hantavirus podrían llegar a ser tan apasionantes!




Los virus como armas terroristas centran la novela “Amorancachi” de Echevarría.
Marian Hidalgo
El Día de Valladolid, 22 de enero de 2008

El virólogo español Ignacio Orbaizeta experimenta con hantavirus en el Mato Grosso brasileño por encargo de una fundación norteamericana. Dado que sus trabajos pueden conducir a la creación de una peligrosa arma biológica. Distintos grupos terroristas deciden secuestrar al virólogo y conseguir el arma para sus propósitos destructores. Esta es la esencia de Amaroncachi. El agua de la anaconda, la primera novela del microbiólogo madrileño José Manuel Echevarría (Madrid, 1953) que ayer presentó en la librería Margen de Valladolid.
La novela está articulada en tres elementos: la experiencia del autor en virus humanos, aunque, en este caso las investigaciones se utilicen para fines terroristas, su fascinación por la naturaleza y por la gente de Latinoamérica, así como por los grupos de indígenas de la Amazonia y, por último, Echevarría articula la publicación en la sensación de soledad y tristeza que el ser humano experimenta ante la pérdida de los seres queridos , tal y como explicó el científico momentos antes de la presentación de la obra.
Comenzó a gestar la trama en 1997, aunque fue cinco años más tarde cuando la registró. “Es mi primera novela de ficción y tenía claro que el objetivo era entretener a los lectores, incluso acercarles al mundo de la ciencia desde la diversión y la intriga, pues considero que es una forma atractiva de divulgar el conocimiento científico”.
Comandos de ETA en Sudamérica, agentes del FBI, matones sin patria, tribus amazónicas y dirigentes del Mossad darán lugar a un cúmulo de situaciones límite que empujarán a los protagonistas a vivir un futuro insospechado. Después de haber destacado en investigaciones punteras como la rubeola en mujeres embarazadas, el virus del VIH y, actualmente, en los virus que causa hepatitis, Echevarría ha impulsado la creación de un grupo dedicado al estudio de las enfermedades víricas tropicales y al desarrollo de técnicas para detección de agresivos víricos en el contexto de la defensa frente al terrorismo biológico. Entre sus planes figura crear una nueva novela de ficción, pues la experiencia ha resultado “altamente positiva”.

La suelta de los antílopes


Los Antílopes de Margarita García
Huertas Fraile
ABC, 13 de enero de 2008

La intriga y organizaciones criminales que se mueven por el centro histórico de Toledo y por los remotos desiertos tunecinos conforman el argumento de la novela «La suelta de los antílopes», de Margarita García Gallardo, presentado el viernes en la librería Taiga de la capital. Filomena Martínez, toledana de adopción de 70 años pero con una gran vitalidad, es la auténtica protagonista de un texto en el que la magia de la ciudad de Toledo confiere un atractivo añadido al relato.




La suelta de los antílopes

Para Leer, 25 de diciembre de 2007

Arriesgada, original, ingeniosa, atravesada por una dignidad insólita y ausente en la mayoría de los personajes actuales, este trabajo de Margarita García Gallardo, veterinaria de profesión, la convierte en una de las escritoras de perfil más firme y definido en el panorama actual, huérfano tantas veces de una ficción moral. Sin recurrir a alharacas comerciales, echando mano de una mínima trama argumental –los secretos que oculta una alfombre tunecina–, García Gallardo confecciona con sumo primor toda una manifestación de intenciones a favor de la senectud. Sin duda estamos ante una novela de ascendente cervantino, por cuanto García somete a su protagonista a duras pruebas en el otoño de su vida; también en el personaje de su compañera, Paquita, atisbamos la filiación quijotesca de una pareja inasequible al desaliento, que se ve envuelta en multitud de conflictos y cuyo periplo va estableciendo también otro más profundo, de raigambre espiritual, con el que la autora confronta hábilmente la incomprensión de una sociedad ciega ante la sabiduría de aquellos que nos han precedido en el tiempo.




Una novela de intriga que transcurre en Toledo
Ignacio Arizaga
Aquí Digital, 01 de noviembre de 2007

Margarita García Gallardo reside en Madrid pero tiene una hermana que vive en Toledo. Esta circunstancia le ha permitido conocer exhaustivamente la capital regional. “Toledo me parece una ciudad pequeña pero a la vez cosmopolita. Sus calles tienen un aire de melancolía y abandono que invitan al secretismo. Yo tenía que escribir algo que sucediera en Toledo”, explica la autora.
La suelta de los antílopes contiene escenarios muy familiares. La acción transcurre entre Las Covachuelas, Zocodover, Santo Domingo El Real, el Mercadillo del Martes o el Parque de las Tres Culturas.
La novela se extiende a Sidi Bu Said, un pueblecito costero de Túnez, “para darle un aire de exotismo”, apunta la autora. Dos ancianas entrañables, Filomena y Paquita, se verán envueltas en una trama de intriga y espionaje que cautivará enseguida la atención del lector.
Además de la intriga, el libro aborda una cuestión de máxima actualidad, esto es, la actitud que hay que seguir ante la vejez. Si hay que tirar la toalla y dejarse manejar por los hijos para acabar en una residencia o, por el contrario, agarrar el timón de la propia existencia y vivir una especie de segunda adolescencia cargada de renovadas ilusiones.
“Creo que la sociedad no es justa con los ancianos –explica Margarita García Gallardo–. Un ejemplo. Cada vez que veo la publicidad me doy cuenta. Todo va dirigido a los jóvenes, parece que la gente de la Tercera Edad no existe”.
No obstante, la autora considera que la gente mayor se está revelando contra esta injusta situación. “Noto que ahora están los Nuevos Marco Polos, que son esos ancianos que no paran de viajar y que se están haciendo un hueco en la vida”.
El título del libro nació después de que la autora contemplara un documental que trataba sobre los antílopes que sueltan en la sabana una vez han alcanzado una determinada edad. Filomena y Paquita, las dos protagonistas, son como esos antílopes que han soltado en la sabana –llegada la vejez– y ahora se enfrentan a una nueva situación plagada de desafíos y posibilidades nuevas.
Sin embargo, el humor está muy presente en la obra de esta autora madrileña. Pese a que hay situaciones con tintes dramáticos, la escritora siempre encuentra un ángulo para dar rienda suelta a su espíritu burlón y afinado, que el lector agradece porque facilita enormemente el acercamiento a la novela.
Junto a la historia de las dos ancianas, se desarrolla otra en Sidi Bu Said que está relacionada con la de Toledo pero que adquiere rango propio. En ese turístico pueblo tunecino dos niños investigan el robo de una alfombra. La autora da así una especie de contrapunto calculado a las ancianas de Toledo.
Con “La suelta de los antílopes”, Margarita García Gallardo pretende que el lector se divierta “tanto como me he divertido yo escribiéndola”. La editorial tiene previsto hacer una presentación en Toledo la segunda quincena de enero de 2008. Mientras tanto, la autora ya tiene escrita su tercera novela, que posee un inequívoco toque ecologista.

Lunas de arena


Lunas de Arena

Avui, 07 de junio de 2007

Mantenint l’esperit polièdric que caracteritza els editors de Meteora, i quan encara (i que duri) están gaudint del bon camí d’un dels seus èxits (El preu de ser catalans, de Patrícia Gabancho), ens ofereixen un acurat poemari escrit en castellà per una autora catalana, M. Dolors Millat (Lleida, 1953), delicadament complementat per les fotografíes de Carme Esteve (Barcelona, 1958). Aquest és el primer poemari (amb un total de 65 poemes breus) publicat per aquesta historiadora que imparteix classes de tècniques narratives a dues escoles. Uns poemes que toquen temes clàssics com ara la vida, l’amor i la mort i, especialment, el pas del temps. Les imatges d’Esteve casen perfectament amb el contingut dels textos i els atorguen una nova dimensió.




Lunas de arena, primer poemario de la leridana M. Dolors Millat

Segre, 27 de mayo de 2007

Aunque escribe poesía desde muy joven, la leridana Maria Dolors Millat (Sort, 1953) no se ha estrenado en el mundo de la edición literaria hasta ahora, con la publicación de Lunas de arena (Ed. Meteora), un poemario que la autora presentó a principios del mes en el marco de la “Setmana de la Poesia” de Barcelona. Licenciada en Historia Antigua por la Universidad de Barcelona, Millat fue una de las fundadoras de la primera escuela de escritura de Catalunya. Ha sido responsable y actualmente imparte clases en la Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès y en la Escuela de Escritores Alonso Quijano de Alcázar de San Juan, en Ciudad Real. También ha publicado diversos libros de técnicas literarias, pero Lunas de arena es su primer libro de poesía en el mercado. El poeta, ensayista y traductor José Corredor-Matheos, autor del prólogo, comenta que el poemario de Millat “es un canto emocionado a la sublimación del presente, con un lirismo y un sensibilidad que viajan del murmullo de la introspección al grito desesperado ante la injusticia o la barbarie de la guerra”. El volumen, con 66 poemas, cuenta además con fotografías en blanco y negro de Carme Esteve.




“És necessari que es perdi la por a la poesia”

Segre, 28 de febrero de 2007

Maria Dolors Millat (Sort, 1953) és llicenciada en història antiga per la Universitat de Barcelona. La passió que té per l’escriptura li ve de lluny, de manera que no és sorprenent que es convertís en una de les fundadores de la primera escola d’escriptura de Catalunya. Tot i que ha publicat diverses obres sobre tècniques literàries, el poemari Lunas de arena (Meteora), que ahir va presentar a la seu de l’ Institut d’Estudis Ilerdencs, és el primer llibre de creació que trau al mercat.

Escriu poesia des de molt jove. Per què ha tardat tant a publicar?

Crec que l’escriptura és una cosa molt seriosa, necessita art, disciplina, ofici i moltes hores. Per aquest motiu, volia poder prioritzar dedicar el meu temps a escriure abans de publicar res.

Per què poesia?

És el llenguatge en què em trobo més còmoda a l’hora d’expressar-me.

Què pot trobar el lector a Lunas de arena?

Són seixanta-sis poemes dividits en tres parts. La primera és més metafísica, introspectiva. Aquí em pregunto quin és el significat de la vida. La segona reflecteix que, malgrat tot, val la pena viure i parlar d’amor, l’amistat, les absències... Finalment, la tercera vol ser un cant al temps, en el sentit que només existeix el present, que mentre recordem el passat i planifiquem el futur, s’escapa el present, l’únic temps real.

Hi ha escriptors que afirmen que quan un autor domina la poesia, és capaç d’enfrontar-se a qualsevol gènere literari. Hi està d’acord?

No. Són formes d’expressar-te i cada un ha de descobrir amb quina es troba més còmode.

Què diria als que rebutgen la poesia d’entrada?

Evidentment no pot agradar a tothom, però s’ha de diferenciar entre la poesia críptica, que no entén gairebé ningú, la buida de contingut i amb estètica i finalment la que té contingut i forma. Aquesta tercera és més fàcil d’entendre, tot i que el més important és que arribi al lector, que li provoqui emocions. En general, el que passa és que no se sap llegir poesia. Ha de llegir-se seguint l’ordre del llibre i després rellegir el que més ha agradat. Crec que s’ha de perdre la por a la poesia i descobrir aquells autors que ens agraden.

Tothom pot escriure? Què es necessita?

És ofici i tècnica, com la música o la pintura. A més de la tècnica cal una intuïció literària. Barrejar les dues coses és el que permet obtenir un rendiment de les capacitats literàries.

Punto de fuga


LEER, febrero 2007
Aurelio Loureiro
Revista LEER, 12 de febrero de 2007

Poco conocida en su país, pues se la puede considerar española aunque haya nacido en Australia y residido en Canadá, esta hija de emigrantes asturianos merece ocupar un puesto en nuestra literatura. Punto de fuga es una aportación de gran interés a la narrativa bélica, concebida también desde una perspectiva de carácter ensayístico. Y por la que navega Gloria Montero aportando, tal vez, vivencias propias volcadas hacia esta reportera valiente y entregada, que se mueve por espacios conflictivos envuelta entre dos amores, el que siente hacia un periodista croata, y que produce páginas ciertamente válidas desde el punto de vista erótico, pero también el que manifiesta hacia la figura de su padre, el fotógrafo antifranquista Juan Álvarez. Testimonio directo del horror de las guerras, pero igualmente de la búsqueda de una fotografia utópica cuando no quimérica, en movimiento de trazas mevillianas en lo que tiene de persecución de una personalísima Moby Dick. Por lo demás el libro está puesto, en parte, bajo la advocación de John Berger, lo que tampoco es mal referente.

Los Nobel del fútbol


Jorge Omar Pérez rescata visión del fútbol de grandes escritores
Agencia EFE
Terra.com (Colombia), 04 de junio de 2006

El escritor argentino Jorge Omar Pérez repasa en 'Los Nobel del fútbol', libro recientemente editado por Meteora y que será presentado en Barcelona, la visión del deporte rey de 25 grandes escritores, de Albert Camus a Ernesto Sábato, pasando por Vladimir Nabokov o Gabriel García Márquez.
La recopilación de esos escritos da forma a la obra del periodista, escritor y traductor Jorge Omar López (Buenos Aires, 1943), que empezó a gestarla durante su trabajo como comisario del espacio 'Els Nobel del fútbol' en el Salón del Libro de Barcelona en 2005.
No todos los escritores que aparecen en 'Los Nobel del fútbol' fueron galardonados con el premio, pero todos, en mayor o menor medida, dedicaron párrafos al deporte más popular del mundo.
El autor del prólogo, su compatriota Andrés Ehrenhaus, explica que la obra pretende "iniciar el acoso y derribo de uno de los tópicos más aparentes pero menos reales de la escena y vida culturales", el que dibuja fútbol y literatura como enemigos casi irreconciliables.
Para destruir ese prejuicio, 'Los Nobel del fútbol' viaja del Uruguay de Eduardo Galeano y Mario Benedetti a la España de Miguel Delibes, Miguel Hernández o Manuel Vázquez Montalbán con escalas en El Cairo de Naguib Mahfouz o en el Orán de Camus para recordar cómo el fútbol afectó la vida y obra de los escritores recopilados.
En un recorrido global que intenta reflejar la universalidad del fútbol y de la literatura, Jorge Omar Pérez recupera la 'Oda a Platko' de Alberti, la guerra del fútbol entre Honduras y El Salvador narrada por Kapuscinski o el fiel retrato de un fiel seguidor del Arsenal de nombre Nick Hornby.
Algunos escritores que aparecen en la obra mantienen tal vínculo con el fútbol que le han dedicado libros enteros. Es el caso de Galeano ('El fútbol a sol y sombra'), Delibes ('El otro fútbol') o el propio Hornby ('Fiebre en las gradas').
En otros, sin embargo, la afición al fútbol parecía escondida. Ocurre con Vargas Llosa, cuyo artículo sobre Maradona aparece citado, o con Nabokov: su visión del portero de un equipo de fútbol y sus recuerdos de jugador en Cambridge son algunas de las grandes sorpresas de la recopilación de Jorge Omar López.
También lo es la afición del poeta Miguel Hernández, futbolista durante 1920 y 1930, apodado 'Barbacha' por la lentitud de sus movimientos y autor de la 'Elegía al guardameta'.




Los escritores se ponen las botas
Sergi Doria
ABC, 04 de junio de 2006

Shakespeare ya hablaba de «football» en «La comedia de los errores». Veinticinco escritores descubrieron que la tierra es redonda porque se parece a un balón. No todos son Nobeles, pero dicen del fútbol palabras mayores.
Para empezar, Albert Camus. Premio Nobel de 1957, no se sintió extranjero en el estadio. En el luminoso Argel jugaba de guardameta y su abuela vigilaba el desgaste de sus zapatos. Para no recibir una tunda por cargarse las suelas correteando, optó por la portería. «Aguantaba el disparo del delantero sin moverse de su sitio hasta el último segundo. Clavado en la hierba y sin inmutarse, sorprendía a los delanteros rivales por su sangre fría», explica Jorge O. Pérez.
El arquero futbolístico, tan literario como un arquero de friso persa. En la final de la Copa de España de 1928, el Barcelona disputó en Santander un partido dramático con la Real Sociedad. Su portero húngaro, Franz Platko, recibe un golpe en la cabeza que le deja exánime... Reparece luego con un aparatoso vendaje en la ensangrentada testa. Aguanta las embestidas donostiarras con serenidad de gigante e inspira una Oda a Alberti: «Nadie se olvida, Platko/ no, nadie, nadie, nadie,/ oso rubio de Hungría...» El futbolista como héroe se reencarna en Maradona: «Aquel gol que le hizo a los ingleses, con la ayuda de la mano divina, es por ahora la única prueba fiable de la existencia de Dios», proclama Mario Benedetti. La magia de Cruyff y la «naranja mecánica» en el Mundial del 74 apasiona a la feminista François Giroud: «Era soberbio, como todas las demostraciones donde se conjugan el dominio del cuerpo y del espíritu...»
Nabókov, de portero
Más escritores que se pusieron las botas... Miguel Hernández jugaba de extremo y le llamaban el «Barbacha» (caracol pequeño), porque era lento corriendo la banda. El portero del Orihuela, Lolo, le inspiró la «Elegía del guardameta»: «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia/ deportiva, tumbándote en el viento/ para evitar la victoria/ y un ventalle de palma te aireó la gloria.» También jugó de portero Nabókov, posición adecuada a su espíritu independiente. En «Habla memoria» describe un campo embarrado de Cambridge: «El balón tan resbaladizo como un budín de ciruela, y mi cabeza despistada por la neuralgia, tras una noche de versificación....»
Otro Miguel, Delibes, jugó al fútbol 34 años. Simpatizante del Real Valladolid, disputó los últimos partidos de su carrera, de los 35 a los 45 años, como portero del Sedano FC. Como jugador de campo, dice que le sobró «un respeto excesivo a la defensa contraria» y siempre se preguntó «por qué los árbitros son más tolerantes con los defensas que con los delanteros».
García Márquiez comprobó que era un hincha el día en que perdió el sentido del ridículo y Vázquez Montalbán metió a su detective Carvalho a investigar por qué «el delantero fue asesinado al atardecer». Jugar al fútbol es jugarse la vida. El escritor uruguayo Eduardo Galeano escribe que «el árbitro es arbitrario por definición».
La vida es «ansí» y el fútbol es así. A veces despierta demonios familiares: Günter Grass sintió el resurgir de una Alemania apagada por la derrota cuando su selección vence a la de Hungría en la Copa del Mundo de 1954. Hincha del Arsenal, Nick Hornby tiene una pesadilla: su hijo decide ser del Tottenham. Ernesto Sábato reconoció que lo único que quería llevarse de Rosario «era una camiseta del Rosario Central». Vargas Llosa prefiere idolatrar a un futbolista que a un militar.
No todo son loores: Umberto Eco no odia el fútbol, pero abomina del forofismo: «Yo abrigo por los hinchas los mismos sentimientos que un partido ultranacionalista o la Liga Lombarda abrigan por los inmigrantes: No soy racista, con tal de que se queden en su casa». Si la Cibeles y Canaletas hablaran...

El hijo del tejedor


Una novela de atmósfera celta
Natàlia Borbonès
El Punt, 10 de marzo de 2006

“El hijo del tejedor” es una novela «muy tierna y a la vez muy dura; es un drama», explica la escritora en su primera incursión narrativa en castellano. La obra explica la relación de una pareja formada por un tejedor y una arpista, «dos personas que trabajan con cuerdas verticales, el primero para hacer tapices y la segunda, música». La vida tranquila de la pareja sufre un vuelco enorme a causa de un hallazgo terrible y macabro que precipitará la trama y provocará en los personajes sentimientos insospechados. Xirinacs ha ambientado la novela en Asturias y en la costa cantábrica, una circunstancia que ha dado a la obra una atmósfera celta y mitológica. La naturaleza, por lo tanto, con los bosques, las montañas, las nieblas y los acantilados de la tierra asturiana, también desempeñan un papel primordial en una obra que la escritora ha dedicado a la rama materna de su familia: «María de Covadonga, se llamaba mi madre».




Olga Xirinacs se pasa al castellano para que su obra llegue más allá de Catalunya
Rosa M. Piñol
La Vanguardia, 16 de marzo de 2006

"El hijo del tejedor" (Editorial Meteora) es la primera novela de Olga Xirinacs escrita originalmente en castellano. A punto de cumplir setenta años, la autora tarraconense ha decidido cambiar de lengua porque cree que su obra puede interesar más allá de los límites de Catalunya. Xirinacs no esconde su decepción por no haber sido traducida. “Ni las editoriales ni las instituciones se han preocupado de traducir mi obra para adultos”, lamenta la autora, que también ha escrito libros infantiles.
La escritora argumenta que algunas de sus novelas son “muy exportables”. Y pone como ejemplo el libro que le valió el premio Sant Jordi 1984, "Al meu cap una llosa", que trata sobre Virginia Woolf, y que ella misma se hizo traducir al inglés sin que de momento se haya interesado en él ningún sello editorial. “Sólo 'Zona marítima' fue publicada por Planeta en castellano, porque ganó el premio Ramon Llull y ello comporta que el libro sea traducido”, advierte la novelista.
Según la autora, la política de traducciones de las instituciones “debería corregir desequilibrios y discriminaciones: está bien que se traduzca a Sánchez Piñol o a Cabré, pero muchos otros escritores también merecemos ser promocionados”.
"El hijo del tejedor" es un drama “tierno y duro al mismo tiempo” ambientado en un lugar agreste del litoral asturiano, “la tierra de mi familia materna”. La historia, protagonizada por una concertista de arpa y un tejedor de tapices, contiene muchos elementos de la mitología de la tierra y los árboles de Asturias “con reminiscencias celtas”.




El hijo del tejedor

Revista "Leer", 01 de junio de 2006

Hay perdón que se enreda bajo un árbol y raíces que se empeñan en brotar para labrar el suelo y hacerlo recorrido. "El hijo del tejedor" recurre a la argucia del cuadernillo encontrado, aunque con la lectura de las artes de los hilos hubiese bastado para ir descubriendo a ese hombre tosco, Filidoro, y a su luminosa mujer, Sabina, sin más rapto entre ellos que el de la felicidad para el pequeño Modesto. Un microuniverso en el que todo se sabe, porque se observa como Saturna sin necesidad de ver, o sin ver, pero entendiendo las leyes de la naturaleza. Un libro lento en el que los colores, las lumbres y el mapa de las dichas y desdichas se anudan despacio para salir a la superficie en cualquier otro punto de la trama. El olor a filloas, a la mermelada de cerecinas, el poso que dejan las estrellas y la sabiduría de la imperturbable Valentina, directora de colegio que pondrá deberes al anciano Filidoro. Viajes al interior de los que se sale con una sacudida o abrazándose al árbol más próximo.

Las cartas de Antioquía


Misterio en Judea
Fernando Martínez Laínez
ABC, suplemento cultural, 28 de enero de 2006

Entre el aluvión de pacotilla histórica novelada que inunda el mercado del libro, resulta afortunado hallar obras como ‘Las cartas de Antioquía’ (Meteora, 2005), del escritor y periodista José Luis Caballero, capaces de sortear con solvencia literaria el difícil escollo del misterio planteado en épocas pretéritas, Caballero se sumerge en el pasado para contarnos una trama inteligente, levemente paródica, con elementos de intriga bien concatenados, en una Palestina identificable, exenta de descripciones extravagantes. Con pinceladas sencillas y ajustadas, nos muestra una Jerusalén capital de la Judea polvorienta y fanáticamente religiosa en tiempos de Jesús de Nazaret, donde las maquinaciones y vicios impregnan los muros de los palacios y reflejan las relaciones de dominio y locura política de todas las épocas. La novela de Caballero carece de elementos místicos. Cristo se nos presenta como un maestro inflexible pero coherente, dispuesto a pactar con los romanos para desbancar a Caifás y Herodes y llegar a ser rey de Israel y sumo sacerdote del Templo. El argumento compagina con habilidad dos intrigas: una tiene que ver con el César romano, y la otra con un misterioso predicador esenio llamado Jesús, peligroso tanto para la casta sacerdotal judía como para Pilato.
El personaje principal es un centurión, Cayo Marcelo, jefe de espías de Poncio Pilato y encarnación del verdadero poder de Roma: las legiones que impusieron su modo de vida al mundo mediterráneo, hasta que el cristianismo, desde dentro, y los pueblos llamados bárbaros, desde fuera, demolieron la obra y crearon un nuevo orden, o mejor, un nuevo desorden que, extendido al resto del mundo, perdura metamorfoseado y reciclado hasta nuestros días. Por suerte, el autor evita caer en la tendencia falsaria de presentar a las legiones como una especie de oenegés enviadas a promover el «buen rollo» y la alianza de civilizaciones. Los legionarios de esta novela matan, torturan y esclavizan cumpliendo órdenes. Están para eliminar a los enemigos de Roma, y donde pisan no vuelve a crecer más hierba que la que Roma permite.
Robert Graves decía que Jesucristo fue «un acontecimiento puramente judío», pero el resultado es que, lo queramos o no, nuestra moral y cultura serían diferentes sin Jesús de Nazaret. Las claves del poder político romano sobrevivieron a través de la Iglesia, con la paradoja de que fue precisamente ese poder el que crucificó al profeta nazareno que se hacía llamar Hijo de Dios y se proclamaba descendiente de reyes.




José Luis Caballero viaja al Jerusalén de hace 2.000 años en “Las cartas de Antioquia”

Europa Press, 24 de noviembre de 2005

El periodista y escritor José Luis Caballero viaja al Jerusalén de hace 2.000 años en su segunda novela, “Las cartas de Anqtioquía” (Meteora), una obra cuyos protagonistas son, entre otros, Jesús, los apóstoles, Judas y Poncio Pilato. Caballero parte de personajes reales que conviven con otros de ficticios como el centurión Cayo Séptimo Marcelo, quien se sumerge en las cloacas políticas de Jerusalén para intentar descubrir a los asesinos de dos ciudadanos romanos.
El centurión, que el autor define como ‘contradictorio, borracho e inútil’, ignora un importante secreto guardado en unos documentos que se encuentran en Antioquía.
La novela abraza los géneros de novela negra e histórica, puesto que el protagonista deberá investigar los dos crímenes acontecidos en la Palestina de los inicios de nuestra era. El autor también profundiza en la figura de Herodes, que considera perversamente influenciado por su esposa y la hija de esta, Salomé.
Para construir la novela, Caballero, gran admirador del Imperio Romano y sobre todo de la época de Tiberio, se ha documentado a partir de las necesidades que los mismos personajes le iban creando. El autor también destaca la conexión de la novela con la Palestina actual, ya que, aunque el territorio no se corresponda exactamente, sus ciudadanos ya sufrían un nido de conflictos.
“Las cartas de Antioquía”, que llega después de la primera novela de José Luis Caballero, “Como lágrimas en la lluvia”, se acompaña de un mapa de época de la zona y de un elenco de personajes con la finalidad de atraer a un público más joven no versado en historia antigua.




Judas, agente doble. José Luis Caballero ambienta en Jerusalén ‘Las cartas de Antioquía’
Roger Bretau
La Vanguardia, 26 de noviembre de 2005

‘Las cartas de Antioquía’ (Meteora) es el título de la segunda novela del escritor y periodista especializado en relaciones internacionales José Luis Caballero (Albacete, 1950). El autor ha cambiado el escenario de su primera novela, ‘Como lágrimas en la lluvia’ (Mercuria, 1996), ambientada en Barcelona y Palma de Mallorca, por la Jerusalén de hace dos milenios.
Caballero sitúa al ficticio centurión romano Cayo Séptimo Marcelo en medio del convulso proceso que llevó a la crucifixión de Jesús de Nazaret. El mencionado centurión recibe el encargo de sumergirse en los bajos fondos de la política de Jerusalén con el objetivo de aprisionar a los verdugos de dos ciudadanos romanos, para vigilar las acciones de un molesto líder llamado Jesús y con la intención de certificar la depravación que arraiga en la corte de Herodes Antipas.
"Los personajes de aquel momento, como Judas, Jesucristo, Poncio Pilatos o Herodes debieron de tener otras facetas y motivaciones que no nos han sido contadas. Es decir, tuvieron que ser más complejos de lo que se nos ha dicho", sostiene, Caballero.
El autor destaca que su libro es, sobre todo, "una novela de espías"; Judas, por ejemplo, fue un auténtico agente doble", señala Caballero. La obra contiene, en efecto, elementos de novela negra; sin embargo, ha requerido también un extenso trabajo de documentación.
En definitiva, acción, intriga, pasión, sexo, brutalidad, infidelidad, política y, en especial, una medida reflexión sobre el poder son los ingredientes de los que se nutre ‘Las cartas de Antioquía’.

El Barça en Europa, 50 años + Anexo 2006-2009


El libro de los 50 años europeos del Barça
Emilio Pérez de Rozas
El Periódico, 24 de octubre de 2005

Los hay hormiguitas, los hay curiosos, los hay profesionales, los hay meticulosos, pero lo del compañero David Salinas, del diario Sport, es, simplemente, enfermizo, con todo el afecto. Recopilar en un libro, con centenares de páginas, miles y miles de datos, toda la información, toda, de los 50 años en Europa del Barça --por cierto, el único equipo español que nunca ha dejado de jugar competiciones europeas-- tiene un mérito elogiable y ejemplar. Es una pieza única.




La vida europea del Barça

La Vanguardia, 31 de octubre de 2005

Cuenta David Salinas (Barcelona, 1964), autor de esta gigantesca obra, que comenzó a escribir este libro en 1986. Si se tiene en cuenta que lo acaba de presentar se llega a la conclusión de que David ha empleado 19 años en concluirlo. Y no podía ser en menos tiempo entre otras cosas porque el autor no ha tenido ni una sola temporada de relax, dado que el protagonista de la obra es el Barça, que, cosas de la vida, es el único equipo europeo que no ha faltado a una cita continental. Este libro contiene la vida europea del Barça. En él están las fichas de los 393 partidos disputados, los nombres de los 301 jugadores que han defendido los colores azulgrana y las estadísticas de cada uno de ellos. Un trabajo tan arduo y laborioso como extraordinario.




Medio siglo en competiciones europeas

Don Balón, 15 de noviembre de 2005

Desde 1955 hasta a la actualidad, el FC Barcelona ha disputado ininterrumpidamente competición europea. Desde 1986, el periodista David Salinas comenzó a escribir la historia europea del club azulgrana, que se ha publicado bajo el nombre de ‘El Barça a Europa, 50 anys’. La obra, de 864 páginas, recoge las crónicas de todos los partidos disputados en Europa por el equipo ‘culé’, con la narración de los goles, las jugadas más recordadas, las fichas técnicas de los equipos, las declaraciones de los entrenadores y las anécdotas más destacadas, todo ello con un anexo estadístico interesante y casi 100 fotografías.

El congreso


El congreso

Leer (julio-agosto 2005), 29 de julio de 2005

Reaparece el profesor Salvatierra y con él vuelve a nuestras librerías su creador, Javier Piqueras de Noriega, una rara avis que compagina la docencia universitaria —es catedrático de Física de Madrid de la Universidad Complutense— con la narrativa. Y dígase ya que semejante bipolaridad resulta de lo más estimulante. Porque Piqueras de Noriega no solamente escribe bien sino que sabe construir historias de manera que no resulten lesivas, desde el aspecto lúdico de la cuestión, para el sufrido lector al que tantas veces se le da gato por liebre. De esta manera El congreso viene a ser una especie de thriller en el que Luis Salvatierra, ignoramos hasta qué punto alter ego del autor, pero en todo caso también catedrático de Física de una universidad de Madrid, asiste a unos encuentros de carácter científico en Rusia. Unos encuentros que resultarán prueba de fuego de cierto complejo material, el PTVD, sumamente interesante para empresas alemanas y norteamericanas. A partir de ahí saltan las chispas narrativas en esta novela, que abre el apetito lector hacia anteriores aventuras del profesor Salvatierra, como La cátedra, complemento de El congreso.

La postguerra cultural a Barcelona (1939-1959)


Una veintena de personalidades reviven la posguerra cultural
Rosa M. Piñol
La Vanguardia, 01 de abril de 2005

Josep Palau i Fabre recuerda con amargura cómo, tras dar a conocer en un cenáculo de amigos su famoso poema La sabata, compuesto en 1943, hubo "caras largas" y "a la salida, una persona que no quiero nombrar porque la apreciaba, y la aprecio todavía, se negó a darme la mano". Por su parte, Joaquim Molas evoca las reuniones dominicales de escritores en el piso de Carles Riba, en las que a veces éste "de repente se abstraía mentalmente", se quedaba como ausente en plena tertulia. Son anécdotas de los años grises de la posguerra en Catalunya, la etapa de silencio en que la cultura tuvo que resistir en las catacumbas. Éstas y muchas otras vivencias están recogidas en el libro La postguerra cultural a Barcelona (1939-1959), de Patrícia Gabancho, que ha editado Meteora.
La actividad cultural en Barcelona durante aquellas dos décadas revive a través de los testimonios de 19 personas, escritores e intelectuales que las vivieron personalmente o biógrafos que dan voz a autores ausentes, como Maria Aurèlia Capmany, Joan Brossa o Manuel de Pedrolo. Son una serie de conversaciones que, con el título Juxtaposicions, organizó la escritora y periodista en el 2003 en el Museu d´Història de Catalunya y que ahora transcribe.
"Me planteé estos diálogos porque quería entender los motivos que impulsaban a los autores de la generación de los 50, Espinàs, Pedrolo, Capmany... entonces jóvenes, a escribir sus primeras novelas en catalán, una lengua que las condenaba a un circuito de difusión casi clandestino. Me propuse conocer los motivos de aquella fidelidad", explicó ayer Gabancho.
La suma de los relatos de las experiencias personales de estos autores -Ainaud, Castellet, Vicens, Sarsanedas, Raguer, Triadú, Verrié, Manent, Espinàs...- convierte así el libro en una especie de memorias colectivas, en las que "muchas cosas eran conocidas, se habían publicado, pero aproximadamente la mitad de las informaciones que se dan nunca se habían divulgado".
El libro, que deja fuera el mundo oficial, la cultura del régimen, aborda tres grandes ámbitos: la literatura y las artes, la cultura en lengua castellana (el premio Nadal, la revista Laye...)y la inmigración.




Patrícia Gabancho retrata con testimonios la cultura barcelonesa de la posguerra
Israel Punzano
El País, 04 de abril de 2005

Hace dos años, la periodista Patrícia Gabancho mantuvo en el Museo de Historia de Cataluña una serie de conversaciones con protagonistas del mundillo cultural barcelonés de la postguerra española. En algunos casos, el ciclo contó con la participación de los de los biógrafos de figuras ya fallecidas, impresindibles para comprender aquella época, y aquellas charlas se han recogido ahora en el libro La postguerra cultural a Barcelona. 1939-1959 (Meteora).
“Me interesaba saber por qué escritores como Maria Aurèlia Capmany, Joan Brossa o Manuel de Pedrolo escogieron en los años cuarenta y cincuenta el catalán como lengua literaria cuando estaba prohibido y tenia una escasa difusión”, explica Gabancho. Tras los coloquios, la autora ha encontrado la respuesta: “El proyecto civil y cultural que se consolidó con la República era tan potente, que esta gente rechazó el mundo clerical, facista, carca, grosero y sórdio en el que se vio sumergida la sociedad catalana. Se crearon un mundo virtual para escapar de la realidad de la postguerra. Lo hicieron dando continuidad a un proyecto cultural que se inició con la Reinaxença y culminó en el periodo republicano.”
El volumen se adentra en ámbitos culturales diversos y combina testimonios de primera mano y reflexiones de glosadores de protagonistas ya desaparecidos. Los entrevistadosson Josep Maria Ainaud, Joan Triadú, Miquel Porter Moix, Albert Manent, Hilari Raguer, Romà Gubern, Jordi Sarsanedas, Frederic-Pau Verrié, Arnau Puig, Joaquim Molas, Josep Maria Espinàs, Agustí Pons, Lluís Permanyer, Josep Maria Castellet, Carme Riera, Josep Palau i Fabre, Francesc Vicens, Paco Candel y Salvador Giner.
Los aspectos tratados son tan dispares como los interpelados. El paisaje moral de la postguerra, Montserrat y el papel de la Iglesia, las revistes enfrentadas de arte Ariel y Dau al Set, la llegada masiva de inmigrantes de otras comarcas de España, los minúsculos espacios de libertad, la actitud de la burguesía, las míticas reuniones de intelectuales en casa del poeta Carles Riba y la resistencia antifranquista desde la continuidad son algunos de los temas tratados en los diálogos.

Memoria oral
“Es una generación con un gran patrimonio que se va extinguiendo. Como periodista, creo mucho en la memoria oral”, afirma Gabancho. Gracias a las palabras de los entrevistados, el retrato de la postguerra se llena de matices. “La sociedad autóctona de los años treinta estaba totalmente catalanizada. Cuando irrumpe el franquismo, parte de la alta burguesía creyó que el catalanismo fue el culpable de la guerra. La pequeña y mediana burguesía no pensaba igual”, indica la autora. “Es una visión muy matizada Riba decía que entre los catalanes había facistas y republicanos de izquierdas. No todos eran vencidos, por tanto. Pero añadia que cataluña como proyecto cultural y civil, sí había sido vencida en la Guerra Civil”.




Voces de posguerra
Sergi Doria
ABC, 15 de abril de 2005

En 2003 el Museu d´Història de Catalunya acogió «Juxtaposicions», un ciclo de diálogos conducido por Patricia Gabancho. La intención era «conservar el testimonio de una generación que se está extinguiendo». Reunidas en «La postguerra cultural a Barcelona» (Meteora), las conversaciones abarcan de 1939, el año de la derrota republicana, hasta 1959, cuando el Plan de Estabilización posibilitará el desarrollismo de los sesenta. La retórica falangista de los primeros años, la diáspora de toda una generación intelectual, la represión cultural y moral, la precariedad económica y las iniciativas que permitieron reagrupar las «piedras dispersas» del edificio cultural de Cataluña son algunos de los aspectos abordados por Josep M. Ainaud de Lasarte, Paco Candel, Josep M. Castellet, Josep M. Espinàs, Salvador Giner, Romà Gubern, Albert Manent, Joaquim Molas, Josep Palau Fabre, Lluís Permanyer, Agustí Pons, Miquel Porter Moix, Arnau Puig, Hilari Raguer, Carme Riera, Jordi Sarsanedas, Joan Triadú, Frederic-Pau Verrié y Francesc Vicens. «Me pregunto porqué una generación escogió una lengua proscrita como el catalán y se creó un mundo virtual para sobrevivir culturalmente», afirma Gabancho.

Personas y circunstancias
El monje e historiador Hilari Raguer recuerda así la entrada de los ancionales en Barcelona. «Hacía poco que había presenciado el famoso desfile de despedida de las Brigadas Internacionales. Diagonal arriba, y poco después la entrada de las tanquetas italianas y las brigadas navarras, Diagonal abajo. Se producían, más o menos, los mismos aplausos.»
El historiador Josep M. Ainaud de Lasarte subraya la hipocresía de unos tiempos en que la moralina convivía con el estraperlo: «Pensemos que se llegaron a imponer imbecilidades inconcebibles, como que no se podía estar en bañador en la playa. ¡Se había de estar con el albornoz puesto! Pero al lado había una playa que tenía la calificación de ´solarium´ y allí sí podías estar en bañador».
Tiempos en los que las apariencias sociales encubrían dramas personales y estrecheces domésticas. «En los años cuarenta, -dice Francesc Vicens- todo era falso. Son los años del ´piojo verde´, una epidemia de tifus de la que la gente moría; que cada día había una docena de fusilados en el Campo de la Bota... Pues en el año 1940, en el paseo de Gracia todo el mundo iba elegantísimo, los hombres vestían americana y corbata. Los obreros, que en la fábrica se habían de poner el mono de trabajo, también iban con americana y se les reconocía porque llevaban la ´fiambrera´ que les preparaba la mujer, porque con el sueldo que cobraban no podían comer en ningún sitio».
El recientemente fallecido Miquel Porter Moix, historiador del cine y librero en el Portal de l´Àngel, evoca personajes decisivos como el añorado Vicens Vives: «Se presentaba com un aliadófilo e incluso, esto es rigorosamente cierto, tenía trato con gente del Foreign Office británico...»
El profesor de comunicación Román Gubern pertenecía a la burguesía barcelonesa y fue testimonio de las «dos Españas», Su abuelo materno era el banquero Garriga-Nogués, y su padre, un abogado de raíces republicanas. Recuerda los años de la Guerra Mundial con su abuelo germanófilo y su padre, aliadófilo, que escucha la BBC. «Debajo de casa, en el paseo de Gracia, teníamos una oficina de propaganda del Tercer Reich, muy bien montada. Regalaban unas revistas, «Signal» y «Adler», bien hechas, con fotografías excelentes. Cuando Alemania perdió la guerra, de la noche al día aquello quedó vacío, con los papeles por el suelo...».
Lluís Permanyer elogia la figura de Josep M. de Sagarra y su debut periodístico en en el semanario «Destino». Josep Vergès, apunta, «era un hombre de ideas muy claras, sabía exactamente lo que quería... Era muy, muy autoritario. Tenía unas peleas tremendas con la censura, que se oían los gritos desde fuera de su despacho y las discusions acababan colgando el teléfono con mucha violencia».
Revistas como «Ariel» o «Laye» ayudaron a la recuperación cultural. Los de «Laye», cuenta Josep M. Castellet, «éramos un grupo de jóvenes que estabamos viviendo un descubrimiento literario, que poco a poco se hace político, pese a que éramos más inconformistas que salvajes, y del todo antifranquistas. La revista está progresivamente trufada de signos antifranquistas; palabras, frases, citas, pequeñas cosas significativas. Al lado de textos falangistas, claro...».

Exilios y emigraciones
Como otros intelectuales, el poeta Josep Palau i Fabre vivió un «exilio interior» que le llevó a marcharse a París: «Si he de decir la verdad, en aquella época me sentía muy solo en mi casa. Amigo íntimo, íntimo, quizá no llegué nunca a tenerlo, nadie que comulgara del todo con mi manera de pensar y de setir, y muy a menudo iba solo a pasar un par o tres de horas al Molino. Era la máxima distracción que tenía, para huir de todo».
Fueron años de racionamiento alimenticio y de inmigración. Barracas y realquilados. «Realquilaba el que tenía un piso, -explica Paco Candel- No hacía falta ni habitación libre. Pongamos tres habitaciones, que es lo más normal. Entonces el matrimonio y los hijos ocupaban las dos habitaciones más grandes y en la que sobraba metían dos o tres personas».




La cultura dels anys grisos del franquisme a Barcelona
Eva Piquer
Avui, 01 de abril de 2005

Patrícia Gabancho recull a 'La postguerra cultural a Barcelona (1939-1959)' una vintena de converses amb testimonis de primera
mà de dues dècades fosques.
Les converses van tenir lloc entre el febrer i el juliol del 2003 al Museu d'Història de Catalunya, dins d'un cicle titulat Juxtaposicions. "Responien al meu desig d'analitzar els anys grisos, els anys del silenci, a partir de testimonis d'una generació que s'està extingint", explica la periodista. Amb aquest objectiu va convidar a parlar els protagonistes culturals de la primera postguerra, i els biògrafs i estudiosos d'escriptors ja desapareguts com Nèstor Luján, Maria Aurèlia Capmany, Joan Brossa i Manuel de Pedrolo. La nòmina final dels participants a les converses ara transcrites i publicades la formen Josep Maria Ainaud, Paco Candel, Josep Maria Castellet, Josep Maria Espinàs, Salvador Giner, Romà Gubern, Albert Manent, Joaquim Molas, Josep Palau i Fabre, Lluís Permanyer, Agustí Pons, Miquel Porter i Moix, Arnau Puig, Hilari Raguer, Carme Riera, Jordi Sarsanedas, Joan Triadú, Frederic-Pau Verrié i Francesc Vicens.
"Volia entendre com és que hi havia gent jove disposada a escriure novel·les en català, una llengua prohibida i condemnada a un circuit de difusió gairebé clandestí -diu Gabancho-. Costa d'entendre que una generació literària triï fer novel·les sense lectors, per fidelitat a un món que no havien viscut. Em vaig entestar a conèixer els mecanismes d'aquesta fidelitat".
Després d'acostar-se a la realitat d'aquella època a través dels testimonis orals dels qui la van patir en primera persona, Patrícia Gabancho ja ha entès el perquè de la continuïtat cultural i cívica de la primera postguerra: "El projecte civil que es consolida amb la República és tan potent que tota una generació es nega a entrar de cop en un món clerical, repressor, carca, feixista, militaritzat, groller, sòrdid i miserable. Només la cultura els permet donar continuïtat a un món que ja ha desaparegut. I prefereixen instal·lar-se en la realitat virtual de la continuïtat clandestina".




Batalles de després de la guerra
Manuel Cuyàs
El Punt, 02 de abril de 2005

La periodista Patrícia Gabancho recull en un llibre de converses amb testimonis actius la represa i lluita cultural barcelonina entre els anys trenta i cinquanta, amb moltes notícies que fins ara no se sabien amb tant detall.
Fa dos anys, es van celebrar al Museu d’Història de Catalunya unes jornades amb nom de Juxtaposicions que van fer desfilar personalitats de la cultura catalana que havien tingut protagonisme en els anys de la postguerra. Es tractava que recordessin l’època tètrica i heroica en veu alta a partir de l’experiència pròpia. Hi van assistir, per ordre alfabètc, Josep Maria Ainaud de Lasarte, Paco Candel, Josep Maria Castellet, Josep Maria Espinàs, Salvador Giner, Romà Gubern, Albert Manent, Joaquim Molas, Josep Palau i Fabre, Lluís Permanyer, Agustí Pons, Miquel Porter Moix, Arnau Puig, Hilari Raguer, Carme Riera, Jordi Sarsanedas, Joan Triadú, , Frederic-Pau Verrié, Francesc Vicens. N’hi va haver, com Pons o Permanyer, que no van poder ser activistes en aquells anys perquè eren massa joves, però la seva pressència a les jornades va servir per aportar la memòria de personatges morts que ells han estudiat i que van ser molt importants aleshores. És el cas, per exemple, de Nèstor Luján i de Josep Maria de Sagarra.
Ara, la periodista Patrícia Gabancho ha recollit en un llibre aquelles conferències o més aviat converses que ella mateixa va moderar i incentivar, i s’ha de dir per començar que es tracta d’un llibre molt bo, molt amè, molt documentat i que es llegeix amb un gran interès. Es titula La postguerra cultural a Barcelona i l’ha editat Meteora. Els intervinents no diuen en general res que ells mateixos no hagin dit en altres llocs o no hagin deixat escrit en llibres memorialístics, articles o entrevistes, però com que Patrícia Gabancho no és catalana d’origen, sinó que és argentina -una argentina integrada a Catalunya de fa anys i panys- i no va viure aquella època, fa als personatges unes preguntes que periodistes naturals del país no farien mai perquè les donarien per sabudes o sobreenteses. Les inquisicions de Gabancho fan que els interrogats entrin en uns detalls –com reia o no reia o no volia riure Espriu, com eren les trobades a casa del matrimonio Riba, quin humor gastava Sagarra, fins a quin punt era del règim Martí de Riquer– que finsara no s’havien pintat amb tanta vivesa i precisió.
El llibre, com les conferències originàries, peca només d’un barceloninocentrisme excessiu, com si fora de Barcelona no s’hagués fet res ni hi hagués hagut ningú o com si Sagarra, Riba i Foix no haguessin transportat les seves tertúlies o conferències més enllà de la capital, cridats per inquiets que també feien activitats per salvar una llengua i una cultura.

El Banquet de la Victòria i els Fets de ¡Cu-Cut!


Cent anys de l’assalt militar al "Cu-Cut"
Pere Lobato
Presència / El Punt, 08 de abril de 2005

L’historiador Francesc Santolaria descriu com es van succeir El Banquet de la Victòria i l’assalt d’un grup de militars al setmanari satíric. L’assalt va desembocar en la llei de jurisdiccions i, de retruc, en la creació del primer moviment unitari catalanista

El 1898 és conegut com l’any de la pèrdua de les darreres colònies espanyoles i el 1909, per la Setmana Tràgica. aquestes són dues dates que delimiten un període en què no falten altres esdeveniments, menys coneguts, però igualment importants per al que estava a punt de passar a catalunya: el naixement d’un catalanisme de nou format i la creació de la Solidaritat Catalana. Dos d’aquests esdeveniments, el novembre del 1905, van ser el Banquet de la Victòria (el sopar amb què la Lliga Regionalista va celebrar una victòria més moral que real en les eleccions municipals a Barcelona) I els fets del Cu-Cut! (l’assalt militar a la redacció i a la imprenta d’aquest setmanari satíric vinculat a la lliga). L’historiador Francesc Santolaria, conscient que molta gent els desconeix, els reivindica en un llibre que recorda tots els detalls d’aquests dos episodis, vestint a la vegada un bon retrat de la situació política d’aquella catalunya dels primers anys del segle XX.
Al novembre es compliran cent anys d’aquells dos episodis. En el llibre El Banquet de la Victòria i els fets de <>, cent anys de l’esclat catalanista de 1905 (Editorial Meteora), Santolaria analitza els actors que apareixen a escena en aquella època, con són el bipartidisme monàrquic de conservadors i liberals, el republicanisme radical de Lerroux, el catalanisme de la Lliga Regionalista, el paper de la premsa i, sobretot, el de l’exèrcit. Tot plegat per repescar uns fets, segons l’autor, van marcar una generació i <>. Les sinergies a què es refereix Santolaria no són altres que l’acostament entre republicans no lerrouxistes, regionalistes i carlins per aplegar-se sota la fórmula de Solidaritat Catalana, una experiència unitària que, tot i no ser duradora en el temps, va suposar el naixement d’un catalanisme que anava més enllà del tradicional conservadorisme de la Lliga Regionalista. <>, defensa Francesc Santolaria.

Els fets
El 12 de novembre del 1905 es van celebrar unes eleccions que van sacsejar l’Ajuntament de Barcelona. Tal com passa encara avui, tots els partits van trobar motius per sentir-se guayadors. Per deixar-ho clar, la Lliga Regionalista va convocar per a sis dies després un gran sopar al Frontó Comtal barceloní. La convocatòria no va agradar als republicans de Lerroux, l’etern rival. Després del sopar, i sense que quedés clar qui va iniciara l’incident, un grup de comensals i un altre de la lerrouxistes es van enfrotar a la ronda Universitat. Es van registrar alguns ferits lleus. Cinc dies més tard, el setmanari satíric Cu-Cut! va publicar una edició monogràfica sobre el Banquet de la Victòria, en què apareixia un acudit que va irritar els militars. La tarda del 25 de novembre, un grup de soldats es va concentrar a la Plaça Reial com a protesta per l’acudit i hores més tard van cremar la redacció i la imprenta de la publicació satírica, així com les oficines de La Veu de Catalunya, el diari vinculata la Lliga Regionalista.
La reacció del govern de Madrid va ser impulsar la llei de jurisdiccions, segons la qual les ofenses a la pàtria i a l’exèrcit pasaven a ser jutjades per la via militar i no pas per la civil. Bona part dels diputats i senadors catalans es van oposar a la llei sense èxit, i a Catalunya es va crear un malestar polític tan gran que va aconseguir crear el moviment unitari de Solidaritat Catalana.
Què va aportar políticament de nou Solidaritat Catalana? A qui i de quina manera va beneficiar la llei de jurisdiccions? Fins a quin punt Madrid va saber mesurar la importància social del catalanisme? Per què el poder civil espanyol va acabar concedint més poder a l’exèrcit? Santolaria respon a aquestes preguntes sota la premissa que, en el fons l’acudit només va ser l’excusa que l’exèrcit necessitava per trobar un enemic intern, un cop perdudes les colònies. Però, sobretot, l’autor traça un recorregut en què posa de manifest que la capacitat d’influència de l’exèrcit sobre el govern civil era més gran del que aparentment semblava. Un poder que enllaça amb les dictadures de Primo de Rivera i Franco.

El cèlebre acudit de Junceda
Poques vegades un acudit ha portat tantes conseqüencies polítiques per a un país. Joan Junceda va ser l’autor de la caricatura que tants ànims va exasperar entre els militars. S’hi veu un militar d’alt rang que pregunta a un civil com és que hi ha tanta gent al Frontó Comtal. L’altre li contesta que s’hi celebra el Banquet de la Victòria, de manera que el militar afegeix que, si es tracta d’una victòria, això no pot tenir res a veure amb ell hi escriu paisano com a sinònim de civil). Junceda, que era fill de militar, ironitzava així sobre les darreres derrotes de l’exèrcit espanyol, que acabava de perdre Cuba i Filipines.
El fet que Junceda fes sortir un militar d’alt rang a la caricatura no era gratuït. L’autor el dibuixa ben engalanat, amb la panxa plena i passejant per la nit barcelonina. Aquest era el perfil dels militars que més rebuig suscitava entre els barcelonins, ja que se’ls feia responsables de la mort de milers de soldats, la majoria dels quals procedien families pobres o humils.

Un exèrcit amb la moral per terra
La pèrdua de Cuba i Filipines va ser un cop molt dur per un exèrcit que havia arribat a controlar un imperi en el qual <>. Es perdien les colònies al mateix temps que França, el Regne Unit, Italia i Alemanya iniciavem una nova aventura colonitzadora, de la qual Espanya va quedar quasi al marge. El seu control es va limitar al nord d’Àfrica, amb resultats més que dubtosos. L’estructura i els recursos de l’exèrxit van quedar obsolets, com ho va demostrar l’enfonsament del creuer de la marina Cardenal Cisneros a les ries gallegues (el mateix 1905), un fet que va acostar-se al ridícul quan es va saber que les cartes de navegació que portava el vaixell eren del 1835, mentre que la marina britànica disposava de cartes més modernes del mateix litoral gallec. L’exèrcit no estava precisament per acudits. Aquesta situació va fer que els militars, davant del desastre exterior, demanessin més poder a l’interior de l’Estat i, segons Santolaria, s’inventessin un nou enemic: el catalanisme polític.

El contex polític
El 1905 la situació política a Catalunya començava a perfilar-se com a diferent a la que hi havia a la resta de l’Estat, on conservadors i liberals s’anaven alternant en el poder, en un pacte implícit que garantia que el sistema no tingués gaires sobresalts. En canvi, a Catalunya, la Lliga Regionalista i el seu catalanisme conservador ja era un partit ascendent, sobretot després de <> a les eleccions del 1901. El gran rival de la Lliga eren els republicans d’Alejandro Lerroux, que buscava la complicitat del món obrer. Tant regionalistes com lerrouxistes van viure les seves escissions. La Lliga Regionalista la va patir el 1904, amb la visita del Rei a l’Ajuntament de Barcelona com a darrer detonant i que va precipitar l’escissió de l’ala més <> del catalanisme burgès. La dels lerrouxistes es va produir el 1906, deixant per a Lerroux el republicanisme més radical. En aquest context es va gestar el naixement de Solidaritat Catalana.

La primera experiència unitària
La llei de jurisdiccions va tenir el mèrit d’unir a Catalunya diferents tendències polítiques que fins aleshores estaven enfrontades. La majoria de diputats i senadors catalans es van oposar a la llei. La seva oposició no va servir de gaire, però quan van tornar a Barcelona van ser rebuts en honor de multituds en el que es va conèixer com la Festa de l’Homenatge. Naixia així, al 1906, la Solidaritat Catalana, el primer gran moviment unitari amb el fet nacional com eix vertebrador. Francesc Santolaria assegura que aquell va ser el primer cop en què es va fer visible un republicanisme català i un nou catalanisme més interclassista. Solidaritat Catalana pràcticament lerrouxista i els partits monàrquics espanyols. Fins al 1908 tot van ser victòries electorals. Però en una amalgama tan diversa no van trigar a sorgir les contradiccions internes. a principis de 1909, aquesta primera experiència es va acabar desintegrant.




Els fets del 'Cu-cut!': militars contra catalanistes
Lluís Martínez
Avui, 19 de mayo de 2005

El 1905 és un any capital per al naixement del catalanisme polític: en les últimes setmanes d'aquell any es va gestar un moviment interclassista que va culminar en la Solidaritat Catalana, gran guanyadora, a Catalunya, de les eleccions que es van celebrar l'abril del 1907. Aquesta coalició va néixer davant la certesa, demostrada pels fets, que els militars havien posat el poder civil de genolls i que no hi podia haver cap més concepte de pàtria que el seu.
El 1905, ara fa un segle, doncs, una societat dinàmica com la catalana ja es va adonar que no es podia refiar gens del poder central. Però el 1905 no només va ser l'any de l'enlairament del catalanisme, sinó també, en processos que s'alimentaven mútuament, el de la militarització de la vida política espanyola, que va culminar, una trentena d'anys després, en un conflicte civil.
Un episodi notable en la consolidació del moviment catalanista, perquè va obrir els ulls a molts, va ser l'assalt que desenes d'oficials de la guarnició de Barcelona van protagonitzar, la nit del 25 de novembre del 1905, a les redaccions del setmanari satíric Cu-cut! i del diari La Veu de Catalunya -publicacions de la Lliga Regionalista- i a la impremta Galve.
Els antecedents, el desenvolupament i les conseqüències polítiques d'aquest episodi s'expliquen en el llibre de l'historiador Francesc Santolaria Torres El Banquet de la Victòria i els fets de Cu-cut!, acabat de publicar per l'editorial Meteora. No és tracta només d'una explicació molt detallada de tots aquests fets, sinó que la narració s'emmarca en tot el moment històric de la Catalunya i l'Espanya de principis del segle XX.

VICTÒRIA SIMBÒLICA I MORAL
Al tombant del segle, els partits dinàstics i el caciquisme havien fet fallida a Catalunya. Les eleccions eren molt menys manipulables que a Espanya. Un nou signe del canvi es va produir a les municipals celebrades al novembre: va guanyar la lerrouxista Unión Republicana, però no va poder col·locar tots els seus candidats, com esperava; en canvi, la segona força, la Lliga Regionalista, sí que va aconseguir actes per a tots els que s'hi havien presentat. Es tractava, doncs, d'una victòria simbòlica i moral, però victòria al capdavall, perquè marcava un canvi de tendència.
Per donar-li la solemnitat que tal fita exigia, la Lliga va convocar un sopar (el Banquet de la Victòria) que es va celebrar al Frontó Comtal (llavors al número 299 del carrer Rosselló de Barcelona), amb un menú preparat pel propietari de Can Culleretes. Hi va haver alguns incidents al final de la festa, quan un grup de regionalistes van passar per davant de la Fraternidad Republicana. Els fets greus, però, s'esdevindrien uns dies després.
El setmanari Cu-cut! del 23 de novembre estava dedicat gairebé en exclusiva al banquet. En aquest número va sortir un acudit del gran Junceda que donava a entendre clarament que si algú celebrava una victòria per força havia de ser un civil, ja que els militars feia molts anys que no en podien celebrar cap. Aquest va ser l'acudit que va motivar l'assalt.

SOLDATS I CAPELLANS
Pot semblar una reacció desproporcionada, però és que la crítica constant als militars era un signe distintiu del setmanari, igual que l'anticlericalisme ho era de les publicacions satíriques més vinculades als republicans. El Cu-cut! portava ja molts números publicant acudits i articles crítics amb la ineptitud manifesta dels militars, més atents a les formes que a les essències. I per si amb això no n'hi hagués prou, era una publicació catalanista, ideologia que els militars identificaven amb l'enemic interior.
Que la raó de l'atac era el catalanisme creixent -separatismo, per als militars- i no l'acudit de Junceda ho prova l'assalt a La Veu de Catalunya. L'atac, que va quedar impune, va fer veure als catalanistes de tot l'espectre polític (és a dir, des de republicans fins a carlins) que el poder central els considerava com una colònia i que la intervenció militar en la vida pública ja era preocupant.
Era un fet extraordinari? El pitjor de tot és que no. És a dir, davant l'evolució d'una realitat política que no s'entenia, es va optar per posar-la fora de la llei. És una actitud vigent encara avui dia. A més, els militars ja comptaven amb una certa tradició d'assaltar i destruir totes les publicacions que posaven en qüestió el seu sempre irritable honor. Amb l'afegit que equiparaven el seu honor, el personal, amb el de la pàtria.
Els militars assaltaven qualsevol publicació que els criticava. Però en el cas de Catalunya, la cosa va anar més enllà: com a reacció de Madrid, es van suspendre les garanties constitucionals i es va impulsar la Llei de Jurisdiccions perquè tot el que els oficials consideressin que atemptava contra la sacrosanta unitat pàtria -i contra ells, com a màxims representants- pogués ser portat davant els tribunals.
En aquells mesos es van organitzar diversos actes, inclòs un homenatge als diputats catalans que van plantar cara a aquesta llei entreguista, actes que "tenen la vàlua d'esdevenir una escola de catalanisme al carrer", explica l'autor del llibre. La festa d'homenatge, afegeix l'historiador, "tingué a més, la força de ser un moviment interclassista a través de l'espectacular energia de l'associacionisme català, de manera que serví de desautorització als que s'entestaven [com Lerroux] a equiparar catalanisme amb burgesia".

L'ALTRA CARA DE LA MONEDA
Aquesta efervescència interclassista va permetre, l'abril del 1907, el triomf de Solidaritat Catalana: la coalició va treure 41 diputats, dels quals 21 eren republicans que havien trencat amb Lerroux, un fet que el líder radical no va saber valorar en tota la seva dimensió. Els fets del Cu-cut!, doncs, van precipitar l'aparició d'una consciència nacional i un canvi en el panorama polític de Catalunya.
L'altra cara de la moneda, però, de la qual no es parla gaire en les històries que repassen aquest període -aquest llibre n'és una excepció-, és que al costat de la consolidació del catalanisme polític, el poder civil central va haver de cedir quotes de poder a l'exèrcit. "Els militars van trobar en l'element patriòtic antiseparatista la clau perquè el poder civil de l'Estat concedís l'accés al domini de facto del país". Aquesta actitud va ser un preludi de la creixent pressió militar en la vida civil, que va acabar governant amb governs dictatorials.




Un libro aborda los cien años del asalto a ¡Cu-Cut!
Jordi Manzanares
Diari de Terrassa, 25 de noviembre de 2005

La noche del 25 de noviembre de 1905, decenas de oficiales del Ejército asaltaron y saquearon la redacción de ¡Cu-Cut!, como reacción a un chiste publicado en este semanario satírico ideológicamente vinculado a la Lliga Regionalista. El Gobierno, en lugar de castigar a los asaltantes, suspendió las garantías constitucionales en Barcelona y promulgó una ley por la que los delitos contra “la esencia patriótica del Estado” serían juzgados por la vía militar. Como respuesta a esa ‘Ley de Jurisdicciones’, las diferentes tendencias del catalanismo constituyeron la coalición Solidaritat Catalana, que obtendría varias victorias electorales. Francesc Santolaria Torres (Barcelona, 1963), profesor del IES Duc de Montblanc de Rubí, analiza aquellos hechos en el libro “El Banquet de la Victòria i els Fets de ¡Cu-Cut!”. El autor participó también en el auditorio del Museu d’Història de Catalunya en la mesa redonda “Els Fets de ¡Cu-Cut!, cent anys després”, organizada por el Centre d’Història Contemporània de Catalunya y en la que también intervinieron Jordi Casassas Ymbert, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona (UB); Agustí Colomines Companys, profesor de Historia Contemporánea de la UB y director del Centre Unesco a Catalunya, y Eduardo González Calleja, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid. “Aquellos hechos no causaron ni un muerto ni colapsaron ninguna instancia política, pero supusieron una renuncia del poder civil ante los militares”, señala el autor. El chiste, ilustrado por Junceda y publicado en el número 204 de ¡Cu-Cut!, con fecha del 23 de noviembre de 1905, aparecía en un clima de crispación y pesimismo tras la derrota colonial de 1898. TESTIMONIOS
Santolaria dedicó un año de trabajo a la preparación de esta obra, en la que resultó especialmente útil la consulta de memorias y biografías de personas que vivieron aquellos hechos, en algunos casos poco conocidas. Entre esos testimonios figura el del pintor y dibujante terrassense Pere Prat i Ubach (1892-1969), que con el seudónimo de Pere de la Fassina publicó un artículo al respecto en 1951 en La Nostra Revista, editada en México. Otro terrassense mencionado en el libro de Santolaria es Josep Roca i Roca (1848-1924), que comentó la situación desde el semanario L’Esquella de la Torratxa y acabó integrándose en la Solidaritat Catalana.




Cien años de una ignominia
Josep M. Huertas Claveria
La Vanguardia, 06 de diciembre de 2005

El azar ha querido que coincidan en el mercado dos libros con un punto en común: recordar la barbaridad que se cometió hace un siglo al quemar la redacción de dos publicaciones - ¡Cu-cut! y La Veu de Catalunya-y destruir los talleres donde se imprimía la primera.
Formalmente la causa directa fue un chiste de Junceda, en el que se veían un paisano y un militar hablando delante del Frontón Condal, donde iba a celebrarse un triunfo electoral de la Lliga, partido afín al semanario satírico ¡Cucut!
El militar preguntaba al paisano: "¿Qué se celebra aquí que hay tanta gente?". Y el otro le respondía: "El banquet de la Victòria". Yel militar comentaba: "¿De la Victoria? Ah, vaya, serán paisanos". El chiste apareció en el número del 23 de noviembre de 1905. Hacía pocos años del desastre colonial y la sensibilidad del ejército estaba aún a flor de piel. Dos días después, un grupo de oficiales asaltaba y destruía la redacción del semanario, la imprenta Galve, y la redacción de La Veu de Catalunya,diario que también era de la Lliga.
Esta historia ha sido recordada en un brillante estudio del profesor de instituto Francesc Santolaria, que ha editado Meteora con el título "El banquet de la Victòria i els fets de ¡Cucut!".Yal mismo tiempo la editorial Viena y el Ayuntamiento de Barcelona han editado un libro singular, Cops de gent,que recoge una selección de manifestaciones acaecidas en la ciudad entre 1890 y 2003. Los autores son en este caso tres: Roger Adam, Andrés Antebi y Pablo González. Incluyen la manifestación del domingo 20 de mayo de 1906, cuando alrededor de 200.000 personas rindieron homenaje a los diputados catalanes que habían intentado, inútilmente, impedir la aprobación de la ley de Jurisdicciones, consecuencia básica de los llamados fets de ´¡Cu-cut!´.Entre los manifestantes había un niño de 12 años, que recibió un fuerte golpe por parte de un lerrouxista. El niño era el futuro poeta Joan Salvat-Papasseit.
Cualquiera puede imaginar que los asaltantes de los periódicos fueron castigados de alguna manera, pero se equivocaría de medio a medio. Al revés, el incidente fue jaleado en buena parte de España como la gota que había hecho desbordar el vaso de la paciencia militar y surgió la idea de que una legislación especial evitaría tales excesos.Y así se fraguó la Ley de Jurisdicciones, que permitiría a los militares ser juez y parte, es decir, denunciar y juzgar a quienes se extralimitasen en sus críticas hacia el ejército. La ley se aprobó el 23 de marzo de 1906 y duró, con intermitencias, hasta 1979, con el caso de Els Joglars y La torna como traca final.
Como único e importante consuelo quedó la constitución del movimiento de Solidaritat Catalana, que unió gentes tan diversas como gente de la Lliga, republicanos y carlistas. Protestaron en el Congreso de Diputados, pero estaba escrito que la ley de Jurisdicciones había de salir adelante para contentar al ejército.
La manifestación fue un éxito, como muestran las fotos y los textos de Cops de gent.Uno de ellos es de Claudi Ametlla, que en sus memorias evoca que "fou sens dubte en aquesta ocasió que els catalans s´apassionaren per la bellesa de les grans mobilitzacions".

Los Vila. Una saga de artistas de su tiempo


Jackson-Vila

Revista "Leer", 03 de febrero de 2005

Gabriel Jackson no necesita presentación. Tampoco la lista interminable de sus preferencias temáticas a la hora de abordar un nuevo libro, que no se quedan en su labor de historiador -aunque ésta siempre esté presente-, sino que abarcan campos tan diversos como la propia Historia (son reconocidos sus trabajos de hispanista sobre la España medieval y la Guerra Civil), la música, la filosofía, la literatura y la pintura. La editorial Meteora nos ofrece, en una atractiva edición de original formato, una prueba manifiesta de su pasión por esta última disciplina. Los Vila, título que da nombre a una saga de artistas con origen en Sabadell, propone un recorrido por 125 años de producción pictórica. Con sus particualidades y sus inquietudes personales, estas cuatro generaciones de artistas, desde el fundador de la saga y también fundador de la Academia de Bellas Artes de Sabadell, Joan Vila Cinca, hasta los últimos por el momento, Antoni, Eusebi y Jordi Vila Delclòs (orientados al diseño gráfico y la ilustración de libros), todos han iluminado el panorama artístico catalán durante más de un siglo.




Los Vila de Sabadell
Violant Porcel
La Vanguardia, 08 de junio de 2005

Los Vila. Una saga de artistas de su tiempo del historiador e hispanista Gabriel Jackson ilustra la trayectoria de una familia de artesanos y creadores procedentes de Sabadell, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta hoy. La historia empieza con Joan Vila Cinca en Sabadell hacia 1850 cuando, al compás de un fuerte desarrollo económico centrado en el textil, comenzaron a proliferar las actividades culturales, dirigidas a todas las clases sociales y con una sensibilidad popular que constituiría una característica catalana. Joan Vila Cinca consiguió que el arte tuviera un papel relevante en la ciudad, por ejemplo con la fundación de su Academia de Bellas Artes. Él había sido compañero de Santiago Rusiñol y Ramon Casas, pero su talante clasicista le apartó del Modernismo, así que su pintura permaneció fiel al realismo convencional, dedicándose sobre todo al paisaje. Y justamente durante una excursión al campo, en 1908, Vila Cinca halla unas piezas de alfarería romana que llevaron al descubrimiento de Arraona, la que fue ciudad romana de Sabadell, y él mismo asumirá las tareas arqueológicas que rescataron sus ruinas.
La fractura de la Guerra Civil
El siguiente miembro destacado fue su hijo, Antoni Vila Arrufat, que formó parte de la Colla de Sabadell con Joan Oliver (el futuro Pere Quart), los hermanos Trabal, Lluís Parcerisa, Armand Obiols o Rafael Durancamps.Un grupo que desde comienzos del siglo XX hasta la Guerra Civil se proyectó en toda Catalunya, sin que existiera aún el prepotente centralismo de Barcelona. Allí Vila Arrufat plasmó una pintura delicada, próxima a los ideales novecentistas de D´Ors. Pero la dictadura franquista lo dispersó todo. Aunque Vila Arrufat consiguió gozar de la consideración artística del régimen, sus ingresos fueron escasos y subsistió principalmente a través de encargos religiosos, destacando como muralista, además de verse obligado a pintar uno de los retratos de Franco que presidieron el Ayuntamiento de Sabadell. En 1942 enviaron dos de sus cuadros a una exposición en Berlín, y Goebbels, el siniestro ministro de propaganda de Hitler, quedó prendado de uno de ellos, La modista, de bello intimismo. El Gobierno español quiso regalárselo, pero Vila Arrufat ahí ya no cedió objetando que el lienzo tenía propietario.
Joan Vila-Grau, hijo de Vila Arrufat, ha trabajado con intensidad la escultura abstracta con maderas manipuladas y ha sobresalido en el vitral, realizando encargos de importacia como los de la Sagrada Família y potenciando esta modalidad artística. La última generación, con Antoni, Eusebi y Jordi Vila Delclòs, ha seguido los pasos artísticos de sus antecesores. Estamos ante una familia con cuyas virtudes y encuadre Jackson traza también el retrato de un estrato social y cultural fundamental en el país.

Butte, gener a París


Un hivern a França
D. Sam Abrams
Avui, 03 de febrero de 2005

Jordi Cervera (Reus, 1959) pertany a la feliç casta d'escriptors com ara Sebastià Alzamora, David Castillo, Ricard Creus, Maria Mercè Marçal, Miquel de Palol, Valentí Puig i Antoni Vidal Ferrando, que dominen simultàniament la poesia i la narrativa. La veritat és que és extremadament difícil arribar a conrear els dos gèneres amb el mateix grau de mestratge i no caure en el perill de fer novel·les de poeta o ser un novel·lista que fa versos.
En el cas concret de Jordi Cervera, qualsevol que hagi seguit la seva trajectòria literària de prop sabrà que el camí no ha estat gens fàcil. En principi, pesava excessivament el seu vessant de narrador i la seva poesia patia les conseqüències d'estar massa supeditada a la narrativa. Cervera no va voler conformar-se sent únicament narrador i renunciar a ser poeta perquè, en definitiva, la seva personalitat artística necessita les dues maneres d'expressió literària. Al poemari Atzavara (Arola, 2003), Cervera demostrava que ha guanyat la batalla amb la musa. I ara, per reblar el clau, ens presenta un nou treball poètic, Butte, gener a París, que provocadorament es passeja pels límits fronterers entre la poesia i la prosa, tant de tema com formalment. En l'àmbit temàtic, el poemari és una curiosa barreja entre un llibre de viatge, una història d'amor i un dietari personal, mentre que formalment els poemes dibuixen un arc que va des de l'haiku fins al poema en prosa, passant pel vers lliure. En definitiva, a Butte, gener a París, Cervera ha sabut explotar hàbilment aquest punt de tensió entre la poesia i la prosa, justament per acabar potenciant el lirisme del conjunt.
Algú podria pensar que la gràcia del llibre acaba aquí, en una proposta originalíssima de tipus temàtic i formal, però no. La proposta de canalitzar una crònica de viatge, una història d'amor i un dietari personal a través del vers i, de passada, experimentar amb els límits formals de la lírica, és només un punt de partida, una base o un pretext per llançar-se a explorar una sèrie de temes que vertebren el llibre.
Cervera sap perfectament que el viatge és, al capdavall, una dislocació en l'espai que ens proporciona una ocasió única per al coneixement, el coneixement extern del nou i estrany entorn, i el coneixement de nosaltres mateixos en veure les nostres reaccions davant aquest nou i estrany entorn. A més, aquest circuit del coneixement es complica a Butte, gener a París perquè el poeta es troba davant una doble realitat exterior per conèixer: la ciutat i la seva companya.

L'EMOCIÓ DAVANT LA DESCOBERTA
I no cal dir que Cervera explota al màxim l'oportunitat pel coneixement que ell ha provocat amb l'estada a França durant unes vacances d'hivern. Dit d'una altra manera, no hem de deixar que la inquieta emoció i il·lusió davant la descoberta de la ciutat i el desplegament de la relació amorosa ens privi de veure la substància intel·lectual del llibre. En aquest sentit, Butte, gener a París conté una sèrie de reflexions en profunditat sobre geografia humana, el significat del viatge, la funció de l'art, les relacions humanes i el pas del temps.
En el fons, però, el llibre sencer gira a l'entorn d'un sol tema, el temps, perquè la humanitat viu obsessionada pel pas del temps. Cervera ens fa sentir que el temps s'ho emporta tot i nosaltres estem atrapats en una lluita contradictòria entre viure el present intensament i mirar de superar el present a la recerca d'un sentit de permanència. El poeta i la seva companya representen l'ara i aquí, l'individualitat, el que és efímer, el present ple de vida i sensacions que voldria perpetuar, mentre la ciutat, amb la seva història i els seus monuments arquitectònics, escultòrics i pictòrics, representa la novetat i l'atracció, per una banda, i la col·lectivitat, la permanència i la immutabilitat, per l'altra. Al final, ens adonem que a Butte, gener a París Cervera utilitza el viatge a la capital francesa com una metàfora heroica de la vida.
I com la mateixa vida Butte, gener a París és agredolç perquè presenta dues cares al lector. D'entrada, trobem la primera impressió de plaer, emoció, frescor, agitació, diversitat i sorpresa, però després trobem els pensaments, els dubtes, les incerteses, el dolor, la melangia, les aspiracions incomplertes i la realitat pura i dura.
Butte, gener a París és una proposta poètica molt original i d'un gran interès humà i artístic. Què esperen els lectors?

Llengua catalana i neologia


El novell Observatori
Màrius Serra
Avui, 09 de diciembre de 2004

És sabut que la llengua és un organisme viu i, per tant, viu sotmesa a totes les contingències que fan de la vida un estat transitori. Els diccionaris, com els llibres d'història, tendeixen a fixar els moments estel·lars d'aquesta existència tan voluble. Quan la utopia enciclopedista pretén abastar tot el saber aposta per l'obra provisionalment definitiva i definitivament provisional, per dir-ho amb paraules de l'Oulipo. L'obra oberta, si ens fem ressò d'Eco. Un diccionari és una obra oberta per antonomàsia. L'ordre alfabètic, de fet, és una alternativa retòrica que permet la inserció constant de nous termes sense que aquesta creixença provoqui cap daltabaix estructural. Com qui munta una catedral de mecano o qui rellegeix Rayuela. Tot i això, el ritme d'incorporació de nous termes als diccionaris ha estat històricament molt lent, la qual cosa els allunyava de la parla, sempre tan àgil a l'hora d'adoptar noves aberracions formals. Això havia estat així des del segle de les llums fins a finals del dels bits. Però l'era digital ha arribat i de sobte els límits de velocitat han augmentat d'una manera notable. Per això, des de l'Institut Universitari de Lingüística Aplicada de la Pompeu Fabra han promogut una espècie de torre de guaita dels mots que circulen pels mitjans de comunicació, i l'han anomenat Observatori de Neologia.
Per a aquests atents vigilants, un neologisme és una paraula usada amb una certa freqüència que (encara) no figura als diccionaris. Els lingüistes que treballen a l'Observatori dediquen el seu valuós temps a espiar un munt de mitjans de comunicació, entre ells l'AVUI, de manera que és possible que algun dia un d'aquests professionals espiï aquest article verbívor (salutacions cordials), trobi que el mot verbívor no figura a cap diccionari (au, enxampa'l, que no oposarà resistència) i decideixi que ja forma part del corpus (res a veure amb el fet que l'enigmística es publiqui els dijous). Però això serà en un futur. El present ja ens ofereix una llista d'un miler de neologismes pescats d'aquesta manera pel grup de recerca OBNEO del IULA. Aquesta collita raonada, precedida d'una introducció de Maria Teresa Cabré i un ampli estudi sobre el fenomen, forma el volum Llengua catalana i neologia (Editorial Meteora, 2004) que acaba de sortir, coordinat per Judit Freixa i Elisabet Solé. Òbviament, la llista és variadíssima. Hi ha manlleus que són calcs directes d'altres llengües com ara a tope (espanyol), zulo (euskera), femme fatale (francès) i fast food (anglès), però també hi ha adaptacions més o menys reeixides a la nostra grafia, com ara el joc del pàdel, els xats i els xaperos. Altres famílies de neologismes són els epònims (hi surten els borrellistes i el vangaalisme, però no pujolejar ni maragallada), els sintagmes més o menys eufemístics (cordó sanitari, sense sostre, passadís humanitari i paradís fiscal) i les innovacions tècniques (mots tan inquietants com turbodièsel, deconstrucció, queratopròtesi i polinucleació). Hi ha pocs exemples de neologismes que cridin l'atenció del lector constant per la seva força poètica. Potser l'ús de la marca bollycao per referir-se a gent jove, el de clericalla per designar els antics usuaris de la sotana i, sobretot, el de cleptòcrata, que defineix a la perfecció els polítics corruptes.
El més important de Llengua catalana i neologia és la seva vocació de pont. La saviesa filològica no pot perviure aïllada de l'ús tumultuós que el llenguatge té al carrer, i en aquest trajecte els mitjans són uns bons mitjancers.

On s'amaga la por


Sota l’ombra de Lola Anglada
Andreu Sotorra
Avui, 14 de octubre de 2004

D’una manera gairebé esporàdica, s’han alternat durant uns anys dos premis literaris de contes per a infants que homenatgen amb el seu nom l’escriptora i il·lustradora Lola Anglada (Barcelona, 1892-1984). Per una banda, el premi Lola Anglada, convocat per l’Ajuntament i la Caixa de Terrassa –que ha deixat de convocar-se aquest any, després del seu vintè aniversari– i, per l’altra, el també premi Lola Anglada Vila de Tiana, que per ara continua convocant, un any per a text i un altre per a il·lustracions, l’Ajuntament de Tiana, població on Lola Anglada va viure una bona part de la seva vida, sobretot després de la Guerra Civil, i on va deixar la seva casa pairal.
Des d’ara, és aquest últim premi l’únic que portarà el nom de l’autora. Es tracta d’un premi que permet la participació d’autors de reculls de contes amb la possibilitat que l’any següent són els il·lustradors del recull guanyador els que hi participen. La guanyadora de l’edició del 2002, pel que fa al recull escrit, publicat ara, va ser Maria del Carme Roca (Barcelona, 1955), autora tenaç i gairebé prolífica, força independent i que manté una línia decidida que tant es mou amb solidesa en contes curts de gènere fantàstic com en novel·la breu de signe realista.
A “On s’amaga la por”, que ha il·lustrat l’olotina Laura Baldrich amb unes làmines descriptives que volen resumir en una imatge cadascun dels contes, l’autora dels set contes del recull reprodueix set històries que porta amagades dins des que les hi va explicar el seu avi. Són històries que tenen implícit un misteri que l’autora fa créixer amb un estil del relat clàssic, amb l’encert que crida el lector a entrar en cada conte amb una introducció atractiva. Hi trobem, doncs, un jove enterramorts, Johnnie Walker, al final del segle XIX a Irlanda; un paleta de la postguerra a Catalunya que a causa d’un fet inesperat va morir en plena malaltia mental després de narrar llargament la seva història; un jove bolivià que per la seva temeritat sap com les gasta l’home del barret blau, una mena d’home del sac; una noia neozelandesa obsessionada amb el paisatge d’un quadre; la llegenda d’una casa de color groc de la rodalia de Chicago; la història d’un gat de color taronja al segle XVII de l’etapa manxú de la Xina, i la història d’un escultor sud-africà que posseeix una màscara vermella. L’àlbum, en cartoné i edició en paper cuixé, editat per Meteora, té la rara virtut en els àlbums de contenir un text de recomanable lectura.




Set històries de por
Pep Molist
Presència, 12 de diciembre de 2004

Maria Carme Roca fa servir el fil conductor d’un avi que narra històries al nét, per fer-nos arribar set contes d’aquells que et fan posar pell de gallina, segons diu el nét en el pròleg. Si bé no són totes narracions d’aquelles que fan esgarrifar, sí que tenen els elements i l’atmosfera dels contes de misteri i intriga i recorden aquelles llegendes urbanes que tots hem sentit narrar alguna vegada, a les portes d’un cementiri, o en una nit de lluna plena, i que en el seu moment tanta angoixa ens van crear, com ara els sorrolls d’una persona que fa anys havia pogut ser emparedada en una casa vella, o l’arribada de l’home del barret blau, que en la nostra cultura seria l’equivalent a l’home del sac, o les supersticions que comporta un objecte antic que ens regalen. És un encert el fet que l’autora les situï a diverses contrades del món, ja que fa créixer la intensitat d’un recull que, pel seu genère i la seva homogeneïtat, pot ser molt ben rebut. Les il·lustracions ajuden a fer-ne un exemplar atractiu, però no aportan res de nou a les històries. Amb aquest recull, Maria Carme Roca va guanyar el concurs de contes Lola Anglada-Vila de Tiana 2002. Les il·lustracions de Laura Baldrich van aconseguir el premi corresponent a l’any 2003.




On s'amaguen la sorpresa i la tradició
Josep Antoni Fluixà
Revista "Caràcters", 01 de febrero de 2005

Els crítics, els divulgadors o els simples observadors atents del panorama literari i editorial, sovint, basteixen les seues apreciacions i opinions tenint en compte, majoritàriament, la producció de les editorials més consolidades i amb una major presència mediàtica en el mercat. Es tracta d'un fenomen, probablement, no intencionat, però sí del tot comprensible, ja que analitzen i comenten allò que veuen. I el que veuen és el que és més visible: és a dir, els llibres amb una presència més continuada a les llibreries i, sobretot, els que compten amb el suport d'unes editorials que dissenyen campanyes de promoció de manera reiterada i que faciliten, alhora, còmodament l'accés a l'obra als mateixos crítics que se n'encarregaran de la divulgació. En conseqüència, no ens ha d'estranyar que la visió de tots aquests espectadors, més o menys interessats, esdevinga, amb assiduïtat, parcial i incompleta en el millor dels casos: un risc, si més no, bastant probable. Ningú no ens pot assegurar que, destacant només allò que es veu més, no deixem fora alguna obra digna de ressenyar i que, fins i tot, canvie la valoració final i col·lectiva d'un període, gènere literari o generació d'autors.
En el camp de la literatura per a infants i joves, per exemple, hi ha una aclaparadora abundància d'obres i d'autors que fan del tot impossible un seguiment acurat de tota la producció. Aquest fet evident obliga els crítics a fer judicis, de partida ja, provisionals i sempre relatius, que, no obstant això, s'exposen, en més d'una ocasió, amb una alarmant tendència a la generalització de les característiques que apareixen de manera habitual a les obres literàries que es publiquen en les editorials de més renom. Característiques que, potser, podrien variar si es tingueren en compte altres obres que es produeixen i es difonen al marge dels circuits comercials dominants. De fet, si bé es mira, seria realment obligació i contribució dels crítics la recerca d'aquest tipus d'obres que, per qualitat i per innovació, renoven el panorama literari i signifiquen un avanç notable respecte de les obres predecessores. Per desgràcia, no sempre és fàcil fer-ho, ja que els lectors que s'hi dediquen professionalment no es troben cada dia amb una obra d'aquestes qualitats i, més encara, si només busquen en unes determinades prestatgeries molt concretes.
Per això mateix, és tot un plaer el fet de trobar-se amb obres com la titulada On s'amaga la por, que ha publicat recentment l'editorial Meteora, una petita empresa nascuda a Barcelona l'any 2000 i que ha eixit al mercat amb diverses col·leccions de novel·la, biografia il·lustrada, monografies, poesia i assaig, tant en català com en castellà. L'obra esmentada, que no forma part de cap col·lecció, conté els contes, de M. Carme Roca, i els dibuixos, de Laura Baldrich, que van guanyar respectivament el tercer concurs de contes Lola Anglada de Vila Tiana, l'any 2002, i el tercer concurs d'il·lustració Lola Anglada de la mateixa ciutat, l'any 2003. Es tracta d'un volum de textos, set en total, que narren històries plenament inserides en la més estricta tradició de la literatura juvenil universal. En totes les narracions, el lector se sent identificat amb els personatges i viu, alhora, el misteri i la intriga pels fets que els ocorren i els sentiments que hi expressen.
Llegint aquest llibre, en definitiva, el lector es trasllada a un món on s'entrellacen fantasia i realitat. De vegades més fantasia que realitat, com al conte titulat «La làpida d'alabastre violeta», i, d'altres, a l'inrevés, més realitat que fantasia, com es comprova a la narració titulada «L'home del barret blau». A més, l'espai físic dels relats és, al mateix temps, remot i familiar, aspecte aquest que afegeix un punt més d'ambigüitat a una obra que es presenta amb una acurada edició, amb tapa dura i il·lustracions a color, que, no obstant això, no s'identifica plenament amb el que sol ser freqüent en les obres per a infants i que s'adiu perfectament amb l'ambivalència del mateix text, que pot funcionar tant per als lectors infantils com per als adults. Un tret, aquest últim, també molt present a la gran literatura d'aventura, misteri, por i intriga del segle XIX, que ens fa exclamar que, sovint, on menys s'espera s'amaga la sorpresa i la tradició més enriquidora.

Los roedores


Bernar Freiría, una nueva vuelta de tuerca
Ramón Jiménez Madrid
La Opinión de Murcia, 25 de junio de 2004

No hace mucho saludábamos en estas mismas páginas Cuarto de derrota, la primera novela de Bernar Freiría, un gallego asentado en Murcia desde hace tiempo en donde ejerce su cátedra de Filosofía; es también articulista, como bien saben, de La Opinión, desde donde hace ya muchos años luce sus galas críticas (no es malo decir que siempre conviene anidar al novelista con la reflexión y a la narrativa con el pensamiento). Un autor que basa su obra, tal como ocurre con la mejor narrativa americana, desde la propia vida, sin desligarse de la realidad social que conoce por dentro, engarzando con experiencias que, si no son verídicas —nunca se ha de olvidar que estamos en el terreno de la ficción que es decir como de la mentira—, tienen visos de serio, que es tanto como decir que siempre mantiene el autor en sus obras una fuerte dosis de verosimilitud, en algún caso de experiencia. Un narrador fuerte y vigoroso que va a la literatura con ánimo de abordar las realidades que aparecen en la sociedad actual. No en vano le ha concedido el protagonismo a dos periodistas ávidos de saciar su sed de conocimiento, su afán por penetrar a fondo en el negocio ilegal o en los pasadizos secretos y oscuros en donde hierven las pasiones humanas.
En su primera novela tocó de cerca el tema del estraperlo y la droga en marineros terrenos gallegos, con conocimiento de causa y no pocos misterios en torno al ilegal negocio. Ahora, en esta su segunda salida, se aproxima al mundo del periodismo cultural —sobre todo en la primera parte de la novela— en donde siempre se ha movido el autor antes de que se dedicara a la enseñanza. Un ambiente, el de las redacciones de periódicos, que conoce al dedillo y del que se aprovecha en gran medida para pergeñar la figura de un inquietante Jonás Balmaseda, personaje inteligente y crucial de una novela singular que, tal como avanza, se va desligando de la inquietud activa e intelectual para rozar y traspasar la modalidad de intriga, haciéndole un guiño a la novela psicológica, sin desdeñar un componente gótico, tal es el mestizaje que observamos en esta obra que no se olvida de la situación sentimental de un personaje complejo, inserto por una parte en crisis sentimental —lo que arrastra una parte importante de la novela— y otra parte en jornada laboral, en la que como periodista de sucesos, investiga un asesinato múltiple que se entronca al final con su propia vida privada.
Narrado desde triple perspectiva, con estructuras cambiantes y movedizas, llama la atención sobre todo la habilidad del autor en el manejo del diálogo, en donde luce habilidades todas. Los encuentros del periodista con la esposa, con Dío, o con el policía que le alimenta de datos para indagar en el asesinato múltiple que se esconde en el interior de la obra o con los jefes del periódico, son abordados preferentemente desde esos ángulos coloquiales. La dialéctica, la dramatización de situaciones, las sugerencias y la intriga se van colando a través de esos diálogos chispeantes en los que nos va diseñando con toda agudeza los caracteres de los pocos y escasos personajes —lo que mantiene la tensión de saber quién es el asesino— que intervienen en esta aventura literaria que, tal como hemos indicado, tras una cierta salida anclada en despachos y en alguna inverosímil tentativa de crear una revista cultural que salve el espíritu de los españoles —posiblemente lo más inverosímil o lo más extravagante de la obra— se adentra en la resolución de un conflicto que atenaza al lector hasta la última página del libro. Y con un curioso desenlace que llama la atención por su originalidad. Una nueva vuelta de tuerca al filón inagotable de la novela.




Periodismo y paranoia
Fietta Jarque
El País (Babelia), 11 de septiembre de 2004

La presión es cada vez mayor. Es como encontrarse de pronto en el centro de un cubo en el que las paredes se van acercando y el espacio queda reducido hasta sentirse encajonado, atraparlo, confundido. Jonás Balmaseda ve que su existencia se va transformando en ese cubo de cristal. Su matrimonio se va al garete; pierde su trabajo como redactor jefe en la revista cultural La Gorgona y queda “degradado” a periodista de sucesos; su nuevo amigo en el gimnasio, de pronto, sabe demasiado; su relación amorosa con la joven arquitecta sufre un golpe definitivo. El caso de un extraño asesinato que tiene que cubrir como informador empieza a obsesionarle. Es fácil que se desencadene la sospecha.
Bernar Freiría (Verín, Ourense, 1951) conoce bien el ambiente de un periódico y despliega en ésta, su segunda novela, una serie de pormenores que resultan una base muy sólida, para el desarrollo del argumento. El relato, que transcurre entre enero de 1989 y enero de 1991, hace atinados saltos en el tiempo para ir desmadejando las situaciones en las que el protagonista se ve enredado. Si bien los diálogos resultan a veces demasiado envarados, sobre todo al principio, la narración fluye sin esfuerzo hasta un desenlace sorprendente y quizá demasiado abrupto. Pero es lo que sucede cuando alguien se ve atacado por sorpresa. Y, sobre todo, cuando el ataque, proviene de un enemigo acorralado.
Profesor de filosofía y periodista, Freiría asume la labor literaria como un artesano solitario. Las suyas son novelas para repisa de simpatizantes, no para estanterías de centro comercial. Los roedores es como un souvenir de un extraño viaje de fin de semana.




Los roedores
Alfonso de la Vega
La Voz de Galicia, 20 de septiembre de 2004

EL ESCRITOR ourensano Bernar Freiría acaba de publicar su segunda novela con este mismo título (Meteora 2004). Si la primera, Cuarto de derrota, contaba la peripecia de degradación de una especie de contrahéroe en el terrible mundo del narcotráfico gallego, en este segundo libro se desarrolla una reflexión sobre la fragilidad humana en un escenario aparentemente menos arriesgado: el de la Prensa. Pero también éste es un mundo complicado, en el que los valores confesados y los intereses dominantes entran muchas veces en tensión cuando no en conflicto abierto. Jonás Balmaseda es un acreditado periodista que se ve arrastrado en un momento de su vida por la ambición profesional de su jefe Fernando Fuertes, personaje en el que el lector atento reconocerá señas de un periodista muy conocido, lo que le llevará a sufrir los daños colaterales de cierta aventura empresarial fracasada y a comenzar una especie de círculo vicioso personal (despojo de su vida amorosa) y profesional (intento de doblegarle mediante humillaciones).
Con falsa apariencia de novela negra común, y más allá de su desconcertante final abierto, en Los roedores se invita al lector a una toma de conciencia acerca de la fragilidad radical en que se sustenta nuestra vida. La amenaza de la desestabilización está latente aunque no sospechemos la gravedad del peligro hasta que surge. En verdad, ¿estamos en condiciones de gobernar las crisis que surgen en nuestras vidas y que pueden alcanzar efectos demoledores? Si "el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca y puede permanecer adormecido esperando el momento en que despierte sus ratas y las envíe a morir en una ciudad alegre", la opinión de Freiría sobre los estragos que puede causar no parece tan optimista como la de Camus hace medio siglo.




Los roedores

Dosdoce.com, 20 de marzo de 2005

La inteligente construcción de la intriga convierte la lectura del último libro de Bernar Freiría, Los Roedores (Editorial Meteora 2004), en una experiencia singular que tiene como trasfondo el turbulento mundo de las secciones de sucesos de la prensa escrita. La vida del protagonista de esta interesante novela, Jonás Balmaseda, da un vuelco de la noche a la mañana. En el ámbito profesional pasa de ser un prestigioso periodista de una revista cultural a un mero reportero de la sección de sucesos de un medio local. Y en su vida personal sufre una crisis con su pareja, tiene una relación sentimental, se ve envuelto en un asesinato múltiple….
Este libro nos adentra en la angustia que genera el temor al fracaso profesional y las vueltas que da la vida; crisis sentimentales, problemas psicológicos, etc. En esta sociedad tan competitiva en la que vivimos, existen pocos deseos más fuertes que el de ser considerado un profesional con éxito, un ganador que merece dignidad y respeto. "Mujer, uno no se encuentra siempre igual de comunicativo. Puede que yo esté un poco hermético. Son fases que pasan. Ya sabes que la revista me ocupa mucho tiempo y energías. No hay que preocuparse. Vendrán tiempos mejores". El fracaso profesional lo consideramos un fracaso absoluto en nuestras vidas; quien lo sufre es considerado un perdedor. Este es el caso de Jonás Balmaseda, el protagonista de esta excelente novela de intriga.
Lo más interesante de este libro es la trama en la que Jonás se ve envuelto al investigar un asesinato múltiple. Sin saberlo, cada paso que da en su vida personal y profesional le acerca a un desenlace muy bien elaborado y que hace que el lector devore cada capítulo de este libro. Jonás es un periodista reconocido que vuelve al diario madrileño La Gaceta tras participar en el ampuloso proyecto de La Gorgona, una revista cultural con más pretensiones que éxito. Desterrado al área de Local y al tiempo que su vida sentimental entra en barrena, se ve magnetizado por un suceso de lo más sórdido e inquietante que tendrá un desenlace inesperado. Sirviéndose de una inteligente trama, el autor de esta novela pone de manifiesto muchas inquietudes humanas, y en especial sobre la frecuente imposibilidad de saber la verdad sobre los demás o sobre nosotros mismos. Se asoma a los rincones oscuros de la mente humana, donde lo inesperado y lo increíble acometen, y crea una atmósfera de desasosiego al poner en suspenso las seguridades sobre las que fundamentamos nuestras vidas.
Por otra parte, este libro fustiga indirectamente y sin piedad a los equipos gestores de las revistas y suplementos culturales de los medios de comunicación por su falta de apuesta y compromiso a largo plazo: "Veo que el dinero no tiene paciencia. Vivimos en la época de los resultados inmediatos". A través de este libro podemos llegar a entender mejor el juego dudoso entre cultura y mercado, entre rentabilidad a corto plazo y generar una revista cultural de calidad. Sin decirlo, indica que la política cultural de los principales medios de comunicación es bastante responsable del estado actual de la cultura en este país. Bernar Freiría es un escritor comprometido con la realidad actual y que, por tanto, aborda la literatura como plataforma para criticar, a través de sus personajes, algunas de las complejidades e injusticias de la sociedad actual.

Antoni Vila Arrufat. Una vida dedicada a l'art


Vila Arrufat, del retrato al muralismo
Juan Pedro Yániz
ABC, 13 de marzo de 2004

De la pléyade de pintores catalanes del siglo XX, se puede destacar por su rigor y versatilidad a Vila Arrufat, un excelente muralista religioso, cotizado retratista de una sociedad que lo mimó como uno de sus más destacados puntos de referencia. Una biografía profusamente decorada viene a recordar su ingente obra.
Antoni Vila Arrufat (1894-1989) fue un pintor que se enmarca completamente en la tradición pictórica novecentista y que en los estudios de la época aparece acompañado por nombres como Domingo, Galí, Hugué, Nogués, Torres García y otros. Pertenecía a una dinastía que ha dado varias generaciones de artistas. A la última de ellas pertenece Eusebi Vila, pintor como su abuelo, del que se ha convertido en biógrafo.
El abanico profesional de Vila Arrufat fue realmente llamativo: pintura de caballete, mural, grabador de diversos procedimientos y probaturas, el dibujo (concebido como el arte puro) y el diseño aplicado; según nos explica su nieto en “Antoni Vila Arrufat. Una vida dedicada a l’art” (Meteora).
Viajero incansable
Otra de las características que compartió Vila Arrufat con muchos miembros de su generación fue la inquietud viajera. En el viaje que realizó a Italia, en 1922, visitó diversas ciudades y centros de arte y la gran impresión recibida fue el empujón final para su vocación como pintor y empezó a cultivar el muralismo. A su regreso a Barcelona se integró en el grupo “Amigos del Arte Litúrgico”. La intensa formación artística la había recibido en el taller de su padre Juan Vila Cinca, sitio en Sabadell, donde vio la luz un 20 de octubre.
Su primera exposición la realizó en el salón de la Academia de Bellas Artes de Sabadell, en agosto de 1915. Recibió una beca del Ayuntamiento sabadellense para ampliar estudios en Madrid y se matriculó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y al poco de llegar participó en la III Exhibición general del Círculo de Bellas Artes. En el año 1919 expuso en las Galerías Layetanas, residió una larga temporada en París y dejó unos delicados retratos urbanos de la Ciudad Luz como casi todo pintor que haya pasado por la misma.
Vila Arrufat tuvo siempre una gran querecia por Barcelona con exposiciones como la de 1922 (El Camarín) y 1932 (Syra). Los plafones de la farmacia “Benessat” de Sabadell, dedicados a San Cosme y San Damián, significaron el inicio de la época dorada del artista como muralista religioso; entre sus encargos de aquel periodo figuran los frescos de la capilla de Nuestra Señora del Remedio, que tuvo que restaurarse a raiz de los destrozos ocurridos en lugares de culto, al sur de la provincia de Barcelona, tras el 6 de Octubre de 1934. La parroquia egarense del Espíritu Santo también hizo un encargo a Vila, que tuvo que culminar después de los desastres de 1936-39. Muchos fueron los encargos de este tipo y fue invitado a la Exposición de Arte Sacro de Vitoria y a las bienales de Venecia. Prosiguió con las pinturas del Santuario de la Salud, la iglesia de Cardedeu, los murales del Ayuntamiento de Barcelona; su participación en exposiciones extranjeras y su dedicación a la docencia. Mirando un pasado tan laborioso, parece como si los días de Vila Arrufat hubieran tenido más de 24 horas.
Sus galardones cívicos y académicos fueron muy numerosos. Entre sus obras más conocidas destacan los murales que recogen diversos momentos de la historia de Barcelona, en la Casa de la Ciudad: desde la Barcelona romana hasta el imaginado recibimiento de los Reyes Católicos a Colón, al regreso del Primer Viaje a América. También cumplimentó numerosos encargos de murales para particulares. Compuso numerosos retablos para iglesias o particulares e instituciones diversas.
Su actividad como retratista fue otra de las facetas en las que el éxito social y el artístico fueron de la mano; esbozos y dibujos. Uno de sus retratos más conocidos, el del Abad Marcet (1944), se encuentra expuesto en el museo de Montserrat, pero su obra fue mucho más amplia de lo expuesto.




Vila Arrufat, según su nieto
Olga Spiegel
La Vanguardia, 25 de marzo de 2004

E1 pintor Eusebi Vila Delclòs (Barcelona, 1962) —cuarta generación de una estirpe de artistas— ofrece un documentado estudio de la trayectoria de su abuelo en Antoni Vila Arrufat. Una vida dedicada a l'art (Meteora), libro hecho “no como un historiador ni como nieto sino como un pintor que mira a otro pintor”, según explicó en la presentación. La obra parte de la tesis doctoral que presentó en la facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona y, asegura, es fruto de una larga elaboración, relectura y reescritura de la tesis, pues se trataba de “ofrecer un libro profundo y serio, evitando las descripciones muy detallistas propias de una tesis, ir sacando lo más arduo y hacer surgir más al personaje y aspectos biográficos que en la tesis no aparecían”.
En la primera parte, el libro estudia la vida, el entorno, la formación y desarrollo de la actividad de Antoni Vila Arrufat (Sabadell, 1894-Barcelona, 1989), no sólo pictórica sino también docente, sus exposiciones y su papel como impulsor y fundador de diversas instituciones. A continuación analiza la obra a lo largo de varios apartados —pintura mural, pintura de caballete (paisajes y retratos, sobre todo femeninos), dibujos, grabados y artes aplicadas, concretamente vidrieras y grafismo.
“En todo su trabajo nunca prescindió de la belleza, aunque pintara un cartel de guerra. Cuando hacía retratos sentía un afán por buscar una belleza trascendente, no anecdótica”, subraya Eusebi Vila, hijo de Joan Vila Grau.
Una parte importante del libro son las imágenes, pues se ha hecho un esfuerzo por mostrar obras que no han aparecido en otros tratados sobre el artista. “Hay muchas inéditas, entre ellas un dibujo automático, y cuando se trata de obras conocidas hemos preferido seleccionar los trabajos preparatorios o esbozos.” El autor ha tenido también mucho interés por corregir “pequeños errores sobre exposiciones u obras que se han ido manteniendo en diversos libros” y por diferenciar los murales de los retablos, que siempre se presentaban juntos. Otra de las aportaciones es el capítulo referente a la crítica, “un tema que no se había tratado en profundidad”. Lo divide en tres etapas, analizando los distintos enfoques a la hora de comentar las obras. A lo largo del libro subraya también el carácter investigador de Vila Arrufat en todas las técnicas que abordó e incluso describe algunos artilugios que se inventó para lograr los resultados apetecidos o facilitar el trabajo.
El pintor ha explicado que su abuelo era un hombre abierto y afable con el que conversaba a menudo y que incluso ya muy mayor estaba al corriente de lo que pasaba.




Un nét d’Antoni Vila Arrufat publica una monografia sobre el pintor sabadellenc
Redacció
Avui, 26 de marzo de 2004

L’editorial Meteora acaba de publicar la monografia Antoni Vila Arrufat. Una vida dedicada a l’art, escrita per un nét del pintor, també artista, Eusebi Vila Delclòs. El llibre, part de la tesi doctoral de Vila Delclòs sobre Vila Arrufat, repassa amb detall l’obra i la vida del pintor sabadellenc, que va viure entre els anys 1894 i 1989 i va cultivar un art inscrit en el Noucentisme. Vila Arrufat va ser pintor, gravador i dibuixant, però va destacar especialment en la tècnica de la pintura mural, amb obres per a diverses esglésies de Sabadell, Vilafranca del Penedès, Terrassa o Cardedeu, i per a institucions com l’Ajuntament de Barcelona, com ara els plafons històrics que va realizar per a la Sala de la Ciutat. El volum recull les crítiques que es van escriure de Vila Arrufat i una àmplia cronologia comparada de l’artista. L’autor del llibre, nascut el 1962, pertany ja a una quarta generació d’artistes i ha realitzat pintures murals per a esglésies de Palau-solità i Terrassa.




El artista integral
Pilar Vélez
La Vanguardia, 12 de mayo de 2004

En un libro de arte, y especialmente de pintura, contenido y continente deberían siempre gozar del mismo trato, es decir, su texto, histórico, analítico, crítico o todo a la vez, tendría que contar con una maqueta, unas imágenes, una tipografía y un formato que permitieran su mejor uso y disfrute, puesto que son complementarios. “Antoni Vila Arrufat, una vida dedicada a l’art” es más que una biografía convencional o incluso notable de un artista, ya que, y ello no es frecuente, nos ofrece la visión de un pintor a través de otro pintor, dos generaciones más joven, alejado en la forma, pero próximo en la reflexión. Eusebi Vila Delclòs, quien, de una manera fluida y amena, nos brinda la posibilidad de reseguir la obra de Vila Arrufat, nos descubre o quizá redescubre a un hombre de una sensibilidad extraordinaria, capaz de emocionarse no sólo ante las manifestaciones artísticas, tanto plásticas como musicales, sino de ser él mismo su protagonista.
A. Vila Arrufat (1894-1989) tuvo la fortuna de vivir una larga y fecunda vida a lo largo de la cual se nos revela como un artista/hombre o un hombre/artista independiente, sereno, pero a un tiempo apasionado, sobre todo con la naturaleza que descubre en Sant Sebastià de Montmajor y que acaba convirtiéndose en su marco familiar más querido. En estudios anteriores dedicados al artista, se había valorado su obra desde muchos ángulos, sin embargo, y ello es una de las particularidades de este libro, nunca se había tenido en cuenta desde la propia visión plástica, reforzada además por la relación que existió entre el pintor-autor y el pintor-objeto de estudio. Porque el nexo entre nieto y abuelo, en una familia de artistas (bisabuelo, Vila Cinca y padre, Vila-Grau), permite un conocimiento desde la intimidad y la estima, que enriquece el análisis –a pesar de la distancia que se impone el autor– y que en ningún modo hay que reprobar.
Vila Delclòs refuerza la imagen de artista autónomo que la crítica ha venido otorgando a Vila Arrufat, a pesar de estar inmerso en la órbita noucentista y de que su talante corresponda a su atmósfera cívica, clasicista y mediterránea (simplificando tópicamente). Además, el autor hace una aportación notable al centrar su interés en un aspecto fundamental de su obra: la pintura mural. La pintura mural, hoy bastante desprestigiada, sobre todo la religiosa, era para Vila Arrufat la más completa de las manifestaciones pictóricas. Sólo con mencionar el conjunto de la pequeña iglesia románica de Sant Sebastià de Montmajor –y tener la posibilidad de contemplarlo tranquilamente– puede entenderse cuál es el valor y la fuerza profunda del trabajo del artista, que allí se expresó con entera libertad. Para realizar sus frescos prepara la pared tiñéndola, en lugar de respetar el blanco original, obteniendo así una calidad cromática especial, muy distinta de las transparencias propias de esta técnica. Ello, y su dominio del dibujo y del color, dan como resultado un conjunto excepcional de figuras, volúmenes y tonos dignos de toda atención ya que crean una atmósfera de una singular intensidad.
Ahora bien, Vila Arrufat fue también grabador. En este terreno rompió asimismo con la estricta ortodoxia, y se apoderó del “medio” para plasmar sus inquietudes, sucumbiendo a la atracción del valor de los negros y el misterio que comporta el descubrimiento de lo estampado sobre el papel, previamente grabado sobre la plancha, y negándose siempre a realizar ediciones limitadas, puesto que su interés era otro.
Finalmente, debemos recordar la que seguramente es su obra más conocida, las composiciones que suelen contar con su familia como modelo: su esposa, la gran protagonista, a quien rendía un cotidiano homenaje, sus hijos, su entorno. Sus personajes serenos, corpóreos, reales, de una majestuosidad contenida, son inconfundibles. Sin duda, no comportan una ruptura con la tradición figurativa, aunque sí son producto de la fidelidad del pintor a sí mismo. Además, como sucede con sus figuras murales, nos sugieren un Vila Arrufat escultor, como si en sus telas o muros hubiera quedado cautiva la mano del escultor, que Miguel Ángel sí pudo trasladar al mármol.
Vila Arrufat fue un hombre abierto, respetuoso, flexible, curioso, poco amante de exhibirse en público, que vivió con plenitud disfrutando de lo más próximo. Hay que agradecer, pues, la posibilidad que nos ofrece Vila Delclòs de acercarnos también por esta vía a un artista, aún tan próximo, pero que tuvo la oportunidad de seguir con interés e inteligencia desde su opción personal los caminos del arte del siglo XX. Y nos congratulamos también por la aventura emprendida por la editorial Meteora, de quien esperamos otros libros semejantes, que destilen tan positiva sintonía con el autor, para seguir disfrutando con su lectura y contemplación.




D'una vida dedicada a l'art
Joan Ripoll
Diari de Sabadell, 01 de mayo de 2004

Els qui el coneguérem en la seva noble senectud guardem del pintor Vila Arrufat aquella imatge de “personatge afable, de tracte tranquil, atent, distingit amb un cert aire de timidesa o pudor. Madur, serè, mestre d’artistes”.
Aquest és el retrat que en fa, com a resum dels comentaris de l’època, el seu nét Eusebi Vila Delclòs en tancar el llibre que li ha dedicat —resum de la seva tesi doctoral—, que porta per títol Antoni Vila Arrufat. Una vida dedicada a l’art, i que fa pocs dies es presentava a l’Acadèmia de Belles Arts, amb la qual Vila Arrufat i el seu pare, Vila Cinca, estigueren tan identificats.
Ja sabeu que estem parlant d’una nissaga d’artistes, que de pares a fills s’ha tramès la sagrada flama: Joan Vila Cinca, Antoni Vila Arrufat, Joan Vila Grau, Eusebi Vila Delclòs... I ara és aquest el qui, amb rigor no exempt d’afecció familiar, fa una anàlisi de pintor a pintor de l’obra de l’avi i del mestre, tan vasta com variada i sòlida, que ell ha pogut documentar i estudiar a fons, de primera mà.
Nascut el 1894, Vila Arrufat pertanyeria cronològicament a la segona generació noucentista —la neonoucentista, com en diria Joan Fuster—, en la qual figurarien, entre altres, artistes com Josep Obiols, Francesc Domingo, Josep de Togores o Rafael Duracamps. És a dir, una generació a cavall de la tradició i de l’avantguarda, que es mantindria fidel a la primera sense perdre de vista les aportacions de la segona. Així, en la seva etapa de formació, Vila Arrufat viatjaria a Madrid, on coneixeria Velázquez; a París, on rebria la lliçó de Renoir, però també la de Corot; a Itàlia, on se li oferiria l’esplendor de la pintura renaixentista.
L’any 1919, en celebrar la seva primera exposició individual —a les històriques Galeries Laietanes—, es dóna un context cultural europeu de gran interès: acabada la guerra europea i mort Renoir, es funda l’escola de la Bauhaus i triomfen els ballets russos a París i, doncs, la nova música europea, mentre s’obre pas el cubisme. Pocs anys després, el pintor assumirà alguna influència d’aquests nous aires que sotmetrà, però, a la seva visió de l’art: “Fou un artista receptiu, obert i molt independent que optà per aprofundir en el seu propi camí personal, sota les directrius de la pintura figurativa”, en dirà Vila Delclòs, tot resumint el capítol de les possibles influències.
Consolidat ja en un estil propi, el pintor afronta, des del 1921, la difícil pràctica de la pintura mural, que l’autor del llibre analitza en profunditat, a través de les diferents tècniques, temàtiques i estils: a la Salut, la Puríssima, Sant Sebastià de Montmajor —el racó privilegat de l’artista—, al Sant Esperit de Terrassa, a l’Ajuntament de Barcelona... De semblant manera, estudia en capítol a part, diferenciant-la, la pintura en retaule, segons la tècnica tradicional del tremp d’ou sobre la fusta i el full d’or, que l’artista inicià el 1949 en rebre l’encàrrec de la Caixa Sabadell de representar la Sagrada Família, i que es prodiga després en obres principalment de temàtica religiosa.
Successivament s’estudia també la pintura de cavallet, inspirada habitualment en escenes i models familiars, i on el pintor excel·leix en els retrats; el dibuix, bàsic en la seva obra i que es manté com una constant, com un baix continu musical —diu Vila Delclòs—; el gravat, del qual l’artista fou catedràtic a l’Escola de Belles Arts, i en què pràctica sovint la tècnica de la “manera negra”; el vitrall, aplicat sobretot a la Salut; el grafisme, pràctica en què han esdevingut populars els emblemes, encara vigents, del Club Natació Sabadell (de 1918) o de l’Acadèmia de Belles Arts (de 1928), com ho fou al seu temps l’emblema per a la revista “Destino”...
Vila Arrufat es mostra com un artista complet, sensible i inconformista a la vegada. En aquest aspecte són aclaridores les paraules de Joan Llonch al catàleg de l’exposició que l’Acadèmia de Belles Arts li dedicà l’any 1974: ”Un sentiment d’insatisfacció de l’obra realitzada l’ha portat a sentir-se un etern estudiant cap a la perfecció i d’aquest incessant anhel d’aprendre n’ha sortit un mestre incomparable”; com també ho són sens dubte, les del mateix Vila Arrufat en la carta que adreçava a aquest cronista arran d’un article —en aquesta mateixa secció d’avui— glossant la gran exposició antològica de 1984: “Potser no s’hi transllueixi... el dolor que embolcalla l’obra, que mai no em deixa satisfet i se n’espera, però, una altra per a provar el desitjat encert. Les seves paraules han sigut una mena de calmant que m’ha suavitzat al llegir-les una certa esperança i una fe per al futur”. Paraules aclaridores i emocionants, si pensem que aleshores l’artista ja tenia noranta anys!
Obra oportuna, reveladora i rigorosa la d’Eusebi Vila, que és presentada, a més, per l’editorial Meteora en un llibre de format original (23 x 23 cm), ben manejable i curosament imprès, amb tipografia llegible tant en text com en les notes al marge, i enriquit amb il·lustracions escollides i no massa prodigades; així mateix, amb l’aparell crític necessàriament estricte, no embafador: una oportuna cronologia comparada, relació d’exposicions, bibliografia i índex onomàstic.
Un regal, en fi, al lector sensible, i un homenatge a qui visqué una vida dedicada a l’art.




Vida i obra de Vila Arrufat
Bartomeu Badia
Serra d’Or, núm. 539, 24 de noviembre de 2004

Eusebi Vila, nét del pintor Antoni Vila Arrufat, li va dedicar una tesi doctoral i ara ens ofereix aquesta extraordinària síntesi de la vida i l'obra d’un «artista integral», que, com assenyala al pròleg Francesc Orenes, se'ns presenta amb perfil d'un humanista del Renaixement, tant pel que fa a l'entesa del propi concepte d'art com a la visió integradora de totes les arts que aquest corrent engloba. Nascut a Sabadell el 1894 i mort a Barcelona al cap de noranta-cinc anys, el 1989, Vila Arrufat fou un fill del noucentisme i n'encarnà a la perfecció els ideals que van marcar les pautes d'un projecte de civilitat que resulta tan important per a Catalunya. D'una família d'artistes, el seu nét ha pogut documentar minuciosament la seva biografia gràcies a l'arxiu personal i amb l'estudi detallat de la bibliografia existent. Pel que fa a la seva obra, incideix sobretot en la seva pintura mural –a la qual va dedicar tantes hores–, però no n'oblida altres aspectes: els retaules, la pintura de cavallet, els dibuixos, els gravats i les arts aplicades (vitralls, grafisme). Ens ofereix també una suggestiva visió global del que la crítica d'art va dir sobre Vila Arrufat a partir del juliol de 1911 i, a part d'una cronologia comparada de l'artista, d'una relació de les seves exposicions, una relació cronològica d'obres murals i una altra de retaules, una extensa bibliografia i un índex de noms citats. El volum, d'una delicada presentació, conté una abundosíssima il·lustració a tot color, que permet d'entendre millor les explicacions d'Eusebi Vila i de fruir amb l'art de Vila Arrufat.

Mínimo equipaje


Martín Taffarel inicia un viaje poético por el recuerdo
Matías Néspolo
El Mundo, 06 de enero de 2004

Fuera de la literatura infantil son inusuales los libros ilustrados. Y más aún en cuanto a poesía se refiere. El encuentro entre expresión plástica y poética en un mismo volumen es casi una rareza. Sin embargo, esta es la apuesta de la pequeña editorial barcelonesa Meteora, que lanza el segundo título de su colección de poesía ilustrada Mitilene, Mínimo equipaje de la escritora argentina, afincada en Cataluña, Teresa Martín Taffarel.
Las ilustraciones del poemario son de María de los Ángeles Diemand-Hartz y Carlos Hartz. Una veintena de sutiles carbonillas entre oníricas y naïf que, dadas las características poéticas de Martín Taffarel, comulgan con el espíritu de la obra. Verso e imagen dialogan en estas páginas logrando un grado de complementariedad meritoria.
Teresa Martín Taffarel es licenciada en Filología Hispánica y se dedica fundamentalmente a la enseñanza. Es profesora en la Escola d’Escriptura i Humanitats de l’Ateneu Barcelonès y en la Escuela de Escritores Alfonso Quijano de Alcázar de San Juan. Ha dictado además numerosos talleres y conferencias de escritura narrativa. Entre su obra ensayística destaca Jorge Luis Borges. La escritura del mundo (Fundación La Caixa, 1997), El tejido del cuento (Octaedro, 2001) y Caminos de escritura (Octaedro, 2003). Como narradora practica el cuento mínimo con ribetes fantásticos y como poetisa revela ahora con Mínimo equipaje una voz madura y dueña de las herramientas del oficio.
Mínimo equipaje reúne 47 poemas breves de variada factura que oscilan entre la métrica irregular, el verso libre y la prosa poética. El denominador común de las 47 piezas no es otro que el título de la obra. “Acomodar los recuerdos en mínimo equipaje” es la consigna al emprender el largo viaje que plantea el poemario. Un viaje a las lejanas tierras de la memoria a través de las profundas aguas del tiempo. Martín Taffarel lleva veinte años de residencia en Cataluña, patria de adopción, pero su viaje poético va mucho más allá de esa frontera temporal hasta la temprana infancia.
Nacida en Buenos Aires, Martín Taffarel creció entre dos pequeñas ciudades ribereñas de la cuenca del Río de La Plata: Zárate y Paraná. El “mínimo equipaje” del recuerdo le permite tender un puente poético en el tiempo y el espacio que une esas dos “orillas”. Y dicho puente está tejido con los hilos de la memoria y los trazos de un lenguaje simple y sobrecargado de ternura.




La distancia justa
R. F. Bermejo
El País, Babelia, 20 de marzo de 2004

“Soy la que desde el umbral de una puerta entornada contempla la luna de enero que aconteció al principio de la memoria. Y soy la que mira la luna de agosto desde lo alto de una montaña, con la memoria cargada de recuerdos”. En Mínimo equipaje, la argentina Teresa Martín Taffarel esparce, con un lenguaje sencillo, penas, huellas, inviernos, primaveras y recuerdos, muchos recuerdos, en un libro que muere y renace en cada página, con cada palabra, y que deja ver la desazón que produce el paso del tiempo. María de los Ángeles Diemand y Carlos Hartz se han encargado de ilustrar estas páginas que sitúan los recuerdos no tan cerca como para que hagan daño ni tan lejos como para que se pierdan.

Josep M. Jujol. L'arquitectura amagada


El tiempo recobrado de Jujol
Sergi Doria
ABC, 30 de septiembre de 2003

La historiadora Montserrat Duran rastrea la obra del arquitecto tarraconense

La figura gigantesca de Antoni Gaudí y el turbulento periodo histórico que hubo de atravesar en su trayectoria vital atribuyeron a Josep Maria Jujol (1879-1949) un papel secundario en la historia de la arquitectura catalana.
Ahora, la profesora Montserrat Duran (Sant Joan Despí, 1957) recorre la cronología jujoliana en una biografía que verá la luz en octubre, publicada por la editorial Meteora. El título, Josep M. Jujol. L’arquitectura amagada, anticipa la vocación vindicativa de esta nueva mirada sobre los trabajos y los días del arquitecto tarraconense, una aproximación que pone atención a su excelente labor como dibujante, ornamentista y su obra pública, civil o religiosa. A partir de la recuperación de Gaudí se abre la puerta para el conocimiento de Jujol pero, como apunta la autora, «los edificios de Jujol estaban tan maltrechos que no había manera de encontrar uno que sirviera de punto de partida a un proyecto común para la defensa y el conocimiento de la obra del arquitecto, dispersa geográficamente». Con la rehabilitación y restauración de algunos de sus edificios se amplió el conocimiento de Jujol, pero todavía se echa en falta una catalogación seria. Su biógrafa no alberga dudas de que «los arquitectos han jugado un papel esencial en la fortuna crítica de Jujol, pero los historiadores, de momento, han tenido un papel poco destacado». El seguimiento de «la arquitectura escondida» de Jujol tiene fechas clave como cuando en 1903 entra a trabajar en el taller Josep Font i Gumà. El 18 de mayo de 1906 obtiene el título de arquitecto. Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch y Gallissà son sus maestros; comienza a colaborar con Antoni Gaudí. Además de su participación en la Casa Milà, al año siguiente da a luz su primer edificio, una casa de vecinos en el barrio del Poble Sec de Barcelona. Desde 1908, el Jujol ornamentista diseña una veintena de escudos para la Sagrada Familia. Montserrat Duran estudia y valora sus habilidades como dibujante de planos, esgrafiados, «nadales», gozos y como calígrafo. De su arquitectura civil cabe destacar el teatro Metropol de Tarragona, la Tienda Mañach, la Casa Planells y la fuente de la Plaza España en Barcelona, la Torre de la Creu y Can Negre en Sant Joan Despí y la Casa Bofarull de Els Pallaresos, entre otras realizaciones. También proyecta construcciones religiosas:Vistabella, Vallmoll, Renau, Montferri... Profesor en la Escola del Treball y en la de Arquitectura, Correa, Bohigas o Barba Corsini son algunos de sus alumnos más destacados.
La guerra civil de 1936 provocó su separación de la Escola del Treball y en 1938 deja de ser profesor de Arquitectura. Recobrados ambos cargos en 1939, sus últimos años suponen la adaptación al régimen franquista como arquitecto municipal en Sant Joan Despí.




Jujol i l'arquitectura amagada
Anna Tomàs
Avui, 04 de diciembre de 2003

Josep M. Jujol, l’arquitectura amagada és un acurat estudi biogràfic i artístic d’aquesta figura clau del modernisme català que sovint ha quedat eclipsada per la fama de Gaudí amb qui va col·laborar en obres tan importants com ara el banc ondulat de l’esplanada del Parc Güell i les baranes de la Pedrera. Jujol tenia una extraordinària imaginació formal i una gran capacitat per al detall i el dibuix ornamental. Amb l’ajut de fotografies i reproduccions de projectes i plànols, el llibre apropa el lector a aquest magnífic arquitecte que va construir tot tipus de tipologies arquitectòniques i que sentia una gran fascinació pels elements secundaris, uns elements que sovint passen desapercebuts, com el mateix arquitecte, tot i que són fonamentals per entendre i apreciar els projectes creatius i agosarats que es van desenvolupar al nostre país durant el modernisme. Montserrat Duran Albareda, licenciada en Geografia i Història, denota sensibilitat en aquesta obra cronològica que passa revista a la producció de l’arquitecte des de la seva època de formació fins als primers anys de la postguerra.




L'arquitectura amagada de Jujol
Redacció
Avui, 25 de diciembre de 2003

Una monografia sobre l’arquitecte Josep Maria Jujol (1879-1949), escrita per Montserrat Duran i Albareda, descobreix els aspectes “amagats” del qui va ser el col·laborador més conegut de Gaudí. Josep M. Jujol. L’arquitectura amagada, publicat per Editorial Meteora, repassa la biografia i trajectòria d’un dels creadors més singulars de l’arquitectura catalana del segle XX. Després d’haver patit un oblit important per part de la crítica i la historiografia, l’obra jujoliana ha viscut en els últims anys una destacada revalorització i ha deixat d’estar a l’ombra de Gaudí. Diverses aportacions bibliogràfiques i exposicions com la que el Museu Nacional d’Art de Catalunya li va dedicar l’any passat han contribuït a aquest canvi. El llibre que acaba de sortir és un pas més en la recuperació de l’arquitecte tarragoní.
L’autora del llibre, Montserrat Duran, coneix de primera mà l’obra de Jujol, ja que és cap de l’Arxiu Municipal de Sant Joan Despí, localitat on l’arquitecte va treballar des de 1913 fins a la seva mort. Aquest arxiu, en el qual es guarda un fons documental amb els expedients de permisos d’obres de Sant Joan Despí, està situat precisament en un dels edificis cabdals de l’arquitecte en aquesta ciutat: Can Negre.
Amb aquesta monografia, Duran ha pretès mostrar tots els aspectes de la trajectòria de Jujol, que no només es va centrar en la projecció general d’edificis sinó que també es cuidava dels petits detalls com els objectes, els esgrafiats de les façanes de les cases i de les tanques de fusta i les reixes de les finestres. Així, es dedica tot un capítol a la passió que Jujol tenia pel dibuix, que, segons Duran, és la base de tota la seva obra.
El llibre també parla d’aspectes concrets en la vida i l’obra de Jujol com l’arquitectura religiosa i la seva tasca com a professor, tant a l’Escola d’Arquitectura com a l’Escola del Treball. S’analitza també la seva fortuna entre crítics i historiadors, que ha fet que fins fa pocs anys l’obra de Jujol no hagi tingut el reconeixenient que es mereix.
El volum inclou una extensa cronologia, un pròleg de la historiadora de l’art Mireia Freixa i un text del fill de l’arquitecte, Josep M. Jujol.




Un libro aporta nuevos datos sobre la arquitectura “oculta” de Jujol
Olga Spiegel
La Vanguardia, 16 de noviembre de 2003

La estudiosa Montserrat Duran analiza desde una perspectiva actual la producción del arquitecto modernista, que en sus inicios colaboró con Gaudí y que en muchas obras ha quedado eclipsado por él.
BARCELONA.-A lo largo de las últimas décadas, la figura de Josep Maria Jujol (Tarragona, 1879-Barcelona, 1949) ha sido reivindicada y objeto de diversas exposiciones, pero ni el arquitecto modemista ni el alcance de su obra son todavía suficientemente conocidos. Discípulo y colaborador de Gaudí, su trayectoria a menudo se ha contemplado a la sombra de su genial maestro, olvidando que, al margen de su participación en proyectos gaudinianos, realizó una obra independiente, en calidad de arquitecto y como diseñador. El libro “Josep M. Jujol. L'arquitectura amagada”, de Montserrat Duran i Albareda (Sant Joan Despí, 1957), un estudio biográfico y artístico, que publica Editorial Meteora, aporta nueva información, fruto de la investigación de la autora en archivos y diversas fuentes bibliográficas.
Licenciada en Historia del Arte y jefe del Arxiu Municipal de Sant Joan Despí, cuya sede se halla en Can Negre, obra emblemática de Jujol,. que trabajó en esa localidad desde 1913 hasta su muerte, Duran hace años que rastrea su obra y le ha dedicado estudios como “Josep M. Jujol a Sant Joan Despí. Projectes i obra” o uno sobre su faceta de diseñador, incluido en el catálogo de la exposición “jujol dissenyador”, que presentó el MNAC el año pasado.
“He tratado de ver a Jujol desde una perspectiva actual, he recogido testimonios escritos de la época, pero también he querido incluir la experiencia que tenemos de su obra a través de las exposiciones y de las experiencias de los arquitectos que han tenido que rehabilitar sus edificios.” El reportaje fotográfico que ilustra el libro es de Albert Fortuny.
Duran subraya asimismo el capítulo que refleja la fortuna crítica de Jujol. “Ha sido importante ver qué pensaban de él sus contemporáneos, lo que se opinaba cuando murió y lo que piensan ahora historiadores, periodistas y arquitectos”, sin contar las largas épocas de silencio en tomo a su obra, tan creativa como prolífica, una arquitectura oculta, por ignorada, como ignorados son muchísimos de sus trabajos, esgrafiados en fachadas de casas, rejas e infinidad de objetos diseñados por él y cuya autoría se desconoce.
“A veces se atribuyen a Gaudí cosas que son de Jujol. Los colores del banco del Park Güell son de Jujol. Hay detalles muy emblemáticos de edificios de Gaudí que se le atribuyen a él y son de Jujol. Gaudí le dejaba una libertad total y nunca hubo problemas entre los dos. El esfuerzo de descubrir a Jujol en Gaudí se lo debemos a Carlos Flores.”
El libro aborda su primera infancia en Tarragona, los vínculos de su familia con el mundo rural y los círculos religiosos, y dedica un interesante capítulo a su afición y maestría en el dibujo. Contempla, asimismo, su etapa en la Escola d’Arquitectura, donde cuenta entre sus maestros a Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch, Antoni M. Gallissà y Josep Font i Gumà Jujol, siendo aún estudiante, trabajará en los talleres de estos dos últimos arquitectos, antes de iniciar su colaboración con Gaudí: la casa Batlló, la casa Milà, la reforma de la catedral de Mallorca, el Park Güell o la Sagrada Familia.
La obra arquitectónica propia de Jujol es examinada detenidamente, desde su primer edificio, una casa de vecinos en Poble Sec, el polémico e imaginativo Teatre Metropol de Tarragona, la torre Salvador o la tienda Mañac en la calle Ferran, hoy desaparecida, sin olvidar la casa Planells en la esquina de Diagonal y Sicília, todas ellas en Barcelona. Se destacan asimismo diversas construcciones en Sant Joan Despí,entre ellas la torre Gibert, la torre de la Creu y Can Negre, además de la casa Bofarull en Els Pallaresos. Entre sus edificios religiosos figuran la original iglesia de Vistabella (Tarragonés) y el Santuari de Montferri (Alt Camp), cuya estructura recuerda la montaña de Montserrat. Esta obra, que dejó interrumpida, ha sido acabada según un proyecto de Joan Bassegoda.
Su etapa de profesor en la Escola d’Arquitectura, donde tuvo como alumnos a Correa, Bohigas y Barba Corsini, y en la Escola del Treball; sus obras religiosas y encargos menores tras la Guerra Civil culminan esa mirada a Jujol y sus brillantes aportaciones, sin obviar momentos menos afortunados de su trayectoria, y las oscilaciones de su valoración por parte de la crítica.

Catalunya a pinyó fix


El ciclismo
Anton M. Espadaler
La Vanguardia, 21 de junio de 2003

Siempre he creído que existe una relación directa entre la naturaleza auténtica de un deporte y la conducta de sus más ardientes aficionados. Por ese motivo mi relación con el ciclismo cada vez es más dificultosa. Me cuesta mucho, en efecto, entender un deporte en el que los más aguerridos fans se dedican a incordiar hasta el riesgo físico a sus ídolos, jaleándoles con improperios, corriendo enfurecidamente a su lado, lanzándoles toneladas de agua, obstaculizándoles el paso, aporreándoles en los riñones, sobre todo en medio de una penosa ascensión, contribuyendo, en fin, a su desgaste, para de este modo tan peculiar lanzarlos a la victoria. Tal como está el asunto hay que prepararse para lo peor, porque el día menos pensado vamos a ver al rey de la montaña bajar el Tourmalet por donde ni las cabras gracias a la pasión de un “supporter”.
Por si todo eso no bastara, el ciclismo tiene otra vertiente, la recreativa, que tampoco acierto a comprender muy bien. Según tengo observado, parece que se trata de un juego con los automovilistas que consiste en ocupar la calzada charlando alegremente para obligar a los conductores a moderar la velocidad por las lindes del cero, a efectuar adelantamientos con mayor cuidado que en los manuales, y a dominar los nervios hasta alcanzar el nirvana al volante. Sólo en el País Vasco, donde ese deporte es casi desconocido, se conduce fluidamente entre ciclistas, por la sencilla razón de que además de ir sistemáticamente en fila, labran la cuneta que es un primor. Mientras aquí más de uno se pregunta cómo es posible que quien no paga ni un céntimo por circular se apodere impunemente de la carretera. Servidor, como precaución, y considerando que el cuerpo humano es mucho más valioso que la más lujosa de las carrocerías, les pondría, para redondear el juego, un seguro muy superior al de los automóviles de gama alta. Dirán algunos que así disminuiría la práctica del ciclismo. Nada más falso. Todo buen aficionado sueña con un velódromo.
Al lado de estos misterios, sin embargo, conviene reconocer que desde el punto de vista literario el ciclismo ha tenido muy buenos relatores, en el periodismo y en la semiótica moderna, que tanto debe a la serpiente multicolor. A estos grandes nombres hay que añadir el de Gabriel Pernau, que hace unos días presentó de la mano de Antoni Bassas su último libro, Catalunya a pinyó fix (Meteora). Decir Pernau y decir bicicleta es todo uno, pues a este texto le habían precedido las narraciones de sus viajes por China y por Cuba dándole a los pedales. La nueva aventura, más doméstica, se origina cuando se propone recorrer la misma ruta que siguió la primera Volta a Catalunya en 1911 con una bicicleta de aquel tiempo, que por cierto tenía llantas de madera y, como el título indica, carecía de cambio. La Volta es la tercera prueba por etapas más antigua que aún se disputa, después del Giro y del Tour, y Pernau creyó que bien merecía un homenaje en su noventa aniversario. Pernau cuenta cómo logró hacerse con una bici verdaderamente de museo, las vicisitudes del viaje desde un punto de vista técnico, y al tiempo, no en vano se trata de una competición deportiva, compara sus registros con los de los corredores de aquel entonces, respecto a los que obtiene una posición más que aceptable, alcanzando promedios cercanos a los 20 km/h. Una velocidad que los que circulan en coche entre ciclistas, según queda dicho, considerarán de vértigo.




La primera Volta, 90 anys després
Andrés Luengo
Diari d'Andorra, 10 de agosto de 2003

És estrany que al país de Poblet, Bahamontes, Ocaña, Delgado, Indurain, Freire o Beloki la bibliografia sobre el naixement del ciclisme de competició sigui gairebé inexistent. El periodista Gabriel Pernau (Barcelona, 1964) es va quedar d’una peça quan, en acostar-se el 90é aniversari de la Volta a Catalunya --la primera edició va tenir lloc els dies 6, 7 i 8 de gener del 1911--, es va decidir a indagar en la història de la ronda, la tercera més antiga del calendari ciclista --tan sols per darrere del Tour (1903) i el Giro (1909), i molt per davant de la Vuelta (1935)-- i va comprovar que no hi havia cap estudi disponible. 1 seguint la máxima de Vicens Vives --“A Catalunya, si vols llegir una monografia sobre un tema d’història contemporània, te l’has d’escriure tu mateix”-- va posar fil a l’agulla. El resultat és Catalunya a pinyó fix (Meteora), un volum a mig camí entre l’assaig històric i el llibre de viatge que repassa els orígens no tan sols del ciclisme de competició a Catalunya i a Espanya, sinó també de la bicicleta i dels artilugis que la van precedir, així com el procés d’implantació en la societat, des de les classes benestants que la van adoptar com un signe de distinció fins a la popularització com a mitjà de transport obrer i la proliferació dels clubs velocipedistes, a principi del segle XX.
L’apartat històric es tanca amb la primera edició de la Volta a Catalunya, que és precisament el punt de partida de la segona part de Catalunya a pinyó fix. Pernau hi deixà constància d’un somni fet realitat: refer l’itinerari de la primera edició de la ronda (363 quilòmetres dividits en tres etapes: Barcelona-Tarragona, Tarragona-Lleida i Lleida-Barcelona) amb una bicicleta de gairebé un segle de vida que va anar a pescar... al fons particular de la col·lecció Riberaygua: “Sorprenentment van entendre el projecte i fins i tot crec que va fer il·lusió que una peça de la col·lecció tornés a complir la funció per a la qual va ser fabricada. Hi havia un risc, i la prova és que en la segona etapa el quadre es va partir i vam haver de practicar una soldadura d’urgència, pero el van assumir amb generositat.” Però la Masdeu --com Pernau la va batejar en honor del primer vencedor de la Volta-- només comparteix el nom amb les bicicletas actuals: era una màquina sense canvi de marxes i amb pinyó fix, llantes de fusta i fre rudimentari. Les condicions que es van trobar els primers esforçats de la ruta. “Vaig seguir l’itinerari original en un 90 per cent, però és clar, no es pot comparar l’estat de les carreteres. I tot i que m’he hagut de barallar amb el trànsit, m’he estalviat la desconfiança dels pagesos de principi de segle, que sovint acabaven apedregant els ciclistas.” Pernau va invertir-hi més de 18 hores, un registre que l’hauria situat en la l6a posició de la primera Volta. Una marca potser discreta però que l’ha encoratjat a una nova aventura: el projecte Algesires-lstanbul, que emprendrà a la tardor i que s’afegeix a Tot Cuba en bicicleta i a A la Xina en bicicleta, que poden convertir l’autor en l’Espinàs de les dues rodes.

Quiromasaje. Técnica y sensibilidad


Quiromasaje. Técnica y sensibilidad

La Estética Professional, 01 de octubre de 2003

La Editorial Meteora presenta esta segunda edición de la obra "Quiromasaje. Técnica y sensibilidad", que se ha convertido en todo un referente tanto para estudiantes como para profesionales del masaje en todas sus vertientes: estética, deportiva y terapéutica. En el completo manual, su autor, el prestigioso Dr. J. Sagrera Ferrándiz, ve plasmada la larga experiencia cosechada a lo largo de sus 25 años de trabajo.




Quiromasaje, técnica y sensibilidad
Anna Sanés
Natura Medicatrix, 01 de junio de 2003

Quiromasaje quiere decir masaje con la mano, y en el caso de este texto se refiere a la técnica de masaje creada y desarrollada por el Dr. V. L. Ferrándiz durante los años 1940. Alumno directo, seguidor de sus enseñanzas como médico naturista y más tarde hijo adoptivo del Dr. Ferrándiz, el autor nos lleva literalmente de la mano a través de un libro diseñado como un curso de Quiromasaje, donde nos presenta: los efectos sobre el organismo y las condiciones en que debe desarrollarse una sesión de masaje, la manera como el masajista debe preparar sus manos y sus dedos, también su cuerpo y su mente, antes de empezar su trabajo. Sigue una amplia descripción de las manipulaciones y maniobras, así como las indicaciones y contraindicaciones de cada una de ellas.
Merecen especial mención las ilustraciones de Amando Juan, cuya claridad resulta el complemento perfecto al texto.
También encontramos un apartado con preguntas de autoevaluación especialmente útiles para asegurar la comprensión correcta de las propuestas encontradas.
“Durante el curso de Quiromasaje existen tres fases que todo alumno debe pasar. En la primera fase el alumno debe preparar sus dedos y manos, ganar elasticidad y coordinación, perder rigidez articular, saber cada maniobra como se efectúa para qué sirve y cuándo se hace. En una segunda fase, el alumno debe aprender las distintas direcciones de las maniobras aplicadas a las diferentes partes del cuerpo, y finalmente, hay una tercera fase en la que el alumno debe ya crear, puesto que un masaje no ha de ser nunca igual que otro, sino que se debe personalizar. Otro factor indispensable es poner ganas en el trabajo, amor por la profesión e interés en aprender, pasos de gigante no sólo en la práctica profesional del masajista, sino en la vida, para triunfar y hacer el bien.” (J. Sagrera)

Dues veles blanques


Tria personal
Lluïsa Julià
Serra d'Or, 01 de octubre de 2002

Rellegia aquests dies una de les antologies amb què vaig començar a entendre quina poesia m’interessava: l’antologia que Gerardo Diego publicava a l’editorial Signo el 1931 sobre la seva generació de poetes (després "Generación del 27") o l’anterior, que acaba de ser reeditada en facsímil. Potser Diego va imposar la fórmula, repetida amb èxit fins avui mateix, de demanar als poetes antologats un resum de la seva biografia i una breu poètica. Sigui com sigui, m’ha sobtat la insistència amb què García Lorca, Pedro Salinas o Vicente Alexandre eludien tant les preguntes personals com l’autoanàlisi de la seva escriptura, En resum, si fa no fa diuen que hi ha poesia o no i s’explica per ella mateixa. Cadascuna respon a un moment vital i és única, com a resultat ineludible de la propia existencia, com a única sortida vital... El poeta és aquell que s’ha sentit impel·lit a escriure-la de manera imperiosa, irrenunciable.

I això és el que sentim en llegir Dues veles blanques de Josefina Vidal Morera (1932). Trenta poemes sobre la mort, del company i de la filla, que responen a aquell intent de fer perviure els éssers estimats més enllà de la mort. Tan poca cosa en resta!... La memòria és l’arma més poderosa, al capdavall potser l’única, per a fer-los presents: «No puc deixar de pensar-te. / Si et penso, vius encara, / i encara tinc tendresa dins el cor», escriu Josefina Vidal. La mort recent de la filla fa que els poemes que li dedica siguin molt més punyents, fins a l’extrem que el títol del llibre, «dues veles blanques [creuen les tenebres dels meus ulls», transcriu els darrers mots de la filla, que ara parla per boca de la mare. Diàleg en absència, despullat, nu, essencial, proper a l’actitud d’Ausiàs March i de Joan Vinyoli, alguns dels poetes estimats per Vidal, que demostren que la mort no fa més que iniciar una nova forma de relació. Les cendres, la buidor, el destí…, són les distintes emocions que Vidal revisita personalment per arribar a la pròpia soledat en el «Fluir lent del temps», un tema que, segons apunta David Castillo al pròleg, «no la fa cedir a la feblesa ni a buscar l’autocommiseració». La poesia de Josefina Vidal esdevé així una manera d’avançar en el propi coneixement amb uns versos despullats, en què cada mot troba el seu propi pes.






D’un lent fluir del temps
Roger Costa-Pau
Avui, 25 de julio de 2002

A començaments d’any apareixia a Barcelona una nova col·lecció de poesia sota el segell d’Editorial Meteora i conduïda per Dolors Sàrries. Una agradosa notícia, sens dubte, per al conjunt de la comunitat lectora, habitual o potencial, en el seu –sempre necessari– eixamplament de vies i de pluralitats. Mitilene, que és la denominació nova que a l’Edat Mitjana algú va atorgar a l’illa grega de Lesbos, resulta un nom prou suggerent per a una col·lecció dedicada a la poesia; encara que en tal cas –i ho apunto a tall d’observació estètica– no acaba de casar amb un disseny de coberta suprageomètric i carregat de plastificats per als ulls i per al tacte.

Però centrem-nos en el volum que justament inaugura la serie: Dues veles blanques. Que compta amb la participació d’Isabel Fors com a il·lustradora i que n’és l’autora Josefina Vidal (Tàrrega, 1932). Una poeta que s’ha fet poc visible quant a llibres publicats (té un primer llibre escrit en castellà, Fuera de mí, publicat l’any 1964, i un altre, En el silenci del temps, publicat l’any 2001) però que d’altra banda, com ha manifestat en alguna ocasió, compta, avui, amb una obra inèdita extensíssima, fruit d’un treball ininterromput al llarg dels anys.

El títol del llibre, Dues veles blanques, es refereix a dues pèrdues profundes: la del marit –l’escriptor Felip Lorda– i la d’una filla pintora: Dúnia Lorda. La severitat de la mort, per tant, s’hi projecta com a tema central i per partida doble... Els poemes descriuen, en efecte, situacions crues i abruptes: isolaments, penúries, dolors, llanguiments i desesperances. Però en algun indret volgut de l’emoció –intensament volgut– sempre acaba sobrevivint l’espurna humana que combat el fum negrós i regressiu per renéixer després en una actitud nova d’afront i acarament. "Quan torno en el record / sento que les pedres / m’espien en silenci. / Jo no goso tocar-les. / Tinc els dits endurits / de tanta llunyania. / [...] Somnio els interiors / sàviament il·luminats / per prodigar carícies / a les coses. / Tornar, però, és difícil / i restar lluny, morir"... En el fluir del temps i en la represa, aquest és un reviure que cal atribuir a l’esplendor que Josefina Vidal atribueix a l’art i a la paraula en tota la seva dimensió. "La paraula –escriu David Castillo en el pròleg que signa– s’obre pas enmig de la destrucció i de la soledat i ens fa pensar en la transcendència de l’art que s’allibera de la limitació de la vida".






La última cosecha poética
Rosa Maria Piñol
La Vanguardia, 21 de mayo de 2002

El dolor de la pérdida. Josefina Vidal (Tàrrega, 1932) es viuda del político socialista Felip Lorda, con el que pasó 23 años de exilio. Tras la muerte de su marido, en 1992, y, siete años después, de su hija Dúnia, Josefina Vidal escribió el poemario "Dues veles blanques", que ahora ha editado Meteora. "Es una forma de lucha contra el olvido. Aunque uno de los versos dice "quan el temps empra el meu ésser per llaurar-hi l’oblit", se trata de no aceptar la muerte como un hecho inevitable, porque siempre queda el recuerdo, la pervivencia de los seres queridos". Vidal --que fue secretaria del entonces ministro Ernest Lluch-- componía en sus inicios poesía de combate; la de ahora es más intimista. En esta obra refleja " el dolor de la pérdida, la soledad, la necesidad de sobrevivir".






Josefina Vidal publica el poemari "Dues veles blanques"
Neus Buil Manzanares
Avui, 25 de febrero de 2002

"El llibre retrata desolació, però al mateix temps és un cant a la vida", explica David Castillo en el pròleg al volum Dues veles blanques, de Josefina Vidal que acaba de publicar l’editorial Meteora. Es tracta d’un recull de poemes amb què Josefina Vidal expressa sentiments de "buidor", de "dolor corrosiu" i de "ràbia", arran de la mort del seu company, el polític Felip Lorda Alaiz, i de la seva filla Dúnia, il·lustradora del diari AVUI. Les diferents etapes del procés de dol que travessa l’autora el fan evidents al llarg dels trenta poemes que componen el llibre.

"Dues veles blanques creuen la tenebra dels meus ulls" van ser les paraules de Dúnia Lorda Vidal poc abans d’entrar en coma i donen títol al nou poemari de Josefina Vidal, que, segons l’escriptor David Castillo, "ens ensenya la passió d’una persona que no s’ha rendit ni quan la vida l’ha torturat amb més severitat". "Estenc el meu dolor i l’alliso", expressa la poeta en paraules sinceres sortides directament del cor, en un intent de "saber fins on puc arribar amb aquesta angoixa arrapada a les entranyes i que fa un monstre de la meva soledat".
Josefina Vidal ha col·laborat en revistes i diaris i ha fet traduccions de l’anglès. Fuera de mí va ser el seu primer recull de poemes, escrit en castellà i editat el 1964. Fa poc més d’un any, S.C. Edicions va publicar En el silenci del temps, un poemari auster i intimista de finals dels vuitanta. Josefina Vidal va néixer a Tàrrega, L’Urgell, el 1932 i és diplomada en llengua i literatura anglesa per la Universitat de Barcelona




La tianenca Isabel Fors il·lustra el primer volum d’una nova col·lecció de poesia de l’editorial Meteora
Laura Garcia
El Punt, 26 de febrero de 2002

Ha fet divuit dibuixos a llapis per acompanyar els poemes de Josefina Vidal.

Divuit dibuixos a llapis en blanc i negre fets per la tianenca Isabel Fors il·lustren el primer volum de la col·lecció de poesia "Mitilene" que acaba de presentar l’editorial Meteora. Es tracta del llibre Dues veles blanques, de Josefina Vidal Morera (Tàrrega, 1932) amb una trentena de poemes o "un llarg poema sobre la mort de dues persones estimades" com especifica David Castillo en el pròleg. El llibre ja s’ha presentat a Barcelona i properament es donarà a conèixer també a Tiana.

Isabel Fors explica que abans de l’autora va conèixer els seus poemes: «Em van advertir de la duresa del contingut i quan vaig començar a llegir-lo de seguida em vaig emocionar», afirma. La mort és el fil conductor de l’obra de Josefina Vidal en aquest llibre Dues veles blanques i no la mort en abstracte, sinó la del seu company, l’escriptor Felip Lorda, i la seva filla, la pintora Dúnia Lorda. «Un cop vaig entrar a l’òrbita de l’escriptora, de la seva forma d’expressar-se austera i rica, --diu Fors-- va ser fàcil.» «Des del principi vaig voler acompanyar la seva obra sense fer res espectacular.» «El que ha fet és un viatge a l’interior dels sentiments, dels patiments i aconsegueix que hi entris, que se t’enganxi amb els teus propis sentiments», afegeix la il·lustradora per explicar-se sobre la connexió amb l’obra. «Segueixo plorant quan me’ls llegeixo i ja ho dec haver fet quaranta vegades.
>Els elements de la natura, els arbres, les flors, el mar, la pluja, les fulles caigudes predominen en el conjunt de les il·lustracions, en què també apareixen alguns rostres, mans anònimes i uns pocs objectes quotidians que parlen de la soledat, la pèrdua, l’enyor i el pas del temps. Tres lletres entrellaçades, les inicials dels tres noms que han fet possible els poemes --Felip, Dúnia i Josefina-- encapçalen la dedicatòria de l’autora i donen entrada al conjunt: «Un llarg poemari dividit en tres estrofes aparentment independents», explica el també poeta David Castillo en el pròleg del llibre, que acaba definint com un llarg poema. La mateixa il·lustració tanca el llibre. Dues veus blanques obre "Mitilene", la quarta col·lecció de l’editorial Meteora, gestionada per un equip de tianencs des de Barcelona. Ara per ara, ja existeix "Papers de Fortuna", una col·lecció de narrativa per a adults en català; "Vides i llegats", amb biografies il·lustrades i "La roda de Faistos", amb monografies sobre belles arts.

Isabel Fors, nascuda a Barcelona el 1946 i establerta a Tiana ja fa trenta anys, va estudiar a l’Escola Massana i va ampliar els seus estudis a Suïssa a través d’una beca. Va treballar durant un grapat d’anys a Can Boter, dissenyant, modelant i pintant gegants i capgrossos. Ara continua pintant i fent, classes en un estudi a la Baixada de les Escales. "La meva concepció de l’art és holística. Per mi és comunicació, fas el que realment saps fer per explicar el que sents."

Josefina Vidal, nascuda a Tàrrega el 1932, és diplomada en Llengua i Literatura Anglesa per la Universitat de Barcelona. Ha viscut i treballat a Anglaterra, a Holanda i actualment viu a Barcelona. Ha col·laborat amb la BBC a Londres i va treballar amb els sindicats holandesos a favor de la immigració espanyola i xilena. Va ser cap de la secretaria de despatx del ministre de Sanitat, quan el càrrec l’ocupava el desaparegut Ernest Lluch.






Un cant a la vida
Quirze Grifell
Regió 7, 23 de marzo de 2002

El 21 de febrer passat es va presentar a Barcelona el llibre Dues veles blanques, de l’escriptora Josefina Vidal Morera, natural de Tàrrega. El lloc triat per a la presentació va ser la Llibreria del Raval del carrer Elisabets, a un pas de la Rambla. El local, del tot sorprenent, és una església convertida ara en una gran llibreria.

La jove editorial Meteora, amb aquest llibre enceta una nova col·lecció dedicada a la poesia, Mitilene, que té la característica de portar il·lustracions. En aquesta ocasió els dibuixos són originals d’Isabel Fors.

Abans dels parlaments per anar preparant el camí cap a la poesia, Peter John Bacchus va interpretar unes peces a la flauta travessera. L’escriptor David Castillo, responsable de cultura del diari Avui, professor universitari i flamant guanyador de l’últim premi de novel·la Sant Jordi, va introduir els presents en l’obra de Josefina Vidal. Com diu en el pròleg, Dues veles blanques és un llarg poemari dividit en estrofes aparentment independents, un llarg poema sobre la mort de dues persones estimades: el seu company, el també escriptor Felip Lorda, i la seva filla, la pintora Dúnia Lorda".
Castillo, com a bon coneixedor de la lírica, ens fa notar les relacions entre la poesia de Vidal i la d’alguns grans noms de la literatura universal: Joan Vinyoli, Emily Dickynson, Dant, Ausiàs March, Rilke, Hölderlin, Miguel Hernández i Allen Ginsberg. Especialment aquest darrer escriptor nord-americà de la generació beat en la seva oració funerària a la seva mare Kaddish, del 1960.
Josefina Vidal havia publicat anteriorment dos llibres de poemes, un en castellà i un altre de caire intimista, El silenci del temps, editat per Solsona Comunicacions.

L’autora, que es confessa "incrèdula de tot menys de l’oblit», va llegir magistralment alguns dels seus poemes, «els menys dolorosos». A partir de la dura experiència de la mort, el llibre és tot ell un cant a la vida. Allò que Eugeni d’Ors va definir amb motiu del traspàs del poeta Joan Maragall: «el triomf de la paraula sobre la mort». I és també un exemple del poder alliberador de l’art, més enllà de la vida: «sentir que mors i que estàs viva encara, / que l’amor adquireix formes en l’esperit / quan recorda la passió / Que Ofèlia, feta garlanda, / també baixa lentament pel nostre riu / i canta...».






Las Meninas a la vista de Picasso: el homenaje y su reinterpretación
Juan Pedro Yáñiz
ABC Catalunya, 22 de diciembre de 2002

Velázquez y Picasso se «conocieron» cuando Pablo Ruiz Picasso, casi quinceañero y entusiasta, visitó por primera vez el Museo del Prado, en 1895, y quedó prendado de cuatro telas velazqueñas, de forma primordial, «quedó fijado en mis retinas, de una manera obsesionante, el cuadro de Velázquez Las Meninas, creo que ya me hice, aunque fuese en el subconsciente, el propósito de realizar mi versión de Las Meninas». Tardaría 62 años en poder hacerlo el pintor malagueño que a raíz del desastre del 21 y el expediente de su familiar, el general Picasso, suprimió el Ruiz del apellido, con aquel talento suyo para la propaganda de la obra propia.
Arte total y aire interpuesto

Claustre Rafart, responsable de Comunicación del Museo Picasso barcelonés, ha publicado numerosos trabajos de asunto picassiano y ahora acaba de aparecer, en Editorial Meteora Las Meninas de Picasso, que recoge todo el proceso creador del pintor malagueño, a partir de la inspiración del original velazqueño, «si alguien se pusiera a copiar "Las Meninas", quizás de buena fe, llegaría un momento, si el copista fuera yo, que diría ¿Y si pusiera este detalle un poco más a la izquierda o a la derecha? Acabaría por intentar hacerlo de mi manera, olvidándome de Velázquez. Las probaturas me llevarían, seguramente a modificar la luz o a cambiarla por completo, por el hecho de haber movido de sitio un personaje. Así de forma imperceptible, iría pintando unas "Meninas" que le parecerían detestables al copista profesional, no serían las que a él le habría parecido ver en el cuadro de Velázquez, pero serían "mis Meninas"», explicó Piccasso a Sabartés, en 1951, en el transcurso de una discusión sobre arte.
La autora define este cuadro velazqueño como «el arte absoluto» y va reconstruyendo el lento proceso de aproximación, comprensión y asimilación de los genios a través de la obra coral que representa a una infanta, sus meninas, el rey y la reina, enanos, perros y criados, y el propio autor que contempla la imagen reflejada en un espejo y consigue plasmar, sobre el lienzo la «sensación de aire, interpuesto», que se ha convertido ya en un lugar común de la critica velazqueña. las Meninas picassianas forman una serie de 58 óleos dividida en 44 interpretaciones directas del lienzo de Velázquez, nueve escenas de su palomar, tres paisajes y dos interpretaciones libres.






Las Meninas de Picasso

Leer, 01 de diciembre de 2001

En 1950 Picasso y Sabartés discuten sobre arte. En la conversación, Picasso señala: "Si uno se pusiera a copiar Las Meninas, de toda buena fe, pongamos por caso, al llegar a cierto punto y si el que copiase fuese yo, me diría: ¿Qué tal sería poner a ésa un poquitín más a la derecha o a la izquierda? Y probaría a hacerlo a mi manera, olvidando a Velázquez. (...) Así, poquito a poco, iría pintando unas Meninas que parecerían detestables al copista de oficio; no serían las que él creería haber visto en la tela de Velázquez, pero serían mis Meninas".
De esta manera nacieron, años después, Las Meninas de Picasso, una libre interpretación que transforma radicalmente el lenguaje estético de la obra velazqueña. Una obra pictórica que ahora es analizada en un trabajo editorial, Las Meninas de Picasso, firmado por Claustre Rafart i Planas y que inaugura la nueva colección de arte "La roda de Faistos", de la editorial Meteora.

La autora del volumen (que incluye 75 ilustraciones a color y un desplegable) es, desde 1996, responsable del Departamento de Comunicación y Acción Cultural del Museo Picasso de Barcelona; ha actuado como coordinadora en los seminarios "Picasso en el arte español. Antecedentes y consecuencias" (1990) y "Las vanguardias cumplen cien años" (1994) en el Museo Picasso, y ha publicado diversos artículos sobre aspectos concretos de la vida y la obra de Pablo Picasso en catálogos de exposiciones temporales y en revistas especializadas.






Art. Conviure amb "Las Meninas"
Arnau Puig
Avui, 24 de enero de 2002

Son situacions molt diferents dir, com ho féu Luca Giordano al veure el cèlebre quadre de Velázquez Las Meninas, que és la "teologia de la pintura", pensar aquest mateix quadre respecte de les relacions entre imatge, la representació que ofereix la imatge i les seves relacions amb qui la contempla, com ho intentà Foucault, cercar quines van ser les motivacions d’una ànima secreta per retrobar-se, com ho ha intentat Josep Palau i Fabre, o bé conviure amb la versió que Picasso va fer del quadre, que és el que quotidianament realitza Claustre Rafart.

Les seves Meninas, doncs --les de Claustre Rafart--, no poden ser cap de les esmentades i sí, en tot cas, la impressió d’unes relacions de convivencia, que se li ofereixen, en una mena d’escena que es converteix en realitat cada vegada que Rafart passa per davant d’aquelles imatges creades per Picasso i relacionades, sembla, amb una angoixa de vés a saber quins problemes estètics, ètics, històrics o estrictament pictòrics.
Sense teoritzar

Això és el que va decidir fer Rafart: explicar la seva relacions amb Las Meninas. És el que trobem al llarg de tot el text, amb un aclariment: que els afectes de Rafart es mostren presentant i comentant el que hi ha, sense inventar res, sense intentar teoritzar, perquè l’afecte real és la pràctica de la realitat i la realitat són els quadres de Picasso que hi ha penjats al Museu de Barcelona que porta el seu nom, i que són allà, els quadres, per voluntat expressa del pintor.

Primer s’expliquen les identitats entre els mateixos quadres i les referències amb el referent: els que reprodueixen la totalitat --a la manera picassiana, ben entès-- del quadre de Velázquez, el que n’ofereixen fragments i, d’entre aquests, els que tracten només un personatge o un grup de personatges del quadre i, després, els quadres del balcó-finestra, amb el colomar que Picasso hi féu instal·lar expressament mentre va treballar el conjunt de Las Meninas. Acaba amb els quadres que des d’aquest taller, i amb independència del que creava a l’interior, quan aixecava la vista i prescindia de l’entorn vela, fora, a prop seu, el jardí, el paisatge, lliure, obert, només encant visual sense la càrrega històrica, passional i estètica al qual l’obligava el compromís que voluntàriament havia adquirit amb el seu col·lega; gairebé 300 anys més gran. (Claustre Rafart recorda alguns amics de Picasso, que es trobaren a La Californie, convidats a passar-hi uns dies, entre el 17 d’agost i el 30 de desembre del 1957, com estava de content el pintor del que havia emprès, com es neguitejava quan havia d’atendre els convidats i com, cada matí, quan pujava cap al segon pis, on hi havia al taller, semblava que anés al patíbul.)

Algunes preguntes
Del llibre de Rafart es desprenen algunes preguntes sobre per què Picasso s’interessà per Las Meninas. Va ser la qüestió del problema pictòric i estètic que planteja? Va ser perquè necessitava recuperar, per retractar-lo, el record de la seva infantesa, recuperar les seves arrels ibèriques? O va ser perquè Picasso, sense oblidar en cap moment les qüestions de la creativitat,

tenia la necessitat, una vegada més, d’enfrontar-se amb el problema no resolt de les seves relacions amb la dona? La dona, a part de les qüestions estètiques, és gairebé la constant a l’obra de Picasso. Se la troba per tot, la tracta constantment, la manipula de totes les maneres i des de totes les possibilitats. Aleshores, el que ens preguntaríem, arran de les pistes que ens facilita Rafart --sense que això vulgui dir que ella ho manifesti així--, és si el que va preocupar Picasso de Las Meninas va ser el plantejament estrictament esteticofilosòfic o bé el que li interessà van ser les dones i les relacions humanes que impliquen.
L'autora de l’estudi ens recorda que, respecte dels seus contactes, connexions o enfrontaments amb els clàssics de la pintura, Picasso se les hagué, el 1917-18, amb el Retorn del bateig, de Le Nain, tema on la dona hi és essencial; reprengué aquesta tasca, 1944, amb La Bacanal, de Poussin. El 1954 ho va fer amb Les dones d’Alger, de Delacroix; el 1959 amb El dinar campestre, de Manet; el 1963, amb El Rapte de les Sabines, David i el de Poussin. A més, a partir d'aquest mateix any 1963 es dedica intensament al tema del pintor i el seu model, que generalment és una dona. Això només ho assenyalo perquè de vegades no hi ha tanta metafísica com es pensa en les coses. Són més planeres.

Però el que sí que vull afegir és que a partir del tema de Velázquez, Claustre Rafart ens recorda que Picasso havia comentat que no volia fer una còpia de l’original, ni una interpretació, sinó intentar canviar les qüestions de llum al quadre del mestre clàssic, obrint els finestrals de l’estudi del pintor, per exemple; canviant els personatges de situació els uns respecte dels altres, amb els canvis conseqüents de cromaticitat que això implica. Perquè Picasso, també se’ns recorda en aquest estudi, té una necessitat constant de moviment --ho sabem des de les Senyoretes d’Avinyó-- atès que del que ell va més al darrere és de l’agilitat del pensament que no pas de la seva pensada. El tret essencial de Picasso és el del dinamisme actiu. I Las Meninas en són un exemple extrem, que potser és el que el pintor va copsar quan va veure el quadre: que era una instantània d’una situació dinàmica. Aleshores, potser, va pensar, en lloc de la fotografia que va fer Velázquez jo podria fer-ne el joc, l’agitació escènica, amb tots els moviments i canvis de cromaticitat que això implica. El fet que la posició de les mans de Nicolasito l’inspiri la posició del pianista i que el representi expressament tocant el piano, podria lligar amb una sentida necessitat d’acció.

I què més acció que la que li han provocat les dones a partir de l’instant en què realment se sentí pintor i necessitat d’expressar tots els seus afectes? Las Meninas ens invitan a reflexionar-ho.






"Tal com raja": Les Meninas
Lluís Llort
Avui, 18 de abril de 2002

El genial pintor malagueny Pablo Picasso es va sentir atret pels grans pintors del segle XVII espanyol (Velázquez, Goya, El Greco, Murillo... ) des de la seva primera visita al museu del Prado de Madrid, la primavera del 1895, amb només 14 anys i acompanyat del seu pare. Aquesta atracció, que es va mantenir al llarg de tota la vida, posteriorment es va centrar en la figura del sevillà Velázquez i en quatre de les seves pintures: Las hilanderas, dos retrats de Felip IV i, molt especialment, Las Meninas.
Sobre aquesta fixació del mestre per una de les obres d’un altre mestre 282 anys anterior a ell ja en parla Josep Palau i Fabre, amic de Picasso i incansable biògraf i divulgador de la seva obra, a Dancing notes on 'Las Meninas' (Art of This Century). D’aquest llibre ja en va parlar extensament Sam Abrams en aquest suplement l’1 de novembre passat, per això avui us en parlaré, d’una nova obra sobre el mateix tema, tot i que amb un enfocament més tècnic. Es tracta de Les 'Meninas' de Picasso, publicat per Meteora i escrit per Claustre Rafart, historiadora, tècnica en art i especialista en Picasso.

És un llibre pràctic i de qualitat en què Rafart fa una descripció, un estudi crític de la sèrie de 58 quadres que Picasso va fer inspirat en Las Meninas de Velázquez. Un recorregut molt gràfic, molt visual, on podem seguir de manera didàctica i no per això menys erudita els passos analítics del pintor malagueny (i moltes altres obres per situar-nos i comparar) fins a arribar a la seva versió de l’obra de Velázquez. Una sèrie d’olis, pintada entre el 17 d’agost i el 30 de desembre del 1957, que es conserva en el Museu Picasso de Barcelona, on l’autor la va donar el maig del 1968 en memòria del seu amic i secretari Jaume Sabartés, mort aquell mateix any i que també havia escrit una obra relacionada amb aquest tema, 'Las Meninas' y la vida (1959).
Rafart reprodueix una discussió del 1950 sobre art entre Picasso i Sabartés en què el pintor es planteja que, si copiés l’obra de Velázquez, voldria modificar petits detalls fins a fer el quadre a la seva manera oblidant-se de Velázquez. "Així, a poc a poquet, aniria pintant unes Meninas que semblarien detestables al copista d’ofici; no serien les que a ell li hauria semblat veure a la tela de Velázquez, però serien les meves Meninas". I així ho va fer.






Aproximació a Picasso
Guadalupe Ortiz
Serra d'Or, 01 de abril de 2002

El llibre, en què predomina la reproducció pictòrica sobre el text escrit, és una obra breu, molt entenedora, d’un marcat caràcter de divulgació tot i que tracta d’un tema ben específic de l’obra de Picasso. Els no especialistes segurament ens hem preguntat moltes vegades per què va fer tantes obres referides a «Las Meninas» de Velázquez. Una breu consideració biogràfica en què l’autora ens mostra la visita del Picasso adolescent al Museu del Prado amb el seu pare ens en dóna una pista important; com la influència de la pintura espanyola en el background mental del pintor, especialment Goya i El Greco, a més de l’autor de «Las Meninas». De la mateixa manera, ens parla d’altres influències estrangeres més contemporànies o de la tradició pictòrica occidental del «tema» del taller de l’artista. D’aquesta manera coneixem allò que segurament va suposar per a Picasso com a repte pictòric i intel·lectual l’ambigüitat dels personatges que són observats pel pintor i miren l’espectador d’una manera provocadora. Del taller, l’artista passa al teatre i converteix el seu «tema» en una representació demiúrgica amb variants insospitades, com la del nan que toca el piano mentre dóna un cop al gos del quadre. Les seves «Menines» són una sèrie formada per cinquanta-vuit olis dividits en quaranta-quatre interpretacions d’al·lusió directa al quadre de Velázquez, nou escenes de colomar, tres paisatges i dues representacions lliures: tot això, Picasso ho va pintar entre l’agost i el desembre de 1957, al seu taller de La Californie, amb l’angoixa de voler pintar i el neguit de no estar creant. Totes aquestes variacions són un reflex del seu procés intel·lectual, que transforma totalment el llenguatge estètic de Velázquez i investiga una nova línia de renovació del llenguatge figuratiu.




Picasso i "Las Meninas". De Velázquez a Picasso
Quirze Grifell
Regió 7, 09 de enero de 2002

Editorial Meteora ha iniciat la col·lecció "La Roda de Faistos", dedicada a obres d’art, amb el llibre Les Meninas de Picasso, de l’estudiosa solsonina Claustre Rafart i Planas. El volum, de 142 pàgines, profusament il·lustrat amb fotografies en color i un desplegable, ha vist la llum en tres edicions: en català, espanyol i anglès. Després del pròleg de Valeriano Bozal, se succeeixen set capítols que es complementen amb dues detallades cronologies picassianes, una de tota la seva vida i una altra específica dels mesos de realització de Las Meninas.

Claustre Rafart és llicenciada en Història Contemporània per la Universitat de Barcelona, tècnica superior en Art i Història de l’Ajuntament de Barcelona i responsable del departament de Comunicació i Acció Cultural del Museu Picasso de la capital catalana. El seu interès per aquesta sèrie de quadres, cedida a Barcelona per decisió del mateix artista, va començar fa uns anys, quan va escriure la guia divulgativa de l’esmentat museu (1998). Aleshores es va adonar que el que realment li agradava era fer divulgació. Per a ella, "es una forma de ensenyar l’art, de fer que la gent aprengui a mirar i, al mateix temps, també d’estudiar-lo tu". Per altra banda, Rafart sempre ha estat molt interessada en el Picasso intèrpret, és a dir, quan s’acosta a l’obra d’un altre pintor. Aquest camp constitueix una font inesgotable d’estudi.

Picasso, a partir de 1917, comença a fer paràfrasis dels grans mestres de la pintura occidental, amb més o menys intensitat. S’acosta a Rembrandt, Goya, Ingres, Cranac, David, El Greco, Coubet i Le Nain, entre d’altres. Però la gran època de les paràfrasis va ser a partir dels anys 50 fins els anys 60. És en aquest període quan pinta les tres grans sèries interpretades: Les femmes d’Alger, de Delacroix (un conjunt de 86 pintures i dibuixos); Las Meninas, de Velazquez (58 olis); i Le déjeuner sur l’herbe, de Manet (182 obres, entre pintura, dibuix i escultura).
La sèrie de Las Meninas és l’única de totes tres que es troba excepcionalment sencera en un museu, en aquest cas al carrer Montcada de Barcelona, gràcies a la donació de Picasso (1968), en memòria de Jaume Sabartés, amic i secretari particular del pintor. Les altres dues estan repartides per diferents col·leccions.

Las Meninas, anomenant també La família de Felip IV, va ser creat pel pintor barroc Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, l’any 1656, i és exposat al Museu del Prado de Madrid. L’escena, situada en el taller de Velázquez, és presidida per la infanta Margarida Maria. A l’esquerra, mirant el quadre, hi ha la serventa María Agustina Sarmiento i el mateix Velázquez. A la dreta hi ha Isabel Velasco, la nana María Bárbola, el nen Nicolasito Pertusato i el gos. Al fons, reflectits en un mirall, es poden veure Felip IV i la seva esposa. Tres personatges més, en segon terme, completen el conjunt.

Picasso arrossegà durant molt temps la seva passió per Velázquez. Segons Jaume Sabartés, el pintor guardava una fotografia en blanc i negre de Las Meninas. Tot hi que havia vist algunes vegades el quadre, Picasso tenia una prodigiosa memòria visual. L’any 1950, en una conversa amb Sabartés, havia dit "si jo em posés a pintar Las Meninas, no faria les que el copista pensa veure, sinó que faria les meves Meninas". Aquestes paraules són reveladores del que set anys més tard es convertiria en una obsessió. El dia 17 d’agost del 1957 Picasso es tanca en una sala de la segona planta de la mansió La Californie, on hi ha un balcó que presideix la badia de Canes, a la Costa Blava, amarada de la llum mediterrània de Provença. En aquell balcó instal·la un colomar amb una parella de coloms que es reprodueixen molt de pressa i que li faran companyia en aquesta insòlita aventura. La soledat de l’artista es troba cara a cara amb la seva obsessió. Allà començarà un tour de force amb Velázquez que durarà fins el 30 de desembre. En tot aquest temps pintarà 58 olis, la majoria retrats dels personatges de Velázquez, alguns de tot el conjunt i altres amb un, dos o tres personatges. L’artista farà també, durant aquells mesos, dues escapades, una al paisatge i una altra a escenes del colomar. Com a detall especial pinta un retrat de la seva companya Jacqueline, que pot ser interpretat com a quadre o com a reflex en un mirall. En total Picasso fa 44 interpretacions, 9 escenes de colomar, 3 paisatges i 2 interpretacions lliures.

Claustre Rafart ens fa notar en el seu treball que la sèrie conté paisatge interior (el taller), paisatge interior-exterior (el taller que es projecta a l’exterior) i paisatge exterior. El conjunt es pot considerar una apoteosi del paisatge picassià. Cal destacar la importància del taller de Picasso com a lloc de trobada entre l’art i la vida.

El llibre té, a més, la particularitat de reproduir en color, un per un, els 58 olis de Las Meninas i en fa un estudi exhaustiu i detallat. Ens acosta els diversos llenguatges utilitzats per Picasso: "des de la formació acadèmica fins al cubisme en les seves diferents variants: l’analític, el sintètic, l’ornamental; l’expressionisme, les distorsions acusades dels anys surrealistes..., fins a arribar a la seva cal·ligrafia, que defineix el que es coneix com el darrer Picasso".
El tercer capítol del llibre és dedicat al lloc on es produeix l’acte creatiu, el taller de l’artista, del pintor, en aquest cas. Aquí se’ns expliquen, amb les reproduccions dels quadres esmentats, les moltes vegades que Picasso havia reflexionat sobre l’acte de pintar.

L’any 1906, ens uns esbossos preparatoris i també en el quadre Autoretrat amb paleta, es pinta amb el pinzell a la seva mà dreta alçada, a punt de pintar, i la paleta a la mà esquerra, mostrant els colors a l’espectador. Aquesta mateixa posició la repetirà l’any 1950 en el Retrat d’un pintor, segons El Greco i també en els quadres de les seves Meninas on apareix Velázquez. És la posició, exacta, en què aquest pintor s’autoretrata el 1656. Aquí tenim una pista més de la fascinació que l’artista malagueny va sentir pel sevillà al llarg de la seva vida. Però més enllà de l’admiració que sent per Velázquez, és el tema de Las Meninas el que interessa a Picasso. Rafart escriu "és el taller per excel·lència, i el lloc de creació és un asumpte recurrent en l’obra de Picasso". En un dels seus quadres més coneguts Les demoiselles d’Avignon, ens presenta el bordell-taller i multitud de vegades va treballar el tema El pintor i la model, el 1914 ho fa retornant al classicisme i el 1926 hi tornarà amb el cubisme curvilini. Entre 1927 1 1928 pinta L’estudi a base de línies que formen plans i figures geomètriques. Als anys 30 crea la Suite Vollard, on ens trasllada al taller de l’escultor. Durant la dècada dels 50 tornarà a treballar a abastament les relacions entre el pintor i la model, les escenes de taller i els objectes de treball.

Amb paraules de Rafart, "el taller, per a Picasso, es pot considerar com una al·legoria de les relacions de l’artista amb la realitat, com ho va fer Velázquez a "Las Meninas".

La sala de La Californie, durant aquells cinc mesos de treball intens, és "el racó en què emergeix la creativitat de l’artista, la seva raó de ser, la seva vida. Més endavant deixa entrar la model, Jacqueline gronxant-se en un balancí." Claustre Rafart ens fa notar que la sèrie funciona talment com si es tractés d’una obra de teatre, amb una dramatúrgia lliure: "el director Picasso ens presenta el que serà l’obra, la presenta tal qual, i ja ens diu les innovacions que hi farà. A partir d’aquí, va centrant-se en diferents personatges els deixa expressar el que ells volen en aquell moment". Al final, és la menina Isabel de Velasco la que s’acomiada del públic, fent una reverència, i dóna per acabada l’obra. Dins el conjunt trobem un component lúdic i alhora un altre de dramàtic. Hi ha, per exemple, des del retrat de la infanta tendra, tota coquetona, fins el de la nana macroencefàlica, María Bárbola, que mira l’espectador amb una agressivitat terrible, fins que al punt que la menina del costat l’observa amb una mirada de malfiança. Hi apareix també un Nicolasito Pertusato, el nen de la cort, tocant el piano, a l’estil d’un músic de jazz de l’època. En el quadre de Velázquez, aquest personatge té les mans en una posició que suggereixen que toca un piano. Al mateix temps, té un peu recolzat sobre l’esquena del gos, cosa que fa pensar en els pedals de l’instrument.

Parlant de músics, Rafart veu també Las Meninas con una suite, com un conjunt de temes amb els seus moments culminants: "els constants vaivens rítmics de la sèrie picassiana li donen musicalitat. Aquest ritme harmoniós que adquireix la sèrie, té alguns crescendi bellíssims que no tenen equivalent en la seva obra, ni tan solos en les altres interpretacions que elabora, en les quals això també s’evidencia però d’una manera més matisada i menys intensa".

L’escena que ens presenta el quadre de Velázquez és ambiental. És un moment determinat en què el pintor estava pintant en el seu taller de l’Alcázar de Madrid i van entrar la infanta i la seva comparsa. L’autora del llibre ens defineix l’escena d’aquesta manera: "entren en pla divertit, com voletejant dins el taller del pintor i com si, de cop, es congelessin les imatges. Això és el que capta el pintor sevillà". Picasso intentarà reflectir aquesta mateixa escena, amb personatges a qui dóna un aire a voltes grotesc, a voltes divertit. L’atmosfera etèria, d’aire congelat, que es respira en el quadre barroc serà traslladada als quadres de Picasso.
Lope de Vega, coetani de Velázquez, havia descrit l’ambient del palau de l’Alcázar madrileny de total avorriment, "on fins i tot les figures dels tapissos badallaven". Una de les coses que fa Picasso en el primer quadre de la sèrie, on apareix el conjunt dels personatges, és precisament obrir totes les finestres de la part dreta de la sala, perquè la llum de la Mediterrània il·lumini l’escena. "Si tu et mires el quadre de Velázquez --assegura Rafart-- estàs pendent que, si acluques els ulls un moment, hi hagi un moviment. És una obra mestra de totes les èpoques".
Claustre Rafart confessa que aquest llibre era una assignatura pendent, des del punt de vista de la divulgació, un dels aspectes que més li agraden a l’hora d’escriure sobre art. Assegura que cada vegada que passa per les sales on hi ha Las Meninas hi veu alguna cosa nova: "és al·lucinant la riquesa que hi ha!". La seva intenció és que aquest llibre s’adreci al gran públic interessant mínimament per l’art.
Pel que fa a nous interessos d’estudi, l’autora n’enumera especialment tres: tot el que va representar l’estada de Picasso a Gósol, els dibuixos d’Horta de Sant Joan, també dipositats al museu de Barcelona, i els gravats picassians. EL fet de treballar al museu li facilita molt l’estudi. "Estudiar el que tens aquí crec que és molt millor que anar-te’n a estudiar a fora". Afegeix, encara, una afirmació: "Picasso, per altra banda, està molt estudiant, moltíssim."





Una lleidatana ‘descobreix’ Picasso
F. Lechón
Segre, 08 de enero de 2001

La historiadora de Solsona Claustre Rafart explica com i per què el malagueny va fer la seua particular versió de 'Las Meninas' de Velázquez.
Picasso va mamar l’obra de Velázquez des de la infantesa. El seu pare, professor de Belles Arts, volia dotar-lo d’una sòlida formació acadèmica. Dècades després, el 1957, l’interès de Picasso per un dels genis del segle XVII va explotar en la seua particular visió de Las Meninas, una "obra mestra" del pintor malagueny. Ho explica la historiadora de Solsona Claustre Rafart a Las Meninas de Picasso (Editorial Meteora). Llicenciada en història, Rafart és, a més, responsable de comunicació del Museu Picasso de Barcelona i ha publicat diversos articles sobre l’artista.

En el llibre, de voluntat divulgativa, Rafart documenta la relació de Pablo Picasso amb l’obra de Diego Velázquez. "De Las Meninas li interessava tot, per exemple la composició i l’atmosfera d’aire congelat del quadre", explica la historiadora lleidatana.

Però Picasso no es va limitar a copiar el genial autor sevillà. Per començar, va pintar un total de 58 olis. En aquests, l’iniciador del cubisme retrata l’obra original, algunes seqüències, alguns personatges i, fins i tot, escenes de la vida de Picasso, alienes al quadre original de Las Meninas.

"Una pintura porta a l’altra. Cobren sentit només dins del conjunt, que és una obra mestra", explica Rafart. Ho és perquè el malagueny "aboca al quadre el seu propi estil, des de la seua formació academicista al cubisme i a la relació que va tindre amb el surrealisme". A més, a Las Meninas comença l’evolució del pintor Pablo Picasso cap a la seua última època, cap a una pintura "molt primària, directa, que va a l’arrel i que utilitza fins i tot signes gràfics, com asteriscs, per representar una cara".

El conjunt de Las Meninas de Picasso forma part del museu que porta el nom del pintor a Barcelona, i del qual Claustre Rafart és directora de comunicació.
"L’artista va obrir a Gósol el camí cap al cubisme"
L’estada de Pablo Picasso a Gósol, població del Berguedà dependent de la província de Lleida, és "decisiva" en la seua obra, segons Claustre Rafart. Allà obre el seu camí cap al cubisme. Picasso ve d’una estada de dos anys a París, del 1904 al 1906, en què ha conegut, entre altres referents, la pintura d’Ingres i les obres arqueològiques ibèriques de Cerro de los Santos, recentment descobertes. El bagatge de París, la tranquil·litat de la vida de camp i els paisatges agrests, i els tons ocres de Gósol gesten un nou estil, esquemàtic, volumètric i estilitzat. És el cubisme, que es desencadenarà més tard, l’any 1907, i ja a París, amb Les senyoretes d’Avinyó.






La historiadora Claustre Rafart analitza la important influència de Velázquez en l’obra de Picasso
David Blanco
El Punt, 02 de diciembre de 2001

L’escriptora i historiadora Claustre Rafart va presentar la setmana passada a Barcelona la seva obra Las Meninas de Picasso, publicada dins la col·lecció "La roda de Faistos", de l’editorial Meteora. El llibre tracta de la influència de Velázquez en l’obra de Picasso, i especialment en el desenvolupament creatiu de la sèrie d’aquest dedicada a les Meninas. «Picasso és, sens dubte, l’artista que millor ha parafrasejat un mestre clàssic, perquè cap altre s’hi ha involucrat tant com ell en l’obra original», va dir l’autora del llibre. Las Meninas de Picasso és una sèrie que comprèn cinquanta olis diferents. La gènesi d’aquesta singular col·lecció va néixer arran d’una discussió de Picasso i Sabartés sobre l’art. A partir d’aquest moment, Picasso va decidir fer les seves Meninas; una interpretació lliure que transforma radicalment el llenguatge estètic de l’obra velazquiana. Amb aquest llibre, Rafart ha volgut «ajudar un públic no especialitzat a mirar Las Meninas i a demostrar que aquesta obra de Picasso no és cap caprici ni espontaneïtat, sinó que es pot rastrejar l’empremta de Velázquez des de la seva adolescència».

Per a Rafart l’obra es com «una gran simfonia de ritmes, colors, jocs, composicions i llum, on les deformacions aconsegueixen una gran bellesa plàstica».
Claustre Rafart és llicenciada en geografia i història en l’especialitat contemporània per la Universitat de Barcelona. D'altra banda ha publicat diversos articles sobre aspectes concrets de la vida i l’obra de Pablo Picasso en catàlegs d’exposicions temporals i en revistes especialitzades.






MENINAS MUSINGS
Valerie Collins
The Broadsheet, 01 de octubre de 2001

There’s seldom space to swing a cat at the Museu Picasso de Barcelona. Picasso was the great innovative genius of 20th century art and the crowds reflect that particularly round Las Meninas, Picasso's opening 'interpretation' of Velázquez's celebrated 1656 painting in the Prado which depicts the artist himself painting the royal family watched by the infanta Margarita María and her entourage.

But the crowds linger less past the 58 paintings that form the series. Why the countless variations on the infanta in all Picasso's different styles? What have the dazzling Mediterranean-blue pigeon paintings got to do with it? Or the graceful Portrait of Jacqueline? We recognise the funny squashy dog in The Piano, but what does it all mean? Why, at the age of 75, did Picasso shut himself away for a genius-to-genius tussle with the greatest of Spanish painters?

The answers are the subject of a fascinating book, Las Meninas de Picasso, by Claustre Rafart, curator of the Museu Picasso, published this month in Spanish, Catalan and English by Editorial Meteora.

Barcelona’s Las Meninas (the word is of Portuguese origin and means servants of royalty) is a unique treasure, the only one of Picasso's series to have stayed together in one place, thanks to the express wish of the artist who donated ¡t to the museum in 1968. The book answers a demand for a detailed yet easy-to-read explanation of the Meninas, Claustre Rafart tells me away from the crowds.

Picasso first set eyes on Las Meninas as a 14-year-old in 1895 when he and his father popped into the Prado on a brief stopover in Madrid on the way to Málaga. In his own words the canvas burned itself onto his retina. Claustre believes the painter’s phenomenal visual memory helped him with his later exploration of the painting.

The young Picasso received the purest academic training of the time as can be seen in his juvenilia and orthodox early work at the museu. That would have included copying the great masters of which Diego Velázquez was the star. In 1897, Picasso went to Madrid to study at the Escuela de Bellas Artes de San Femando, the most prestigious art school of the time. He swiftly rejected academia in favour of wandering the streets of Madrid painting the city and its people. But he continued to pay frequent visits to the Prado, where among others, he copied Goya, El Greco and Velázquez. In a 1898 drawing done in Horta de Sant Joan, also in the Museu, he scribbled: "¡Greco, Velázquez, INSPIRADME!"

The last time Picasso saw the canvas was in autumn 1938 during the civil war, when as honorary director of the Prado under the Spanish republican government he went to inspect the works evacuated to Geneva for safekeeping. According to his close friend and private secretary Jaume Sabartés, Picasso had a black and white photo of Las Meninas although he almost certainly carried every detail in his head.

Both painters were concerned with the studio-model-painter trinity and the nature of pictorial reality and illusion. In 1954 Jacqueline, who shared the last 20 years of Picasso’s life, appeared in his work. In 1955 and 1956 he painted numerous scenes of his studio at la Californie, the Cannes villa he moved into with Jacqueline. From his early years, too, he had made his own versions of the works of his predecessors. Then, between 1954 and 1963, as well as Las Meninas, he interpreted Delacroix's Les femmes d'Alger (86 paintings and drawings) and Manet's Le déjeuner su l’herbe (182 works).

In the summer of 1957, for reasons still unclear, Las Meninas became an obsession for Picasso. In publisher Jordi Fernando’s words: "He was seized by a kind of fever which he needed to sweat out of his system. This 'sweat-out' materialised in the 58 works." Jacqueline is quoted in the book: "Pablo never worked so hard in his life!" And a guest at La Califomie recalls: "As soon as Picasso left his pigeon loft-studio, he started fretting to get back there. But the next day, when ¡t was time to start work, he went upstairs as if he were going to the gallows."

Claustre, whose book is the first 'popular' work on the subject, says: "My aim is to bring the Meninas closer to the lay person to make it more comprehensible." At the same time it is a pain-stakingly researched study that will be welcomed by art lovers. In Picasso’s words: "If I search for truth in my canvas, I can make a hundred canvases with this truth."
Las Meninas de Picasso by Claustre Rafart, with an introduction by Valeriano Bozal. On sale at bookshops and from www.editorialmeteora.com.



Lola Anglada o la creació del paradís propi


El món fantàstic de Lola Anglada
Ignasi Aragay
Avui, 28 de noviembre de 2000

La trajectòria professional de Lola Anglada queda reflectida en un llibre de caràcter biogràfic i estilístic, obra de Montserrat Castillo i publicat per la nova editorial Meteora.
Lola Anglada o la creació del paradís propi ressegueix la carrera artística de la primera dibuixant professional de Catalunya, 'un clàssic en el bon sentit de la paraula', com escriu Ignasi Riera al pròleg. Amb aquest volum, la historiadora de la il·lustració Montserrat Castillo fa realitat el seu homenatge .particular a una autora el llegat de la qual no ha tingut sort. Més enllà de l’educació sentimental dels avis, les joves . generacions desconeixen els personatges i l’estil d’una Lola Anglada que, si hagués nascut a Anglaterra, segurament no hauria deixat mai de ser editada. Aquí, el daltabaix de la Guerra Civil i l’oblit de la Transició no li han fet cap favor.

Montserrat Castillo, a partir de l’anàlisi detallada dels treballs més rellevants de Lola Anglada, ofereix en aquesta obra una visió completa i panoràmica de la creadora El més petit de tots, aquell nen antifeixista la imatge del qual il·lustra la portada del llibre publicat per la nova editorial Meteora com el número 1 de la col·lecció "Vides i Llegats". Tot i que el fil conductor de l’explicació remet a qüestions estilístiques, Castillo punteja el text amb fets biogràfics que ajuden a situar la dibuixant en l’ambient de la dinàmica artística i política de la Catalunya del primer terç de segle, anys de consolidació professional per a Anglada.

La família benestant i tradicional; la nena malaltissa, solitària i dibuixant precoç; la infantesa a Tiana envoltada de natura i mediterraneïtat; el mestratge primerenc de Joan Llaverias; els primers passos com a dibuixant d’En Patufet; les exposicions al Faianç Català de la jove promesa: l’opció per la professionalitat i la paral·lela renúncia als lligams del matrimoni i la maternitat; els inicials llibres de dibuixos (Magraneta, Les taronges d’or); el viatge iniciàtic a París: la creació de la revista La Nuri: la creixent implicació en la causa catalanista; les estrenes teatrals d'obres seves; el compromís antifeixista durant la guerra; la mort dels pares el 1940 i 1941; la feina callada en la llarga postguerra en una mena d'exili interior; i el reconeixement dels últims anys són algunes de les fites de la biografia de l’artista nascuda a Barcelona el 1882 i morta a Tiana el 1984.

Dibuixant i escriptora

Tot i que Lola Anglada va ser fonamentalment dibuixant --així es definia--, Montserrat Castillo s’encarrega de fer notar que des del principi. també va dedicar-se a l’escriptura, bàsicament a través tant de contes com de peces teatrals per a infants. En el terreny artístic, situa Anglada com un esperit despert i independent ben connectat amb els ambients de l’època. Amb Enric Cristòfol Ricard i Joan Miró, que ja havia conegut a Barcelona, s'hi va retrobar a París, on també va fer amistat amb Josep Clarà i en especial amb Juli González i la seva família. A la capital francesa també va conèixer Francesc Macià, que li va encomanar la seva passió patriòtica i amb el qual va mantenir l’amistat tota la vida. De l’etapa francesa, Castillo repassa igualment la seva col·laboració per a Hachette, Nathan i Roudanez, i anota que no s’hi va quedar per la pressió familiar. També a París va començar la seva col·lecció de nines antigues, que el 1924 ja era la més important de Catalunya.

La humanització dels animals, la creació d’un món de fantasia a la seva mesura, la influència estilística anglesa i la comoditat dins el Noucentisme --on, segons Cirici Pellicer, ella representava l’espontaneïtat davant el culturalisme de D’Ors-- són altres aspectes que ressegueix aquesta primera biografia a fons de Lola Anglada.





La naturalitat en una dona-artista
Guadalupe Ortiz
Serra d'Or, 01 de julio de 2001

Aquest llibre, amb una edició molt acurada, és digne de ser destacat per tres factors principals: El primer i obvi per als qui coneixen l’obra de Lola A. --com signava als inicis-- és que omple un buit que era anormal en un país que vol ser normal; encara ara hi ha molta gent que no sap qui és aquesta dona o que simplificant molt la identifica amb la creadora d’El més petit de tots i prou. En segon lloc, perquè va ser la primera dona catalana dedicada a l’art de la il·lustració i ho va poder fer de ple i amb la categoria i la naturalitat --amb algunes reserves-- dels seus companys --Apel·les Mestres, Joan Junceda, Santiago Rusiñol, etc.--, i va anar a París, s’hi va estar una temporada i conegué l’art del moment com ho van fer d’altres artistes. El tercer factor ve de la qualitat del llibre: no solament qualitat material, amb reproduccions d’originals, paper de qualitat, relligat amb tapa dura i amb sobrecoberta, sinó sobretot per l’estudi detallat i aprofundit que li dedica Montserrat Castillo, crítica d’art i especialista en la il·lustració catalana d’inicis del segle XX. Aquest llibre és una delícia que agradarà a tothom, tant per les reproduccions com per l’estudi detallat que en fa l’autora resseguint la vida de l’artista, les influències, el que se’n deia a la premsa, l’evolució i els motius dels canvis, la mentalitat de l’artista, el seu posicionament durant la guerra civil, la defensa de les llibertats i la situació en què va quedar després de la gran desfeta. Un element que sorprèn amb la lectura d’aquest llibre és la posició de la dona-artista abans de la guerra i la involució que aquesta provoca. Hi ha aspectes de la vida de Lola Anglada que fins fa poc eren relativament impensables en una dona artista, com la franquesa i el nivell d'igualtat que mantenia amb altres artistes, la llibertat de moviments, etc. En definitiva, un llibre que ens obre una mica més els ulls a l’obra d’una artista i a una època, que la guerra estroncà, en què la dona havia assolit una llibertat força considerable.





Lola Anglada o la creació del paradís propi
Pep Molist
Faristol, 01 de marzo de 2001

Montserrat Castillo és de ben segur la historiadora i crític d’art que més s’ha especialitzat en el món de la il·lustració al nostre país. A la publicació, fa uns anys, d’estudis sobre Junceda, Joan D’Ivori, o bé sobre Grans il·lustradors catalans del llibre per a infants (1900-1939), hi afegeix ara aquest profund, minuciós i exhaustiu sobre la vida i obra de Lola Anglada, la primera il·lustradora professional a Catalunya. L’obra està estructurada per capítols que aborden cronològicament els períodes més importants de la vida de l’artista; en cadascun d’ells s’analitzen les col·laboracions, l’obra, els llibres de Lola Anglada, sense deixar mai de banda el context històric i social d’aquest segle, en el qual l’artista es movia i es comprometia en alguns moments tan importants com la Guerra Civil. La narració de l’obra, tal com diu Ignasi Riera en la introducció, avança "sense carregar de judicis personals, el relat net, clar, endreçat sobre l’itinerari vital de Lola Anglada" i acaba amb un catàleg exhaustiu de les obres il·lustrades per l’autora. L’edició, a càrrec de la nova editorial Meteora, és molt acurada, amb una gran nitidesa i precisió en els detalls i en la reproducció de les il·lustracions. Una excel·lent i delicada manera de començar.






Llibres: Lola Anglada

Diari d'Andorra, 01 de mayo de 2001

Diverses generacions de catalanoparlants van aprendre a llegir gràcies als contes escrits i il·lustrats per la polifacètica Lola Anglada (Barcelona, 1892 – Tiana, 1984). La historiadora de l’art Montserrat Carrillo s’ha capbussat en la vida i en l’obra d’aquest pionera, i n’ofereix en aquest llibre, molt apropiadament subtitulat La creació del paradís propi, una biografia exhaustiva i apassionant, exquisidament editada per Meteora, amb fotografies d’època i il·lustracions que evoquen la Catalunya pròspera i optimista dels bojos anys vint. Si voleu conèixer la gènesi el com i el perquè de clàssics de la literatura infantil en català --El més petits de tots, En Peret, La Nuri, La meva casa i el meu jardí, Margarida-- i les claus d’una personalitat artística i literària extraordinària, Lola Anglada és el vostre llibre. Per a petits, i també per a grans.




Lola Anglada o la creació del paradís propi

El foradot, 01 de abril de 2001

La historiadora i crítica d’art Montserrat Castillo, especialista en la il·lustració catalana i autora d’articles i llibres, entre els quals destaquen els dedicats a Joan Junceda, és l’encarregada d’obrir la col·lecció "Vides i llegats" de la nova i flamant editorial barcelonina Meteora. Una editorial petita però que, amb aquesta biografia sobre la il·lustradora Lola Anglada, enceta una singladura empresarial amb el vent favorable que propicia la qualitat, com a premissa bàsica, del segell.

El llibre, de format rectangular, permet integrar, harmònicament, text i il·lustracions als marges per explicar la vida i el context social i polític de l’època en què va viure Lola Anglada, la primera dibuixant professional que hi hagué a Catalunya i que va desenvolupar una fecunda activitat durant els anys vint i trenta. Coneguda per les seves col·laboracions a la revista. En Patufet, per il·lustrar llibres com la traducció catalana de Josep Carner d’Alícia en terra de meravelles de Lewis Carroll i per donar vida al personatge «El més petit de tots» --que apareix a la portada del llibre--, el petit milicià que duu la gorra frígia com a símbol de revolució. I és que Anglada també es va comprometre fermament amb el seu país, tant és així, que el seu activisme li atorgà una popularitat afegida a l’obtinguda en el seu treball creatiu. Aquesta garbellada de trets configuren la personalitat d’una dona moderna, exemple concret de l’entrada de la dona al món laboral als anys vint.




En ninguna parte, en ningún lugar
L. R.
Levante, 10 de mayo de 2001

Víctor Ferrer es un traductor de la Comisión Europea, que tras acudir en Bruselas a la consulta del psicoanalista Jan Wimmer y contarle un sueño recurrente, desaparece y le escribe una serie de cartas desde un lugar, al parecer, inexistente, aunque él se empeña en decir que está localizado en Polonia. A partir de aquí el relato traza un complejo entramado que nos va desvelando las particularidades del azar, la memoria, los sueños, los deseos y la fuerza de la mente.
Ningún lugar es una historia ambientada en la niebla y el misterio, en los enigmas de la vida, que pretende indagar en las peculiaridades del inconsciente. Un relato que profundiza en la escritura no lineal, muy pensado, escrito con cuidadoso esmero para crear un ambiente acorde con la historia que cuenta. Un texto al que no le faltan sus dosis de erotismo cuando describe la relación sexual entre dos misteriosas mujeres.

Una curiosidad añadida a este relato es la reflexión en torno al personaje del psicoanalista Jan Wimmer, su melomanía, y la relación que mantiene con su anodina esposa. Es este personaje el que encierra, en gran parte, la clave de la historia y el que mantiene el hilo argumental. Finalmente, aparece como el cazador cazado, y de alguna forma, como en un inquietante enigma, que no acaba de desvelarse en el final abierto con el que termina el libro. Un libro, sin duda, plagado de misterio.

Ningún lugar es la primera novela del periodista valenciano Emilio Garrido Lorente, autor también de los documentales, Agustí Centelles, un fotoperiodista en la Guerra de España, estrenado en TV3, y, Back to Back, emitido por La noche temática de la 2. Fue redactor de Hoja del Lunes de Vigo, corresponsal de El País y ha colaborado igualmente con el Diario de Galicia. Dirigió los servicios de Radio Nacional de España en Valencia, se especializó en la retransmisión de conciertos para Radio Clásica, y ha impartido clases en la universidad. En la actualidad, Emilio Garrido, simultánea su trabajo en la radio, los guiones para cine y televisión y su columna semanal, «El Tormentín», en este diario.


La cátedra


La cátedra
Francisco Solano
El País (Babelia), 26 de julio de 2003

Javier Piqueras de Noriega (profesor de Física de Materiales, no consta año de nacimiento) propone en La cátedra (Meteora) un thriller de ambiente universitario, con un trasfondo de corrupción política e inmobiliaria, que logra entretener, desde luego. Ciertamente, no hay ambición literaria en Javier Piqueras, y no cabe considerar esta narración más allá de un buen ejercicio, por lo demás ejecutado con solvencia.
Que una oposición para cubrir una plaza de catedrático de Física de las Nuevas Tecnologías rebase la asepsia académica hasta implicar al tribunal en turbios asuntos inmobiliarios, no deja de ser una buena metáfora social. Pero si la novela se sostiene en una hábil carpintería, los personajes, por el contrario, son meros resortes del argumento, o elementos de una ecuación. El autor se atiene a los hechos mediante una prosa operativa, y demuestra un profundo conocimiento de la organización universitaria, aunque su prolijidad para resultar convincente le lleva a ser excesivamente informativo. Por lo demás, la pareja de investigación formada por el profesor y la alumna, un dúo simpático en más de un sentido, hubiera requerido una mejor elaboración de los diálogos.

El adiós de Ana


Eulàlia Solé debuta en la novela con una historia psicológica
María Asunción Guardia
La Vanguardia, 29 de marzo de 2003

La socióloga y colaboradora de La Vanguardia Eulália Solé ha debutado en la novela con El adiós de Ana, recién publicada por Meteora. Solé es autora de conocidos estudios sociológicos sobre la droga, el Seat 600 o el comercio justo. El adiós de Ana --que presentó el jueves el periodista Albert Om-- narra la historia de una niña de siete años, Ana, y su evolución de 1945 a 1975. Una fecha no casual, “porque marca el fin del franquismo, un periodo oscuro, una dictadura interminable”.
Eulália Solé señaló que, pese a haber publicado antes diversos libros de no ficción, siempre se ha sentido narradora y novelista.Y añadió que el hecho de ser El adiós de Ana una primera novela no debe interpretarse en clave autobiográfica.
Ana no es feliz porque vive dominada por una abuela de fuerte personalidad que la marca no sólo a ella, sino a toda su familia y a la casa donde viven, Villa Emestina, incluso después de su muerte. “Es una novela psicológica, de sentimientos, en la que el trasfondo, el sistema político, tiene una gran influencia. Marca poderosamente a los personajes, condicionando sus actitudes y comportamientos. La opresión de la dictadura impregna el entorno vital de Ana y su familia y se convierte en algo obsesivo y asfixiante”, explicó la autora. Sólo la muerte de Franco logrará que Ana se libere.
Otro aspecto destacable de la novela es su sensibilidad respecto a la naturaleza. Fenómenos como lluvias torrenciales, ríos secos o cauces desbordados, tempestades y truenos pueden resultar a menudo trasuntos de los sentimientos de los personajes. “El entorno nos determina, tanto en lo político y lo social, como en nuestra relación con la naturaleza”, reconoció Solé.




La sociòloga Eulàlia Solé publica la seva primera novel·la
Helena Encinas
AVUI, 28 de marzo de 2003

El adiós de Ana (Meteora) es la primera novel·la de la socióloga barcelonina Eulàlia Solé, ambientada als anys quaranta de la postguerra espanyola fins a la mort de Franco.
Les primeres frases d’El adiós de Ana ja defineixen, sense cap mena de dubte, el marc polític, social i familiar en el qual transcorre tota la trama de la primera novel·la d’Eulália Solé: “En aquel entonces las cosas eran muy distintas. Vivíamos bajo una dictadura, y el despotismo del dictador se proyectaba tanto en la mentalidad general como en las relaciones familiares. El entorno era mezquino y maniqueo. Europa estaba en guerra y España, no; sin embargo, la memoria de la guerra civil mantenía a la gente acobardada, sobre todo a quienes residían en la zona de los vencidos”.
Tot i així, l’escriptora, col·laboradora de l’AVUI, va voler explicar durant la presentació del llibre que la seva “no és una novel·la política, sinó que descriu la vida de la protagonista i les seves vivències”. El adiós de Ana és, per tant, una història en què destaca l’análisi psicològica dels personatges i que parla de la influència del sistema polític en el caràcter i la conducta de les persones. Solé descriu la història d’una familia humil integrada per Ana, la protagonista, la seva possessiva àvia, els pares i una cosina, Merche, que és “com una germana imposada”, ja que s’integra en el nucli familiar després de quedar òrfena durant la Guerra Civil.
Després d’haver publicat assajos d’encàrrec com Seat 600, un coche de leyenda (2001) i Qué es el comercio justo (2003), entre d’altres, amb El adiós de Ana l’autora debuta en el gènere de novel·la, encara que ella es considera “una novel·lista de tota la vida però que a causa de les circumstàncies mai havia tingut l’oportunitat d’editar una novel·la”.





Rosa Mora
El País (Babelia), 24 de mayo de 2003

Eulàlia Solé no es conocida, pero su primera novela, El adiós de Ana (Meteora) se lee de un tirón. Narra la peripecia de un padre, una madre, una hija, una prima, una abuela dominante, todos personajes complejos y apasionados.




Eulàlia Solé debuta en la literatura amb la història d’una dona en la dictadura franquista

Vilaweb (Europa Press), 27 de marzo de 2003

La sociòloga i escriptora Eulàlia Solé, autora de “Seat 600, història d’una llegenda”, ha debutat en la literatura amb la publicació d'El adiós de Ana, un llibre que es basa en la història d’una dona en plena dictadura del general Franco. Encara que l’autora ha admès que no es tracta d’una novel·la política, pretén descobrir quin és l’efecte que la política provoca en la vida de les persones.
El personatge central és Ana, una noia que viu en un lloc inventat per l’escriptora però que podria ser un enclavament pròxim a Barcelona. La protagonista és una persona “covarda, que no es rebel·la contra els tradicionalismes” i que no canviarà de vida fins que les circumstàncies li ho exigeixin, explica Solé.
Una àvia rígida i una cosina òrfena seran la contraposició al caràcter d’Ana i els elements amb els quals Solé ha volgut dibuixar un reflex de l’època en què s’inspira el llibre. La segona part del llibre arrenca quan Ana pren la primera decisió de la seva vida empesa per les circumstàncies, escapar-se del seu poble.
Solé s’ha mostrat satisfeta per haver publicat la seva primer novel·la després d’uns quants anys complint amb els encàrrecs d’escriure assajos sociològics i articles per a la premsa. A més, l’autora ha fet broma assegurant que per fi en aquest llibre “no surt el Seat 600 sinó un altre més potent”, després d’haver escrit la història de l’emblemàtic cotxe.

Cuarto de derrota


Bernar se mete en la mafia
Angel Montiel
La opinón de Múrcia, 18 de septiembre de 2002

Si Pérez Reverte tuvo que trasladarse a México para buscar un universo mafioso original con el que construir su última novela, Bernar Freiría tan sólo ha necesitado regresar a su tierra gallega, donde los Oubiña, Miñanco, Portabales y otras hierbas estaban esperándole para que los convirtiera en personajes de papel. Dicho y hecho: ahí está Cuarto de derrota, editorial Meteora.
Una vez escuché en una tertulia literaria, muy sesuda por lo que se verá, a alguien que para restar méritos al Quijote argumentó: "Que la gente se divide entre quijotes y sanchopanzas es una obviedad histórica; no veo donde está la originalidad de esta tesis". Y otro alguien repuso: "En que antes de que la expusiera Cervantes nadie había caído en tal obviedad". Pues con la novela de Bernar, lo mismo: parece increíble que durante décadas sepamos por la prensa de una mafia 'made in Spain', con sus rasgos diferenciales e inintercambiables, un mundo delincuente de naturaleza fascinante, con sus ritos y sus mitos, con sus héroes y sus secretos, popular y populista, sin que nadie le haya metido mano literaria. Pero en éstas llega Bernar, y de ese material intacto, tan obvio, extrae una novela, una novela-novela, de las de siempre: aventuras, emoción, riesgo, personajes anodinos que dejan de serlo cuando les asalta la ambición, ritmo trepidante... y algo de sexo, claro. La novela estaba ahí, y ha tenido que escribirla Bernar. Que se chinchen los que no la vieron.
Es su primera obra, pero no por eso Bernar ha dejado de meterse en camisas de once varas. Hay un viaje por mar que, él que más bien es marinero en tierra, resuelve con tanta maestría como un Melville (de nada), y una vivísima excursión a Colombia, descrita con tanta resolución que nadie diría que el autor jamás ha pisado aquella tierra, como es el caso a no ser a través de las páginas de Noticia de un secuestro, de García Márquez.
Bernar es profesor de Filosofía –hay gente pa’ tó–, pero nadie se engañe: además, es cinturón negro de kárate, un dato expresivo de que, a pesar de su pasión por lo disgresivo, confía en la palabra lo justo. Trabajó durante algún tiempo en El País, lo que despierta mucha curiosidad entre quienes hacemos prácticas en provincias, y le infiere pelín carisma. Y antes de comprobar que era un magnífico novelista, sólo sabíamos que era una bellísima persona. ¿Qué más se puede pedir?






Cuarto de derrota
Alfonso de la Vega
La Voz de Galicia, 04 de agosto de 2002

Ese es el título de una interesantísima novela (Ed. Meteora, 2002) del ourensano Bernar Freiría que describe una peripecia humana de iniciación en el tenebroso mundo del narcotráfico gallego. El protagonista, Andrés Reboiras, una especie de Dante o de Eneas, aburrido de su trabajo como corrector de pruebas en una editorial, tras escuchar un fascinante relato de planeadoras y vivir una tremenda experiencia sexual con una antigua compañera de submarinismo, y con la excusa de preparar una novela, decide descender a un peculiar mundo abisal.

El libro relata un viaje a las antípodas de la conciencia, a ese mundo esotérico, rara vez cartografiado porque suele pasar desapercibido en la cotidianeidad que configuran las sombras. Y no sólo del Grove, Marruecos o Colombia o cualquier otro paraje de la geografía, puesto que su dimensión auténtica cabe hallarla en la propia aventura del ser. Quizás a algunos les sorprenderá el desparpajo con que se describen las variadas motivaciones y complicidades de esa suerte de singular Fuenteovejuna que conforma la realidad oculta. Para Andrés la explicación está en el mar, en ese mar abismal que desde la Garita de Herbeira parece uniforme en su contemplación distante, pero que posee tantos matices como la propia conciencia cuando se vive desde dentro. En un mundo de hegemonía de lo financiero, donde todo se sustancia en dinero, se diluyen muchas barreras morales. El mar, igual que la vida, se transforma con el estado del tiempo y en estas épocas de mutación surgen otras actividades: «El dinero negro acaba convirtiéndose en blanco». La realidad en fábula y la fábula en realidad. Y así el dinero aparece como una epifanía bienhechora que cada vez tiene menos que ver con sus procedencias.

Una inquietante y comprometida narración, pues, que nos muestra los entresijos de un mundo lejano y próximo a la vez, un Jekill y Hyde de las hermosas rías gallegas, porque como dice Feliciano, el contrahéroe iniciador de Andrés, las desventuras vividas se convierten en aventuras contadas.






Arte y vida: una prometedora primera novela de Freiría
Ramón Jiménez Madrid
La opinón de Múrcia, 06 de septiembre de 2002

Bernar Freiría, gallego y catedrático de Filosofía, reportero de Periodismo y buen conocedor del mundo de la edición --trabajó en El País--, es bien conocido como articulista en LA OPINIÓN, en donde desde hace ya mucho tiempo marca el paso con elegancia en su columna semanal. Ahora, sin embargo, se estrena como novelista, en un género difícil, con una amplia novela --de casi quinientas páginas-- que tiene visos --y nadie lo hubiera dicho-- de haberla estado mascando, currándosela, trabajándola durante largo, porque no está al alcance de cualquiera escribir una novela como esta de Cuarto de derrota, un complejo entramado que reúne numerosos ingredientes dignos de ser anotados.

A través de un narrador en primera persona, el autor se ha decantado por un tema que enfrenta al arte --y a la literatura en especial-- con la vida, singularizada en ese personaje de aficiones literarias (la reflexión y la contemplación) que ha de vivir una aventura peligrosa (la acción y el movimiento), una peripecia que en algún caso --y eso no significa conexión si tenemos en cuenta que esta obra estaba escrita hace ya algunos años-- me recuerda la que Arturo Pérez Reverte ha tratado en La reina del sur, sobre todo si tenemos en cuenta que el personaje principal se acerca al complicado mundo del narcotráfico, base y sustento de esta novela.

La novela se desarrolla en espacio gallego, con breves desplazamientos a Madrid --en donde trabajaba el héroe-- y a Colombia, a fin de recomponer las piezas maléficas de ese complicado engranaje mortal que siembra la muerte y el horror, bien que el autor, en sus escritos, deje indicado que el tráfico en esa tierra no comparta signos de identidad con las mafias sicilianas. Pero Galicia se apodera de la novela, por allí planean las lanchas, por allí trasiegan los barcos con sus alijos y por allí, por aquellas zonas de las rías, se mueven los personajes de esta novela que no parece muy alejada de la literatura de testimonio si tenemos en cuenta que el autor conoce y nos informa de los métodos de trabajo de las bandas, las formas que tienen de ocultar las mercancías en alta mar, la manera de clarear el dinero negro, las fórmulas de comportamiento de la gente que trabaja en estas condiciones porque figura entre las motivaciones tratar la actitud ética en ese personaje llamado Andrés que, desde una editorial madrileña, se dispone a coquetear con ese trasfondo amargo que compone el mundo de la droga.

El personaje, por mandato del autor, pasa de una frontera a otra, de una cultura urbana a otra bien distinta. Y le hace bailar en la cuerda floja de la acción, analizar a los capos, entablar relaciones comerciales con ellos, atender a sus requerimientos, bajar a las negras aguas, subir a los cielos para atalayar desde la poltrona y ofrecemos todo un panorama convincente de una realidad que ha de ser forzosamente trágica.
Bemar Freiría ha puesto mucho en el empeño. No era fácil conocer ese submundo verosímil. No era fácil introducir a un "intelectual" --de ahí se puede deducir el grado de sicología que introduce dentro de una organización clandestina, a un "espía" dentro de una oscura organización de hombres --y mujeres-- que se mueven en ese mar gallego que acaba por enseñorearse de la obra. Un autor que se mueve con plena madurez en los registros lingüísticos, que eleva el tono menor de la aventura para conseguir una reflexión sobre la vida y la muerte, sobre el presente de una sociedad y que alcanza cotas elevadas en terrenos eróticos, lo que confiere a esta obra una cierta naturaleza y equilibrio entre lo popular y lo elevado. Y que siembra esperanza de lo que podrá escribir en el futuro







Marea blanca en Galicia

Qué leer, 01 de marzo de 2003

Cuarto de derrota, de Bernar Freiría, es un libro que parece maldito: su distribución sufrió avatares tan diversos que la editorial --Meteora-- decidió volver a empezar por el principio y repetir su presentación, esta vez con el padrinazgo de Manuel Vázquez Montalbán, que se encargó de reivindicar el libro ante la prensa en el Centro Gallego de Barcelona. La novela se ambienta en el resbaladizo mundo del narcotráfico en el norte peninsular, y conduce a sus protagonistas (y por tanto al lector) por un recorrido lleno de peripecias que va desde las hoy maltratadas Rías Bajas hasta Marruecos, Colombia y la capital del vicio, Amsterdam.




Historias de frontera
A. Castilla
El País (Babelia), 12 de abril de 2003

No se trata de otra novela sobre narcos. Bernar Freiría, como su protagonista, utiliza su experiencia en el género para viajar hasta las redes del narcotráfico gallego. Fascinado por la imagen estética de los maquis, el protagonista de Cuarto de derrota queda prendido de las hazañas de un mítico piloto de las planeadoras de la ría de Arousa, Puskas, y a partir de ahí decide dejarlo todo para escribir su primera novela. Para hacer creíble su relato, Freiría recurre a su amigo Feliciano, un marino con base en las Rías Bajas. Pero el narcotráfico no es un negocio del que se pueda escribir de oídas: “Esto es como el póquer. Sabes qué juego tienes, pero nunca sabes el que llevan los demás”, le explica Feliciano. A partir de ahí, el protagonista decide jugar su propia partida, que le llevará por Galicia y otros países.




Precisió eficaç
Òscar Montferrer
Avui, 10 de julio de 2003

Cuarto de derrota és el títol de la primera novel·la de Bernar Freiría, que ara fa de catedràtic de filosofia en un institut de Múrcia. Gallec, Freiría ha mantingut vincles professionals amb el periodisme --ha fet de reporter, ha treballat en el camp de les guies de viatges i ara escriu columnes d’opinió--, fet que, en haver llegit la seva opera prima, cal anotar com a positiu en les columnes de balanç.
Efectivament, Cuarto de derrota es beneficia de l’expressió clara i dinàmica que afavoreix un relat en què el protagonista, Andrés, que treballa en una editorial, sent la crida del costat fosc de la vida marina gallega: el narcotràfic.

ALGUNS PARAL·LELISMES
És inevitable associar a Freiría alguns dels trets amb què caracteritza el personatge principal de la ficció que presenta: l’autor i el protagonista comparteixen l’origen gallec i el coneixement de la mecànica editorial i de les pràctiques del mar. Aquests paral·lelismes, que en alguns casos poden menar les narracions en què apareixen pels camins del meliquisme, a Cuarto de derrota són profitosos: es pot tenir la sensació que l’escriptor ha posat en joc en la ficció els seus coneixements i les seves experiències sense haver sentit la necessitat que la seva persona també hi sigui present.
Des d’aquest distanciament, el relat avança a un ritme notable que permet deixar de banda algunes situacions i alguns diàlegs que, tot i ser necessaris per al desenvolupament de la trama, potser no estan a l’alçada de l’eficàcia general.
En aquest punt, el de l’eficàcia, paga la pena insistir-hi: un dels valors de la novel·la és la precisió de la terminologia que empra. Com sap tothom que té contacte amb una pràctica --laboral, recreativa...-- especialitzada, les aproximacions que hi fan els profans tendeixen a la relliscada més o menys espectacular: és més que probable que, per exemple, un metge no pugui prendre seriosament una novel·la d’ambient hospitalari elaborada per algú que no hagi tingut la prevenció de documentar-se mínimament. Això, a Cuarto de derrota no es percep: la terminologia --especialment la que fa referència a les activitats marines i submarines-- s’empra de manera correcta, cosa que afegeix valor a l’obra perquè permet endevinar que l’autor ha dut a terme el projecte amb seriositat. I això, en aquests temps en què s’escriu per cobrar un premi i oblidar ràpidament què l’ha fet guanyar, s’agraeix prou per ser pacient amb algunes –poques-- arestes que haurien pogut arribar amorosides a la impremta.

Para que nunca amanezca


Presentada la novela de la escritora Empar Fernández
Ma. José Espinosa
Aquí, 01 de febrero de 2002

"Miguel tenía un problema: silbaba mientras dormía..." Éste es el punto de partida de la novela de Empar Fernández. Una novela, con título bastante premonitorio de lo que nos vamos a encontrar: 'Para que nunca amanezca'. Y es que la historia es una historia llena de fatalidades. La autora prefiere decir que es la vida de dos seres cuyos momentos más intensos suelen ser trágicos. Esos dos seres son Miguel y Luisa que viven una relación que parece amor, pero mal entendido.

En un principio no pretendía que fuera una historia de amor, comenta la escritora. Realmente se trata de una historia de dependencia emocional, es una historia que sólo se entiende si se entiende que son dos personas que nacen con una penuria material y afectiva infinita, que les marcará toda la vida. Y por esta razón, la relación es tan intensa y no entienden el mundo si el otro no está.
Para que nunca amanezca nos habla también de una huida. De la marcha de Miguel y Luisa para escapar de sus orígenes carentes de afecto. Y el destino no es otro que el mar de la Barcelona de los años de posguerra.

Al final, el destino fatal parece volver a imponerse. La huida de los protagonistas acabará siendo circular, porque hay un retorno a los principios, una vuelta a atrás que terminará definitivamente con la tragedia final.

Para que nunca amanezca introduce al lector en el lado oscuro de la cotidianeidad y en el drama insondable que se proyecta como una maldición sobre sus protagonistas, elevando a la categoría de gesto lo que en un principio no es más que la trayectoria vital de personas que no alcanzarán jamás notoriedad alguna.
Empar Fernández, vecina de Cornellà, está preparando actualmente su próxima novela y un libro de relatos.






Empar Fernández, de Cornellà, publica la seva segona novel.la
G. A.
El Periódico, 14 de diciembre de 2001

"Para que nunca amanezca" (Ed. Meteora) narra una depenent història d’amor entre dues persones des la joventut fins a la vellesa.
Una historia de dues vides que han patit manca d’afecte i que viuen un amor, molt dependent, des de l’adolescència fins a la vellesa. Aquest és el relat de l’escriptora Empar Fernández, de Cornellà a Para que nunca amanezca (editorial Meteora), la seva segona novel·la.

El context històric és fonamental per explicar les vides de Miguel i Luisa, els dos protagonistes. En un poblet humit del nord de la Península, la seva infantesa està marcada per la pobresa i la guerra. "La guerra destrossa les persones, també aquelles que no l’han viscut directament, però que reben l’herència del dolor dels pares", explica l’escriptora. Però els dos joves es troben l’un a l’altre, s’enamoren i, buscant un futur més digne, emigren cap a Barcelona. En contrast amb el paisatge rural, la ciutat de finals dels anys 50 i principis dels 60 està en ebullició. Les llums, la gent, els cinemes i tot l’entorn enlluerna els nouvinguts, que lluiten per construir una nova vida en un indret completament diferent.

La Luisa és una enamorada dels boleros, que són "contes cantats sobre passions extremes i delirants", segons Empar Fernández. Igual de profunds són els seus sentiments cap a Miguel, en una relació tan estreta que la fa convèncer "que els amors són per sempre". Fins que aquest mateix amor és l’artífex d’un desenllaç fatal.

Per donar una imatge completament verídica, Fernández s’ha documentat sobre els boleros per tal de conèixer quins eren els més populars en aquella època.

El llibre es presentarà a Cornellà el 23 de gener. Ignasi Riera, juntament amb l’autora, presidirà l’acte al Centre Joan N. García-Nieto, a les 19 hores. Fa uns dies, Francesc Candel ja va fer de padrí de l’obra de Fernández en una presentació a Barcelona.
Mentre, l’escriptora de Cornellà ja està acabant la seva propera novel·la. Com en l’anterior, la narració té com a temes centrals el pas del temps, l’evolució dels personatges i la seva manera d’afrontar la tragèdia. En aquest cas, tres joves viuen de prop la guerra. Després de seguir trajectòries diferents, temps després es retroben en una residència geriàtrica, on es posen de manifest les seves diferents reaccions davant una vida que els ha decebut.
Filla de pares aragonesos, Fernández va néixer al barri d’Horta de Barcelona, tot i que viu a Cornellà des del 1981. Llicenciada en Psicologia clínica i Història contemporània, des de fa vuit anys és professora de l’Institut Martí Dot de Sant Feliu. Ara té ganes de dedicar-se completament a la literatura, tot i que reconeix que necessitarà "un descans una vegada hagi acabat la nova novel·la". També és columnista del diari Metro Directe.






Empar Fernández busca en la realitat la temàtica de les seves novel·les
Cristina Lancho
Aquí, 11 de enero de 2002

Si a Empar Fernández li haguessin preguntat de petita que volia ser de gran sens dubte hauria contestat que escriptora.
Fa més de 16 anys que l’Empar viu a Cornellà i és llicenciada en Psicologia clínica i Història Contemporània. Tot i que li agradaria dedicar-se per complet a la seva vocació literària, de moment, la compagina amb el treball de professora a l’institut Martí Dot de Sant Feliu.
La seva incursió en el món de la literatura va començar a través de l’escriptura de relats per a adults i la seva presentació en concursos literaris. De fet la seva primera novel·la la va publicar arrel de quedar guanyadora d’un premi que atorgava la Diputació de Càceres. Segons comenta, per les persones que comencem és molt difícil publicar els nostres llibres.
La nova novel·la, tota una història d’amor
En aquests moments, Empar ha publicat la seva segona novel·la, Para que nunca amanezca, de
l’editorial Meteora, que tracta el tema d’una apassionada història d’amor que durarà tota la vida. El títol, segons comenta Empar Fernández, té connotacions afegides ja que és la frase final del conegut Bolero del reloj, ja que la protagonista de la novel·la, Luisa, està obsessionada amb els boleros i viu la vida i el amor al ritme de les lletres d’aquestes cançons.
Sentiments i realitat als seus llibres
Per escriure les seves novel·les, Empar es fixa en la realitat, sobretot en les emocions, el canvi d’actitud de les persones, i també en les malalties mentals.
Tot i tenir un temps limitat per escriure els seus llibres, Empar treu el temps d’on sigui per continuar amb la seva vocació. Acaba de finalitzar una altra novel·la, El tiempo oscuro que parla del període de postguerra, un moment que, tal i com afirma l’escriptora de Cornellà, “m’interessa molt des del punt de vista històric i social”.

Todas esas guerras


Todas esas guerras
Silvia Oliveras
Lateral, 01 de junio de 2001

Rora es una niña que vive en un pequeño pueblo de algún lugar de Australia. Sus abuelos emigraron desde España; allí, el abuelo había visto "demasiados hombres toser y sofocarse hasta morir en el pozo de la mina como para quedarse allí y arriesgarse a terminar igual". Pero nadie está a salvo de la guerra cuando vive en el siglo xx. Así que Rora vive primero la guerra civil española al grito de No pasará, la partida del abuelo, su vuelta llena de derrota. Vive también la Segunda Guerra Mundial a través de sus mayores, la llegada de nuevos y exóticos habitantes al pueblo, la segregación de los vecinos, la llegada de las tropas aliadas para salvar al mundo (un tranquilo pueblo) de la guerra.

Gloria Montero (española, nacida en Queensland) ha salpicado su sexta novela de pinceladas autobiográficas para contar, a partir de una historia muy particular, los momentos de inflexión de la historia del siglo xx. Describe un momento tan efímero como la felicidad infantil en una sociedad tan efímero como la australiana. Es el momento de formación de ambos, persona y pueblo, en que todo parece tranquilo. Montero es capaz de captar el instante en que la persona, Rora, y el pueblo pierden la inocencia, aquel momento terrible en que se toma la conciencia de la propia pequeñez y la imprevisibilidad del futuro, porque es el momento a partir del cual un futuro previsible da paso a la intervención del azar. A pesar de todo ello, no se trata de una elegía por la inocencia de la infancia perdida, pues Gloria Montero sabe plasmar los pequeños temores y los secretos insondables que esconde una niña. Como ella, todos padecerán los estragos de la guerra.






Ecos de guerra
Joan Agut
Avui, 01 de marzo de 2001

De tant en tant el bigarrat món literari ens depara algunes sorpreses. De vegades petites editorials com Meteora ens posen a les mans obres d’autors desconeguts, com ara Gloria Montero, encara que hagin publicat mitja dotzena de llibres en indrets tan llunyans com el Canadà. La singularitat de l’autora és que viu a Barcelona malgrat haver nascut a Austràlia en el si d’una família espanyola immigrant. El 1955, després d’estudiar música i teatre, Gloria Montero es va traslladar al Canadà, on va treballar com a cantant, actriu, locutora i guionista cinematogràfica. Va ser a Toronto on va publicar els seus llibres. És també autora de la peça dramàtica Frida K (1995), representada al Canadà, Mèxic, Estats Units, Cuba i Espanya. Durant els darrers temps de la dictadura, Montero va prestar el seu suport actiu a la lluita antifranquista.

Totes aquelles guerres és un excel·lent llibre de narracions curtes que tenen com a denominador comú la figura central de totes elles, Rora o Aurora, una nena de pocs anys que evoca el seu passat, una àvia republicana, un pare desaparegut a la Guerra Civil, en contrast permanent amb una petita ciutat australiana Són un recull de narracions no gaire llargues on la ven de la narradora descriu el singular món familiar de Rora, la formació dels sentiments i del món mental de la nena. I en un darrer pla, sempre presents, la Guerra Civil i la Segona Guerra Mundial.

Tots els contes estan molt ben escrits, amb una contenció admirable, sense caure mai en el tòpic ni en la sensibleria. Hi ha tothora la confrontació entre els membres de la família de Rora, generalment personatges complexos, i el petit univers provincià, molt influenciat per la religió, que xoquen d’una manera subtil però sempre guardant les formes. La majoria de les narracions contenen elements impactants de primer ordre que deixen un regust amarg a la boca del lector. Amb relats culminants com ara Una dent d’or i Pedra de toc, que clou el llibre. En tot moment el lector s’adona que Gloria Montero administra els seus relats amb una gran economia de mitjans i ho fa amb un gran domini del tempo narratiu i amb un llenguatge precís i evocatiu, amb una considerable dosi de poesia. A Pedra de toc, la més llarga de les narracions, l’autora confegeix una nouvelle que tota sola posa de manifest la traça literària de Montero. És la més complexa de les narracions, amb un fons dramàtic, del qual la petita Rora/Aurora extraurà una lliçó de per vida.

En conjunt Totes aquelles guerres és un llibre molt remarcable, el primer que ens arriba de l’autora. És una obra madura, sense concessions melodramàtiques, on les vivències d’una nena ens mostren un doble panorama, el de l’interior de Rora i l’exterior, el de Queensland, al nord-est australià, amb la vida petita i provinciana d’una societat tancada. D’aquest contrast, intern i extern, entre psicologia i vida quotidiana, en sorgeix l’espuma que il·lumina unes històries que donen testimoni de fets i episodis de valor permanent. Gloria Montero és un nom a retenir, i, després de la bona mostra del seu treball, caldrà restar a l’espera de noves entregues d’una obra de la qual, si es manté a l’altura del llibre que comentem, podem esperar grans satisfaccions.






Totes aquelles guerres
Lluïsa Julià
Serra d'Or, 01 de mayo de 2001

Totes aquelles guerres és un dels títols de presentació de la nova editorial Meteora, tot just estrenada el mes de desembre del 2000. D’aquest primer lliurament es desprèn que «Papers de Fortuna» vol ser una col·lecció de traducció de narrativa que aposta decididament per les veus més contemporànies --Gloria Montero és autora de diverses novel·les en llengua anglesa, la seva llengua literària-- que ofereixen perspectives vitals i temàtiques allunyades de les tradicions més properes i conegudes. S’inclina, doncs, cap a les literatures mal classificades d’exòtiques com l’australiana, en el seu cas, o de cultures asiàtiques o africanes, segons els títols anunciats; cultures que darrerament van tenint presencia a les nostres llibreries i que ja compten amb alguns noms prou reconeguts com els escriptors indis Arundhay Roy o Vikram Seth.

Totes aquelles guerres és de lectura amena tant per l’estil com per l’àgil traducció que ofereix la poeta Montserrat Abelló. Escrita des de la perspectiva de Rora, una nena d’uns deu anys, diversos esdeveniments revelen les conseqüències dels conflictes bèl·lics internacionals d’aquest segle, sobretot arran de la primera guerra mundial i la segona i de la guerra civil espanyola, i com aquests esdeveniments afecten el món infantil fins a l’extrem que la petita escletxa oberta entre el món familiar (immigrants espanyols esquerrans) i el món de les monges esdevindrà brutal situada al món adult, quan Rora és testimoni casual de l’assassinat del pare de la seva millor amiga. També ella desapareix, esdevé Aurora. Al llarg dels set episodis narrats, Rora coneix i descriu diferents personatges del poble que contradiuen el clima religiós i militar que dreça amb orgull la identitat nacional amb herois sacrificats en benefici de l’imperi britànic.

En aquest sentit, les parades militars i les commemoracions es barregen amb la guerra real de l’oceà Pacífic, un teló de fons que és àcidament criticat. Però la posició de Rora, plenament coincident amb l’autora, no és la de l’aborigen, sinó la d’una de les comunitats d’emigrants, l’espanyola; també per a ella els austràlides són uns primitius incomprensibles. El llibre és ple de figures que parlen de desarrelament, siguin víctimes de les guerres, malalts o simples aprofitats, pròpies d’un país com Austràlia, però, seguint un procés invers, la historia de Rora busca desaforadament l’arrelament, fins i tot inventant un pare desconegut que l’estimi.

La lectura de l’obra planteja el debat sobre la manera com ens arriben la vida, la mentalitat i els costums d’aquests països, sobre què ens ofereixen els seus escriptors. Certament l’espectre és ampli; es mou entre una visió occidental o occidentalista i una posició des del mateix interior del país. A Totes aquelles guerres el panorama desolador coincideix amb l’Europa dels anys trenta i quaranta, aspecte plenament justificable per la base dels seus habitants, immigrants occidentals a la recerca, trista ironia, d’un nou món.



Alizmur


Tensiones en la vida familiar marroquí
M. B.
El País , Babelia, 27 de enero de 2001

Todas las obras de Encarna Cabello (Madrid, 1956) giran en torno a ese planeta cercano, distorsionado y desconocido: lo árabe y, en especial, Marruecos. En este caso, como en La cazadora, es novela, pero ya resulta destacable su labor de antóloga (Trece escritoras árabes) y fue excelente su traducción de Tras la puerta del patio. La vida cotidiana de las mujeres rifeñas, de Ursula Kingsmill Hart. Alizmur, nombre de una imaginaria ciudad costeña magrebí, es el marco para un drama conyugal, en el que la autora no comete la pesadez de volver a hablarnos de aventuras de europeítos en marcos exóticos, sino que se faja con las tensiones y presiones de la vida familiar marroquí. El insistente erotismo y la violencia latente no son de guardarropía, sino que responden a un conocimiento profundo de esa cultura y sus desgarros actuales. Cabello sabe lo que vale el paño, y no se anda con eufemismos. Libro clarificador para todo el que pretenda asomarse, de verdad, al otro lado del Estrecho.




Alizmur: La vida en Marruecos según Encarna Cabello
Enrique Delgado
El Telegrama de Melilla, 25 de febrero de 2002

Encarna Cabello es una joven autora extremeña que vivió varios años en Melilla, ciudad a la que sigue vinculada en cierto modo. Es una escritora dotada de una fina sensibilidad para relatar la vida cotidiana ya que, a su curiosidad infinita, hay que añadir una especial capacidad de observación, que la hace fijarse en esos mínimos y casi imperceptibles detalles que constituyen el fino hilo de la vida.
En Alizmur, su segunda novela, editada por la editorial catalana Meteora, Encarna Cabello narra la vida diaria de una joven pareja marroquí, Turía y Abdelkader. Alizmur, contracción de Alhucemas e lzmuren, es pues la historia de la vida en Marruecos de unos personajes tratados desde una perspectiva poco habitual, netamente interna, y expone ante los ojos del lector sus dificultades, sus deseos sexuales, los problemas cotidianos, el cómo conseguir dinero para ese día, la difícil relación de la mujer con el marido... Donde, desde una perspectiva externa, presuponemos una vida asfixiante y monocorde, Encarna nos presenta un insólito tapiz lleno de matices y de colores.
En esta capacidad de hacemos sentir testigos internos de la historia se reflejan las experiencias y las vivencias adquiridas en sus muchos viajes a Marruecos, muchos de ellos desde la Melilla en la que vivió unos años.
Un precedente de este tipo de visión interior de una casa marroquí podría ser la novela-ensayo de Ursula Kingsmill Tras la puerta del patio que fue editada por el Servicio de Publicaciones de la Ciudad de Melilla y traducido por Encarna Cabello. También ha realizado la traducción de la obra La guerra del Rif de C. R Pennel, de reciente publicación e igualmente editada por la ciudad de Melilla.
Pero Alizmur tiene además el valor añadido de eso que es tan difícil de lograr: suspense y tensión.
Así, lejos del frío ensayo científico, del casi siempre distante relato de viajes, Alizmur nos sumerge en la realidad de un matrimonio marroquí y su gran problema: la ausencia de hijos, clave central de esta novela. Aparecen todos los elementos de presión social sobre la pareja, incluida la siniestra figura de la suegra que vigila de modo implacable a su nuera infértil. La madre de varón contra la mujer sin descendencia, es decir, sin poder, tal y como analizara Camille Lacoste-Dujardin en Las madres contra las mujeres. La historia a la que da lugar es singular y de final imprevisible. Sin embargo resulta totalmente creíble en una sociedad machista, dominada por la doble moral más que por la religión, o en la que quizá la doble moral sea consecuencia del aplastamiento provocado por la religión en la vida de la gente.
Alizmur utiliza un interesante recurso literario protagonizado por dos mujeres, Turía y Betania, la observadora externa, la que va haciendo posible que conozcamos este relato y lo que está ocurriendo dentro de la casa. Se trata de una relación epistolar muy sutil entre ambas. Betania se va introduciendo en el relato de Turía de modo suave, pero en una alternancia que se va haciendo cada vez más frecuente y que va complementando de modo perfecto el relato, hasta que ambas historias se integran en una sola, de forma que una hace posible la otra. Es la manera de llevar la teoría de Schrödinger a la novela: "si no hay observador no existe el fenómeno, de manera que sólo la presencia del observador da existencia a lo observado, y la relación es tal que el observador modifica el comportamiento de lo observado".
Su primera novela, La Cazadora, seleccionada en el IX premio Herralde de Novela, fue publicada por el Servicio de Publicaciones de Melilla e incluida en la serie "Textos Mediterráneos". Con el relato El cenicero ganó el premio de Narrativa Corta Ciudad de Melilla, con ocasión del V Centenario, celebrado en 1997 y patrocinado por la Universidad de Granada, Campus de Melilla. Alizmur, ha sido publicada en catalán y castellano por la editorial catalana Meteora.






Hemos leído
Marion
OFRIM (Oficina Regional para la Inmigración), 01 de octubre de 2003

Alizmur nos muestra una faceta nueva de Encarna Cabello, al menos para nosotros: la de narradora. La novela transcurre en una pequeña localidad magrebí a orillas del mar Mediterráneo. Una misma casa donde dos parejas viven su amor aunque sea en tiempos distantes. Casa que, tras una breve estancia de una mujer española y su amor marroquí, es ahora ocupada por otra pareja de enamorados, esta vez un joven matrimonio marroquí. El hermano del marido es el tercero en discordia y será quizá, junto al recuerdo de la casa, lo que una a las dos mujeres...
"Tras esta vivida evocación, que le permitía estar allí sin estar, tuvo el presentimiento de que nunca más su frágil figura estaría en pie frente a aquella casa grandiosa, ni que volvería a pisar el acicalado saloncito, ni volvería a andar sobre la azotea, y entonces tuvo ganas de conocer a Nabil, le entraron unas ganas violentas de conocerle si llegaba a venir; acaso esa era la suerte que le habían buscado quienes prepararon su destierro, se dijo con regusto irónico."
La autora, que es gran conocedora del mundo árabe y, en especial, de Marruecos, nos acerca al pequeño pueblo con un amor y una sensualidad que expresa en un lenguaje exquisito. Para ello utiliza un castellano repleto de herencia andalusí. Este libro es un compañero ideal para unas merecidas vacaciones.




Lectura recomendada: Alizmur
Juan Ignacio Castien Maestro
Encuentros, Tetuán, 15 de septiembre de 2005

La literatura escrita por autores occidentales y ambientada en países arabo-musulmanes adolece a menudo de una acusada inclinación hacia el exotismo fácil, de un afán por recrear para sus lectores, también occidentales, ese mundo lo más alejado posible del suyo propio que ellos quieren oír y ver. Ciertamente, esta perspectiva exotizante no se halla desprovista de interés. La construcción de una alteridad más o menos acentuada, y enfrentada por ello a nuestra propia identidad, constituye un eficaz instrumento para proyectar de manera invertida las diferentes virtudes y vicios que el autor, y los lectores, atribuyen a su propia sociedad. Ya se trate de una sociedad diferente, convenientemente exotizada, o incluso de un mundo totalmente imaginario, las virtualidades de esta alteridad recreada a medida del mundo del que se quiere hablar en negativo han demostrado reiteradamente a lo largo de la historia su capacidad para trazar un retrato favorable o desfavorable de este último mundo, en el cual sus distintos rasgos aparecen ahora recortados con especial nitidez. Sin embargo, esta exotización, esta acentuación de la alteridad del otro, implica también el peligro de distorsionar y empobrecer el mundo sobre el que se está hablando. Convertido en un pretexto que se toman otros para hablar sobre sí mismos, su propia realidad particular pasa a un segundo plano. Es como si se le mutilase, tomando de él sólo aquello que interesa como fuente de comparación y desechando el resto como un residuo incómodo. Y así, resaltando lo diferente, se comienza por ignorar todo lo que ese mundo tiene en común con nosotros mismos, todo aquello que no resulta en sí especialmente extraño. Frente al potencial universalista de la literatura, se opera una escisión entre el público, occidental, y la cultura descrita, reducida ésta, en el peor de los casos, a un conjunto de estereotipos manidos.

'Alizmur' posee el mérito de escapar de esta camisa de fuerza exotizante. Es una historia de amor y de celos, ambientada en una ciudad costera del Rif, oculta bajo un nombre imaginario que da su título a la novela, y que el lector conocedor del lugar no tardará en reconocer. Desde el primer momento, nos introduce en un mundo de personajes de carne y hueso, agitados por las mismas pasiones y los mismos sentimientos que, a veces, hacen presa en cualquiera de nosotros. Turía, casada con Aldelkader desde hace años, ama y desea ardientemente a su marido, si bien este deseo parece incapaz de engendrar los hijos que tanto ansían. Un día se instala a vivir con ellos, Nabil, hermano menor de Abdelkader, que está buscando la forma de poder emigrar a España. Turía se siente locamente atraída por el recién llegado, con el que no tarda en iniciar una relación pasional. Abdelkader pronto descubre lo que ocurre, pero en vez de reaccionar con violencia como marido engañado, urde un plan maquiavélico. Sospechando que la ausencia de hijos en su matrimonio puede deberse a su esterilidad, decide esperar a que Turía quede embarazada, para después acelerar la emigración de Nabil a España, apropiándose como suyo del hijo de la relación, y esperando no volver a ver a su desleal hermano en mucho tiempo, quizá ya nunca más. Así, él, el derrotado y el engañado, se convierte gracias a su astucia y a su dominio de sí mismo, en el gran beneficiado de la situación, consiguiendo al fin el hijo que tanto ansiaba y recuperando a la esposa a la que ama.

Nada hay en estos personajes y en su historia que les distinga de manera radical de nosotros. Ciertamente, sus vicisitudes personales son propias de un determinado tiempo y lugar, pero sentimos que sus reacciones ante la tesitura en la que se encuentran inmersos no difieren mucho de las que experimentaríamos nosotros en su mismo caso. La distancia que el exotismo introduce, se desvanece, permitiendo una perfecta identificación con los personajes. Así, se respeta a un mismo tiempo lo particular de cada cultura y lo que aquélla guarda en común con todas las demás y que la vuelve universalmente accesible. Sin duda, en estos tiempos en los que muchos pretenden erigir un muro insalvable entre el mundo islámico y el mundo occidental, los esfuerzos de este tipo por recrear una existencia cotidiana con la que el lector occidental puede llegar a identificarse resultan muy dignos de consideración.

La verosimilitud de la historia descrita por la novela, imprescindible para conseguir esa comunicación entre mundos aparentemente distantes, resulta posible gracias a una hábil reconstrucción de la cotidianidad de los personajes, de su vida de todos los días, y de los sentimientos y pensamientos que entretejen con ella, aunque esta vida cotidiana se vea agitada en un momento determinado por una turbulencia de pasiones, que la hagan salirse de sus derroteros habituales. De nuevo, esta cotidianidad magrebí resulta fácilmente accesible para el lector español, a poco que haga un esfuerzo de imaginación. No hay fronteras infranqueables entre su mundo cotidiano y el de los personajes. Es quizá esta reconstrucción de la cotidianidad marroquí y rifeña el aspecto mejor conseguido de la novela. Para ello, la autora recurre a su profundo conocimiento de esta sociedad, en contacto con la cual ha transcurrido una gran parte de su vida. A esta familiaridad se añade una evidente simpatía, que se trasluce a lo largo de toda la obra y de la que se logra hacer partícipe al lector, a través de unos personajes atractivos y de un lenguaje cálido y agradable.

Es un lenguaje sencillo, capaz de reproducir la inmediatez y la sencillez de las vivencias habituales de la gente, y alejado de cualquier barroquismo, de cualquier lirismo desaforado, y de cualquier intento de seducción fácil. Es también un lenguaje cargado de dinamismo. En él las frases se encabalgan entre sí con soltura, permitiendo al lector deslizarse por el texto sin dificultad, y sumergiéndole de lleno en él desde el primer momento. Esta capacidad para envolver al lector se ve reforzada por la propia trama de la novela, que a veces se asemeja a la de un relato policiaco, en donde el suspense se mantiene hasta el desenlace final. Como en los buenos relatos de este género, la autora hace gala de una notable habilidad para ir dosificando la información e incitar, así, al lector a ir ideando por su cuenta distintos posibles desenlaces, que se van viendo desmentidos conforme se le van dando a conocer nuevos hechos.

Sin duda, esta trama tan elaborada constituye la principal innovación de la autora en comparación con sus trabajos anteriores. 'La cazadora' (1995, La Biblioteca de Melilla), anterior novela de la autora, recogía algunas de sus experiencias personales con el mundo magrebí, en las que la atracción que sentía hacia los hombres de este mundo chocaba con la incomprensión del entorno, las dificultades de convivencia entre personas de diferentes culturas y los problemas derivados de la situación de marginalidad social en la que se encontraban atrapados algunos de estos hombres. El resultado era un relato atractivo y estimulante, pero al mismo tiempo muy fragmentario. Se diría que en él la autora se encontraba todavía demasiado dominada por sus propias vivencias personales, a las que trataba de dar salida a través de la escritura. Alizmur es diferente. Aquí la escritora se ha distanciado de la inmediatez de su experiencia personal y se ha servido de ella como de una materia prima, a partir de la cual ha elaborado una obra que la trasciende plenamente. De nuevo, ella misma y sus vivencias se entretejen con la novela, a través de un trasunto de sí misma, una escritora de Madrid que había vivido en la misma casa que el matrimonio protagonista y que desempeñará un papel clave en la emigración de Nabil a España. Pero ahora este doble suyo junto con su mundo interior ocupan un lugar perfectamente definido, y subordinado, dentro de la narración, al tiempo que la enriquecen, al permitir enmarcar la acción de los protagonistas principales dentro de una perspectiva más amplia.

Y así, a través de un argumento que se va volviendo progresivamente más emocionante, de una serie de análisis muy breves, pero muy certeros, de la subjetividad de los personajes y de una presentación rica y atractiva de su vida de todos los días, el lector se va sumergiendo dentro de un mundo nuevo, al que va aprendiendo a conocer y a querer.

Ningun lugar


Día a Día. En la piel de Europa
A. Beltran
El Pais, 04 de mayo de 2001

A Emilio Garrido (Valencia, 1956) le gustan las palabras. Emilio Garrido sabe usarlas. Lo demuestra cotidianamente como columnista de opinión y en su ejercicio de periodista con una trayectoria polivalente a las espaldas salpicada de muchas horas de radio, algunos años de trabajo en diarios y un par de guiones para televisión. También es un amante de la literatura. Todo lo cual, por supuesto, no garantiza que sea un escritor. Ni lo garantiza ni lo impide. Sin embargo, acaba de sacar un libro que desequilibra la balanza en sentido positivo. Ningún lugar, que es el titulo de la obra publicada por la editorial Meteora en versión en castellano y en catalán, es el producto de alguien que está dotado para la narración, para captar ambientes y evocar estados de ánimo, para construir climas de ficción e, incluso, montar suspensos y misterios. A partir de la anécdota de un traductor de la Comisión Europea que desaparece tras dar. señales de vida supuestamente desde una extraña ciudad llamada Cerkowice, lo que conduce a su psiquiatra a un singular viaje por Europa o, mejor dicho, por las ansias, los sueños, los proyectos y los fracasos de un mundo con historia, Garrido recrea en esta obra, que hoy se presenta en la Feria del Libro de Valencia, un laberinto melancólico sobre la piel de una Europa improbable.






Primera novela de Emilio Garrido. "He escrito una obra de suspense sin sustos"
D.P.
Levante, 06 de abril de 2001

El periodista Emilio Garrido busca en su primera novela en los miedos y esperanzas hacia una Europa llena de incógnitas. Los trenes y el misterio ambientan esta obra que el autor sitúa en el terreno del suspense.

La historia de la primera novela de Emilio Garrido empezó a gestarse a finales de los 70, en un viaje en tren por el sur de Francia. De aquellas notas, tomadas en un estado de fiebre y delirio, nació a mediados de los noventa la primera versión de Ningún lugar, una obra marcada por un recuerdo infantil, un cilindro de metal que le regaló una compañera de pupitre, y una imagen cinematográfica, la de un hombre de solapas subidas que observa el paisaje desde la ventanilla del tren.

Emilio Garrido ha escrito "una novela de suspense en sentido clásico, una narración sin sustos pero sorpresa permanente". En ella aborda la desaparición de un traductor español en Bruselas, que se esfuma a la salida de la consulta del psiquiatra y que no vuelve a dar señales de vida hasta unos días después, cuando escribe a su médico. una carta desde una ciudad que no aparece en los mapas pero responde a las coordenadas de Centroeuropa.

El tren como símbolo de la huida y un lugar que es ningún lugar contribuyen a rodear de un halo de misterio la trama, una metáfora que alude a los temores y esperanzas con que se mira hacia Europa, unas impresiones que, según el autor, «remiten a la carga genética que hemos heredado de la segunda guerra mundial y el holocausto, que magnetizó nuestro subconsciente colectivo». La presencia de un psiquiatra tampoco es casual. "La Europa que estamos construyendo es de locos, defiende el libre mercado, pero niega la entrada a las personas", sostiene.

El autor ha dado el salto a la narrativa después de probar todas las versiones del periodismo. "La curiosidad me ha impulsado a ver sí era capaz de adentrarme en el bosque de la novela", apunta el periodista de RNE en Valencia y colaborador de Levante-EMV.

La novela que acaba de sacar a la luz Meteora, una nueva editorial que publica cada obra en castellano y valenciano, tenía el triple de páginas que ahora. En el recorte desapareció la trama política, que los acelerados cambios en la Europa del este dejaron anticuada. Apunta Garrido que en esta voluntad de eliminar la parte que ralentizaba el tiempo también ha influido la deformación profesional. "La obsesión por la concisión, heredada del periodismo, obliga a eliminar las zonas valle y a buscar la intensidad literaria", indica.
Devoto de Hesse, Borges, Verne, Proust, Kafka o Cortázar, Emilio Garrido asegura que su debut literario no peca de biográfico. Estos primeros pasos en el laberinto de la creación no han sido un salto al vacío. El autor anuncia que aún tiene dos obras en cartera.


Villa Marini


Villa Marini

Leer, 01 de mayo de 2001

Con dos voces, una tercera omnisciente, poética a ráfagas, y una primera familiar, de apoyo a la narración, nos cuenta Gloria Montero la historia de Villa Marini y quienes viven en torno a ella. Montero, española con residencia hasta hace nada en Australia, no es escritora conocida en estas latitudes. Mujer de teatro --tanto a la máquina de escribir como sobre las tablas--, ha escrito hasta la fecha toda su obra en inglés, incluida ésta, segunda que Meteora ofrece al público de la tierra natal de la autora. Villa Marini da cuenta de la vida de Marini Grau, hija de catalán, en una Australia de emigrantes y huelgas, plantaciones y ambiciones, sagas familiares y sueños rotos. A lo largo de este libro asistimos a la formación de una mujer fuerte y a su posterior caída, en paralelo al proceso de grandeza y decadencia de la Villa, una especie de masía catalana trasladada al otro lado del mundo. Historia grande, tal vez demasiado, la novela posee una trama bien urdida, aunque quizás sufra también víctima de los mismos males que su protagonista, una ambición que a veces cae con soluciones excesivamente fáciles.




Adaptan al cine la novela de Gloria Montero "Villa Marini"
Matías Néspolo
El Mundo, 17 de marzo de 2004

Nadie es profeta es su tierra, y menos aún cuando el lugar propio es fruto de una elección personal. Tal es el caso de Gloria Montero, una escritora nacionalizada española que goza de cierto prestigio y reconocimiento en el extranjero pero es casi desconocida aquí. Una productora neozelandesa acaba de comprar los derechos de autor para la versión cinematográfica de su última novela, Villa Marini, editada en catalán y castellano por Meteora. Y la adaptación a la pantalla grande quizá sea el espaldarazo local que la escritora echa en falta.
Nacida en la Australia tropical, hija de emigrados asturianos, Gloria Montero vivió muchos años en Canadá. Reside en España desde 1978, pero ha escrito toda su obra en inglés. Autora de más de media docena de libros de narrativa, Montero alcanzó cierta popularidad internacional con su única incursión, hasta hace poco, en la dramaturgia: Frida K, una obra de teatro sobre la vida de la mujer de Diego Rivera, que Montero escribió para su hija, la actriz Allegra Fulton, y que fue aclamada en Londres, Ottawa, Nueva York y México.
En España, Montero ha publicado dos obras. La novela antes citada y el libro de relatos Todas estas guerras (Meteora). «Es curioso, pero toda mi vida se define como una persona de aquí», reflexiona la autora. La Guerra Civil española y la inmigración son los dos grandes temas que atraviesan, en mayor o menor medida, toda su narrativa.
El reconocimiento en España empieza a llegar. Montero ganó el VllI Premio NH de Relatos, fallado el mes pasado, en la primera edición del certamen que incluía la modalidad en lengua inglesa. «Como escritora jamás me he sentido extranjera en ningún sitio donde he vivido. Sí, out-sider», confiesa Montero. Sin embargo, el poco eco que su obra tiene en España y el hecho de escribir en inglés, la han llevado a plantearse la cuestión de la identidad.
Por lo pronto, su obra se remite a la exótica literatura australiana. «Mi mundo literario es la Australia tropical de arrecifes de coral y grandes plantaciones de caña de azúcar. Un sitio tan exótico como cualquier Macondo», afirma la autora.
Villa Marini narra la historia de la hija de Mariano Grau, un rico hacendado catalán dueño de un latifundio de caña de azúcar en Cuba. Con la Guerra de Independencia de la isla en 1898, lo pierde todo, incluida su mujer. El catalán emigra al norte de Australia con su pequeña hija, Marini, y allí recomienza de cero. Tras su muerte, la heredera se aboca a la férrea tarea de la reconstrucción del imperio familiar y funda la Villa, una masía catalana trasplantada en tierras exóticas.
Así planteada la novela, ya se adivinan los atractivos que la productora neozelandesa Kiwa Film and TV Production encontró en esta historia para una adaptación a la pantalla grande. «No es una casualidad que todas las críticas y reseñas que se hicieron en el extranjero de la novela hablaran de la dimensión cinematográfica de la trama», corrobora Montero.

El último viaje de Ago Ymeri


El último viaje de Ago Ymeri

Leer, 01 de mayo de 2001

Un hombre andrajoso y desconocido aparece en un pueblo de deportados de la Albania profunda, En su rostro la Policía identifica los rasgos de Viktor Dragoti, poeta y músico fugitivo acribillado a tiros nueve años atrás. El regreso, quizás de entre los muertos, de este personaje esquivo, pone en acción por un lado a funcionarios, políticos y ministros y, por otro, a quienes contaron en su vida. Entre ellos, su personal Penélope, la probable causa de vuelta. Esta es la historia que cuenta el albanés Bashkim Shehu, escritor afincado en España desde hace cuatro años. Contado en un estilo corrido y rebosante, El último viaje no es novela de género —dictador—, aunque transcurra en la Albania candada de la dictadura. Libro de pasiones humanas, medras y recuerdos míticos, tiene el valor de transmitir con fidelidad el miedo, el arma de los poderosos o, simplemente, los menos parias frente al resto del pueblo. Como pega, la identificación —quizás así fuera en la tirana Tirana— mujer-sexo, hombre-busca sexo que rebaja el indudable interés de la obra.





L’escriptor albanès Bashkim Shehu presenta a Malgrat el seu primer llibre traduït al català
T. Márquez
El Punt, 20 de abril de 2001

L’escriptor albanès Bashkim Shehu (Tirana, 1955) presenta avui a la llibreria "La Pilona" de Malgrat de Mar el seu últim llibre, L’últim viatge d’Ago Ymeri. Es tracta de la primera obra d’aquest autor, establert a Barcelona des del 1997, que es tradueix al català. Una feina que ha realitzat Jesús Hernández Carrascosa. L’últim viatge d’Ago Ymeri escenifica un viatge iniciàtic vers l’amor perdut, en l’ambient opressiu d’una implacable dictadura que senyoreja tant cossos com ànimes. És, també, l’eterna lluita de la llibertat contra la tirania, combat en què s’involucren els mites més ancestrals dels Balcans i de la Mediterrània.
Bashkim Shehu és un dels narradors albanesos més destacables del tombant de segle per l’originalitat de la seva argumentació i per la reposada maduresa de la seva prosa. L’any 1981 va ser empresonat pel règim totalitari albanès. Durant una dècada, ell i la seva família van ser víctimes de l’horror dictatorial i van ser empresonats. La mare va morir durant el captiveri i un dels germans es va veure impel·lit al suïcidi. Alliberat l’any 1991, es dedica plenament a la literatura amb obres com El círculo, El banquete i Confesión junto a una tumba vacía.
Actualment Bashkim Shehu és representant a Barcelona del Parlament Internacional d’Escriptors, exerceix de traductor i col·labora en el Centre de Cultura Contemporània.



Manifiesta magia


An obvious enchantment
Kevin Patrick Mahoney
AuthorTrek, 23 de enero de 2004

This novel starts off in Egypt. Ingrid Holtz is on the trail of the Pharaoh Hatshepsut, one of the most intriguing kings in Egyptian history, mainly because she was in fact a woman. Ingrid seems to be prone to impulse and boredom - she had originally begun her research on Akhenaten, the Pharaoh who abolished all the Egyptian gods and introduced monotheism and worship of the sun, paving the way for Egypt’s acceptance of Christianity. Her mentor, Professor Nick Templeton, is working on similar lines, but has disappeared whilst researching on the Swahili coast. Rather improbably, Ingrid persuades her faculty to let her go to Pelat Island too. As the board notices, Ingrid’s quest seems to be for Templeton himself, rather than research into monotheism. Templeton believes that Islam was brought to the Swahili coast by an African King, three centuries before Persian traders supposedly did so. Ingrid is interested in drawing links between this African King and Akhenaten.
However, Templeton has a tendency to lose himself in his work, and no one can be sure of the validity of his claims for such an African King. His research methods, although often brilliant, are quite unconventional. Ingrid arrives on Pelat, but there is no sign of Templeton. Neither is Finn Bergmann visible, with whom she has already had a brief fumble. Finn is the son of the founder of the Salama Hotel, the main point of Western civilization on the island. It’s not long before Ingrid finds that the island has been divided into two communities by the arrival of the hotel. There’s the community that supports and works in the hotel, and the community that abhors it. Like many of the inhabitants, Finn spends his time emptying a perpetual glass. This is one place where Islam and alcohol mix uneasily. There are also other, less Western drugs, that are consumed upon the island - Miraa is a kind of amphetamine. There are hints that Ingrid may be in love with Templeton to some degree. She certainly finds out where he has been staying soon enough, but discovers only his papers. Her search is also hindered by the fact that Finn seems indifferent to her now. There’s also Danny, but he’s even more drunk than Finn. Ingrid stays in Abdul’s house, where she is intrigued by glimpses of Abdul’s new wife. She’s permanently attended to by Ali, whether she likes it or not.
On the far side of the island, Stanley Wicks is also building a hotel. Stanley has a troubled relationship with his wife, and suspects her of sleeping with her personal trainer, who’s called Adolpho. None of the English characters in the book are particularly savory. Stanley is likeable enough, but he seems to have been drawn from quite a stereotypical American view of the English - one of the stumbling blocks to his marriage, we are told, is that he and his wife come from different classes. By the end of the book, you cannot help but feel more than a little sorry for Stanley, even although a misdeed of his forms the catalyst of the book. Less sympathetic is Templeton, who’s only seen briefly throughout. Ingrid seems to represent a bumbling, naive America, fresh and new when compared to a decayed and crumbling Europe. The Anglo-Africans seem to have lost their sense of identity, unsure of whether they are European or African. Although colonialism also runs through Ingrid’s blood, she puts on a much brasher front, because she’s part of the majority in the US.
Ingrid treads carefully, which is just as well, because she is always limping for one reason or another. She picks up clues here and there, both concerning Templeton’s African King, and Templeton himself. Finn observes that like many academics, she seems to pull facts from the air. At the beginning of the novel, Louis asserts that the famous Egyptian pyramids were built in the pattern of the Belt of Orion. Yet one feels uneasy about this, because such ideas are still in the realm of Graham Hancock’s pseudo-science, and have not been accepted by serious academics, to my knowledge. But then Templeton questions the very foundation of truth and facts in the book, since his truth seems more dependent on faith. Extracts from the Koran abound in the book, and another mystery emerges: why is there such a schism between the faiths when many of them share the same tales? This is an intriguing book, often difficult to get to grips with, and far more rewarding on the second or third reading. It’s not perfect - perhaps some more of the book could have been excised, and it does lead to quite an unusual conclusion. Perhaps Tucker Malarkey’s writing is a bit too subtle at times, and a tad over-ambitious. I couldn’t help thinking of Patricia Highsmith’s ‘The Tremor of Forgery’ as a comparison, and Highsmith’s is the more compelling book and much more satisfying. The delights of An Obvious Enchantment are much harder to dig for, despite the title - but please do it read it again.
Authortrek rating: 7/10
Kevin Patrick Mahoney

“How cleverly Tucker Malarkey refashions the quest novel, and what a world of mirrors and mysteries she creates. I would happily have followed her heroine anywhere. An Obvious Enchantment is as seductive as its title promises.”
MARGOT LIVESEY

“An exciting, intelligently imagined story, well written and well paced, with a very skillful use of place and atmosphere.”
PETER MATTHIESSEN

“As the mystery unfolds, Malarkey raises intriguing questions about the actions that passions drive us to -- with profound or searing consequences.”
KIRKUS REVIEWS

“A mystery whose clues are found in the pages of the Koran, a love story, and a quest that is nearly Ingrid’s undoing. It’s a stunning accomplishment for a first time novelist.”
THE SEATTLE TIMES

“As the island air thickens, Ingrid’s academic universe collides with the reality of ancient feuds and modern compromises, making this novel, with its shades of Bowles, Maugham and Jacqueline Susann, an edifying -- and, yes, enchanting -- tale.”
LOS ANGELES TIMES

“Ingrid is smart, driven and attractive, an amateur sleuth on the trail of her own obsessions. She’s daring and determined, and a little na\a239ve. She reminds me of all the reasons I once loved the fearless and compulsive world of Nancy Drew.”
PORTLAND MERCURY

“An exotic tale of escape and adventure with a sexy, feminist twist\a133. it’s an addictive book.”
THE HARTFORD COURANT

“Other women dream of fleeing the country for a tropical island; anthropologist Ingrid Holtz does it -- with a grant to follow her revered professor, Nick Templeton, to an island off the Kenyan coast.... You’ll be rivited by this romantic adventure novel.”
GLAMOUR

“A gripping novel pulls you in, keeps you turning the pages long after you should have turned out the light. Such a book leaves you feeling satisfied, yet wanting more.... Tucker Malarkey is a writer to watch. She writes beautifully... and has a way with words.”
THE FREE LANCE-STAR

“Every once in a while, an author forces me to slow down and pay closer attention... That is what I call reading. It happened again this week, when I began Tucker Malarkey’s debut novel, An Obvious Enchantment... It put me in mind of a David Mamet play, wearing its intellect on its sleeve... readers will be caught up in the book’s overriding thematic concern: desire -- its many manifestations, the pursuit of the same and its consequences.”
TACOMA NEWS TRIBUNE

“The real pull of this tale is in the prose. Malarkey conjures a fine, ominous sentence... she deepens and enriches her tale with interesting characters, wonderfully odd stories, and a sense of impending mystery.”
THE PROVIDENCE JOURNAL

“Malarkey creates a captivating character who commands the reader’s attention... a solitary, vulnerable and complicated figure. It is hard not to get caught up in the hypnotic swirl of the mystery.”
CHICAGO NEW CITY

“Religious mysticism, cultural anthropology and contemporary women’s issues charge Malarkey’s affecting first novel, an uncommon romance charting the restless intellect of an obsessive academic. Ingrid is a complex and seductive character... her preoccupation with truth invests this multifaceted, ambitious debut with a contemporary relevance.”
PUBLISHERS WEEKLY (STARRED REVIEW)